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Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones
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Cuenca baja del río Sogamoso, hábitat de 91 especies de peces

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 22 de septiembre de 2021

Cuenca baja del río Sogamoso, hábitat de 91 especies de peces




Como ecosistema acuático, el bajo río Sogamoso presenta gran importancia por los servicios ecosistémicos que proporciona, tales como la provisión o cosecha de animales silvestres y peces como alimento para los pobladores y fuente de económica a nivel local. Foto: Felipe Villegas


  • •  Las especies identificadas representan el 40% de la diversidad de peces del río Magdalena, el más grande de Colombia.
  • •  Del total, 87 serían nativas y 4 corresponderían a especies introducidas.
  • •  Estos hallazgos son presentados en el libro “Peces del bajo río Sogamoso, cuenca del Magdalena, Colombia: diversidad, uso y conservación”, una publicación dirigida a los pescadores locales, entidades de la región y el sector académico como un apoyo científico para la toma de decisiones.
  • •  Con este lanzamiento se conmemoran los diez años de existencia de la Serie Editorial Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia.


El Instituto Humboldt y Ecopetrol realizaron durante el 2020 una de las investigaciones más grandes de las que se tenga información hasta el momento para conocer la diversidad de peces en el río Sogamoso, que es uno de los principales afluentes del río Magdalena.

El estudio se llevó a cabo desde la represa de Hidrosogamoso hasta la desembocadura en el río Magdalena y permitió identificar 91 especies, de las cuales 87 son autóctonas y 4 fueron introducidas por el hombre.

Además, se logró catalogar dos especies en peligro: el pataló (Ichthyoelephas longirostris) y el blanquillo (Sorubim cuspicaudus), así como una en peligro crítico, que es el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum). La nueva especie identificada se trata de un pequeño bagrecito de la familia Heptapteridae conocido como “Barriga de mujer”.

En cuanto a los hallazgos obtenidos a nivel de macrohábitats como caños y quebradas, se identificaron 51 y 49 especies, respectivamente, mientras que en el río principal se hallaron 38 especies.

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Aunque la cuenca del Magdalena ha sido bastante estudiada en comparación con el resto del país, el río Sogamoso era hasta el presente muy poco conocido. Dada su importancia para la pesca local y al ser una región con un nivel alto de transformación por intervención del ser humano, el estudio de su diversidad era una necesidad fundamental para buscar las mejores alternativas de conservación y desarrollo sostenible.

“Con esta investigación fue posible detectar la presencia de especies amenazadas y conocer una gran cantidad de datos sobre los macrohábitats y microhábitats, así como recopilar información de línea base que sirve para la evaluación y monitoreo del recurso pesquero que para la región es muy importante”, indicó el investigador Senior del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, Carlos A. Lasso.

Por su parte, Andrés Mantilla, director del Centro de Innovación y Tecnología de Ecopetrol señaló que “en desarrollo del estudio se pudo comprobar la presencia de las especies hasta ahora conocidas y reportadas para la zona, así como la identificación de al menos una posible especie nueva, lo cual enorgullece, resalta y motiva la realización de estos estudios para un mayor conocimiento de nuestra biodiversidad”.

Conocimiento que aporta a la conservación Los resultados de esta investigación se presentan en la más reciente publicación de la serie editorial Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia: “Peces del bajo río Sogamoso, cuenca del Magdalena, Colombia: diversidad, uso y conservación”, realizada por el Instituto Humboldt y Ecopetrol como parte de un proyecto conjunto de investigación y conservación.

Hernando García, director general del Instituto Humboldt, aseguró que “no tenemos duda de que esta publicación será un precedente importante a seguir en futuros estudios sobre la biodiversidad acuática y las pesquerías de la cuenca del Magdalena y otras áreas en Colombia”.

La publicación, que está dirigida a los pescadores locales, entidades de la región y el sector académico como un apoyo científico para la toma de decisiones, podrá ser descargada de forma gratuita desde los sitios web del Instituto Humboldt y Ecopetrol.

Además contará con un primer tiraje de 1.000 ejemplares que serán distribuidos a entes territoriales, centros académicos y comunidades del área de influencia del proyecto. Su presentación se realizará el próximo miércoles 22 de septiembre a las 9:00 a.m. a través de los canales de Facebook del Instituto Humboldt y Ecopetrol.

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Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 05 de mayo de 2021

Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá




Más de 300 especies de animales fueron registradas en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, en el departamento del Meta. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


  • •  Durante ocho días, investigadores del Instituto Humboldt y la Fundación Omacha, bajo la coordinación de Cormacarena y acompañados por la comunidad local e indígenas sikuani, estudiaron los ecosistemas de la altillanura y recorrieron 277 kilómetros del río Tillavá en el departamento del Meta.
  • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
  • •  Delfines rosados, nutrias gigantes, águilas harpía, peces, tortugas, serpientes, murciélagos y macroinvertebrados acuáticos, dejaron ver su belleza en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca.
  • •  Por tratarse de un sitio donde convergen ecosistemas de la Orinoquia y la Amazonia, la fauna silvestre de este lugar del Escudo Guayanés es bastante diversa.


  • Un clima atípico puso en aprietos la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, una zona con más de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán en el departamento del Meta, puntualmente en la vereda Rubiales.

    Los 14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena, encargados de recorrer los principales ecosistemas de la cuenca, se encontraron con un panorama gris, húmedo y lluvioso al inicio de la salida de campo, un viaje biodiverso que se extendería hasta finales del mes de abril.


    La cuenca del río Tillavá abarca cerca de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán (Meta). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los expedicionarios tenían la certeza de que había temporada seca en la zona, como es normal durante el mes de abril y dado el seguimiento que se hizo diariamente desde finales de marzo.

    Sin embargo, el 14 de ese mes, día en el que llegaron a la finca La Elisa de la vereda Rubiales para montar el campamento, los expertos vieron que la zona estaba gobernada por las lluvias y los ríos desbordados en las sabanas y bosques de galería.

    Las cámaras trampa captaron una gran variedad de mamíferos, entre ellos este puma (Puma concolor). Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    “Fuimos testigos de los coletazos del cambio climático. A pesar de que el mes de abril está catalogado como el más seco en este territorio de la Orinoquia, con apenas lluvias incipientes, estas se adelantaron debido a la alta precipitación en las cordilleras cuyos ríos drenan a la Orinoquia”, afirma Carlos A. Lasso, investigador senior del Instituto Humboldt y coordinador científico de la expedición.

    Según Lasso, las lluvias en las cordilleras causaron ascensos significativos en los niveles de los ríos Orinoco, Vichada y finalmente el Tillavá, “el cual, por un simple balance de flujos, aumentó considerablemente su nivel en la última semana previa a la expedición”.


    14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena lideraron la primera expedición por la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    La primera noche de la salida de campo tuvo un común denominador: las lluvias y el río desbordado, lo que obligó a mudar el campamento de sitio.

    Para Lasso, la angustia en las miradas de los investigadores era evidente, ya que con estas condiciones sería muy complicado estudiar las poblaciones de la fauna que habitan en este sitio donde convergen la Orinoquia y la Amazonia.


    Los investigadores registraron tres individuos de delfín rosado (Inia geoffrensis) en el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Con lluvia sería muy difícil instalar las cámaras trampa para monitorear los mamíferos y montar las redes para los murciélagos. Además, complicaría los recorridos en lancha por el río para observar nutrias, aves y delfines rosados”.

    El investigador del Instituto Humboldt precisó que el primer día estuvieron prácticamente encerrados en el campamento por el aguacero, “aunque esa noche empezamos a trabajar algunos grupos”.

    Una danta de la especie Tapirus terrestris fue registrada por las cámaras instaladas en varios sitios boscosos. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    Con el permiso de la naturaleza

    Contra todos los pronósticos, el segundo día de la expedición amaneció con un cielo azul libre de nubes, un permiso de la naturaleza para que los investigadores observaran los tesoros naturales que esconde la cuenca.

    “Este nuevo panorama nos acompañó durante la mayoría del tiempo de los ocho días de la expedición por el Tillavá, trabajo que hace parte de un convenio suscrito entre Cormacarena y el Instituto Humboldt, con el apoyo de la Fundación Omacha. Aunque no faltaron algunas lluvias tenues, eso no evitó que pudiéramos analizar la biodiversidad del territorio”, dijo Lasso.


    Más de 300 especies de animales fueron registradas por los expertos en la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Acompañados por 10 personas de las comunidades locales y de la etnia sikuani, los expertos del Humboldt y Omacha se adentraron en lo más profundo de la zona para estudiar el estado de las poblaciones de varios animales y el uso que les dan a los ecosistemas.

    “Aunque el delfín rosado (Inia geoffrensis) y la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) son las especies que fueron priorizadas para esta alianza por la biodiversidad del Tillavá, también es necesario analizar otros animales que habitan en la cuenca y los cuales tienen relación directa con ellos, es decir que puede ser su presa o base de la cadena trófica”, apuntó el investigador del Humboldt.


    Cerca de 85 especies de peces fueron detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Además de agudizar sus sentidos para encontrar a los delfines y nutrias en el río y sus ecosistemas aledaños, los expedicionarios estaban listos para estudiar otros representantes de la fauna silvestre.
    “El ideal era registrar otros animales como peces, crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, serpientes, tortugas, cocodrílidos, aves y mamíferos”.


    Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en la cuenca del Tivallá. En la foto un pez de la especie Apistogramma sp.. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    Resultados que asombran

    El recorrido total por el río Tillavá y algunos ecosistemas que lo rodean fue de aproximadamente 277 kilómetros, un viaje en donde los investigadores de la Fundación Omacha realizaron 47 recorridos para estudiar los delfines y las nutrias, cada uno con un promedio de 2,5 kilómetros.

    La información recopilada durante los ocho días de la primera expedición arrojó más de 300 especies de animales en la cuenca, datos que según Lasso son preliminares porque actualmente son analizados detalladamente y además vendrán más salidas de campo.


    Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt y coordinador científico de la expedición por el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Sin embargo, registrar esta cantidad de especies en un tiempo relativamente corto nos revela un aparente buen estado de los ecosistemas de la cuenca del Tillavá, un territorio de la altillanura del Escudo Guayanés totalmente desconocido donde convergen la Orinoquia y la Amazonia”.

    Para analizar las poblaciones de delfines, los investigadores también recorrieron parte del caño Rubiales y lograron muestrear hasta la confluencia entre el Tillavá, Planas y Vichada. Sin embargo, solo pudieron observar tres individuos.


    En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    “Este es un resultado interesante que requiere de mayor análisis. Al parecer hay una población aislada de esta especie en el lugar, algo que los estudios de la Fundación Omacha corroborarán próximamente”, precisa Lasso.

    La comunidad de la zona manifestó que ha avistado cerca de 30 delfines rosados en la zona, un dato que será corroborado en las futuras expediciones durante épocas más secas.


    Cinco especies de tortugas fueron registradas en la expedición por el río Tillavá. Es la primera vez que es avistada la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis) en esta zona (foto de la izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En cuanto a la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), los investigadores se encontraron con un hallazgo único en todo Sudamérica: una nutria depredando a una iguana, un cuadro que la ciencia nunca había registrado.

    “Esta es la primera vez que se registra esto en Colombia y en Sudamérica. Es un avistamiento inédito que nos permite mostrar que la nutria no solo se alimenta de peces, como muchos pescadores piensan y por eso la atacan”, afirma Lasso.

    En la expedición, los investigadores trataron de buscar evidencias sobre la presencia de las nutrias gigantes en las letrinas o lagunas, algo que no llegó a buen término por el desbordamiento del río causado por las lluvias.


    Los investigadores identificaron las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La naturaleza se impone

    En la cuenca del río Tillavá, los investigadores evidenciaron una alta presencia de peces: cerca de 85 especies detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento.

    “Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en esta zona. Los primeros muestreos de peces, crustáceos y otros macroinvertebrados acuáticos se hicieron en los morichales de altillanura”, precisó Lasso.


    El balance de anfibios y reptiles en la cuenca sumó 39 especies, una de ellas la Boa constrictor. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según el investigador, estos hallazgos le permiten considerar que en la cuenca pueden haber más de 150 especies de peces, “una hipótesis que abordaremos en las otras salidas de campo que haremos en la época de salida de aguas y/o época seca”.

    Los macroinvertebrados acuáticos no se quedaron atrás. En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos.


    Aproximadamente 120 especies de aves fueron avistadas en los ecosistemas acuáticos y terrestres de la cuenca. En la foto una arpía menor (Morphnus guianensis). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    En cuanto a tortugas, la expedición arrojó la presencia de cinco especies, una de las cuales no tenía registro para esta zona del país: la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis), uno de los reptiles más apetecidos por los traficantes de fauna silvestre.

    “Identificamos las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero (por registros históricos), además de anacondas y una serpiente acuática. El balance de anfibios (ranas) y reptiles en la cuenca sumó 39 especies”, anota el investigador del Humboldt.

    El pecarí de collar (Dicotyles tajacu), una de las especies de mamíferos captada por las cámaras trampa. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    En los ecosistemas terrestres y acuáticos del Tillavá fueron observadas aproximadamente 120 especies de aves como el águila harpía, una cifra que los investigadores estiman podría alcanzar las 200 en las futuras expediciones.

    “Volveremos a expedicionar la zona en una época más seca, un factor que seguramente nos permitirá registrar muchas más especies de animales en la cuenca”.


    17 especies de murciélagos fueron registradas en la expedición, como Phyllostomus elongatus (derecha) y Mesophylla macconnelli (izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    ¡Territorio de mamíferos!

    Por tratarse de un territorio con ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia, la cuenca del río Tillavá alberga una alta diversidad de mamíferos, tanto de gran porte como medianos y pequeños.

    A través de la instalación de cámaras trampa, trabajo liderado por la Fundación Omacha, y redes en los bosques, los expedicionarios identificaron 33 especies de mamíferos como roedores, marsupiales, pumas, armadillos y murciélagos.


    La cuenca del río Tillavá alberga ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El primer análisis de murciélagos en la cuenca arrojó como resultado 17 especies, hallazgos que fueron posibles por las colaboraciones de las comunidades locales e indígenas.

    “Rubén Darío Quiñones, un llanero de pura cepa amante de los mamíferos y quien escribe canciones y poesías dedicadas a la naturaleza, fue uno de los guías locales que más nos ayudó en el estudio de estos animales”, dijo Nicolás Reyes, curador de mamíferos del Humboldt, otro de los expertos que acompañó la expedición.


    El Instituto Humboldt, Cormacarena y la Fundación Omacha realizarán más expediciones por el río Tillavá. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según Reyes, este guía venció uno de los mayores miedos en la expedición. “Antes de empezar los recorridos nos contó que les tenía fobia a los murciélagos. Sin embargo, culminado el trabajo nos contó que les perdió miedo y ahora guarda una gran admiración por estos curiosos y hermosos seres”.

    Las cámaras trampa instaladas por la Fundación Omacha estarán durante dos meses más en la cuenca de Tillavá, por lo cual se espera que la cantidad de especies de mamíferos sea mucho mayor.


    Las comunidades locales fueron claves en la primera expedición por el río Tillavá. Rubén Darío Quiñones (centro), un llanero de pura cepa, apoyó el estudio de mamíferos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Esta es apenas una pequeña muestra de la riqueza que alberga la cuenca. Cuando la pandemia nos permita organizar las otras salidas de campo, contaremos con muchos más insumos para elaborar un estudio más detallado sobre los delfines, perros de agua y el listado de la biodiversidad presente, los usos del hábitat e incluso las amenazas”, puntualizó Lasso.

    El convenio entre el Instituto Humboldt y Cormacarena arrojará un estudio con el listado de la biodiversidad acuática y su relación con el delfín rosado y la nutria en la cuenca del río Tillavá, además del uso de hábitat, poblacional y de amenazas de estas dos especies.

    “El objetivo es elaborar un documento detallado con el estado del conocimiento sobre el delfín rosado y la nutria en la cuenca, un trabajo que contará con los aportes de las personas locales de la zona”.


    Con redes de niebla, los expertos estudiaron a los murciélagos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

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    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 30 de abril de 2021

    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados



    El Magdalena es el río más representativo de Colombia, un cuerpo hídrico que late y suena a cultura, música, literatura y biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    • •  Una nueva publicación del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM) revela que en la cuenca habitan 233 especies de peces de agua dulce, de las cuales 158 son endémicas de este territorio.
    • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
    • •  La cuenca del río más importante del país, una serpiente carmelita que inspira a escritores, compositores y poetas, tiene 43 especies de peces que fueron introducidas y afectan la biodiversidad.
  • •  Los investigadores proponen varias estrategias de conservación y manejo para que el recurso íctico del Magdalena no siga palideciendo.


  • Gabriel García Márquez tuvo en las aguas carmelitas del río Grande de la Magdalena, el sistema fluvial más representativo del norte de los Andes, una de sus mayores fuentes de inspiración. Lo recorrió varias veces en barco durante sus épocas de estudiante, cuando partía de Zipaquirá para regresar a Aracataca, su Macondo.

    En ‘El amor en los tiempos del cólera’, novela publicada en 1985 que narra el romance de Florentino Ariza y Fermina Daza, García Márquez plasmó a la perfección cómo la serpiente que atraviesa todo el centro del país y le entrega sus aguas al océano Atlántico, ha palidecido por la mano del hombre.

    Al final de la obra, cuando Fermina y Florentino concretan su idilio de amor en un viaje por el Magdalena a bordo de la Nueva Felicidad, el río ya había perdido la magia biodiversa que el protagonista misterioso y enamoradizo presenció en su primer recorrido por el cuerpo de agua, cuando partió de su pueblo para pasar su depresión amorosa.


    En El Banco, el río Magdalena se encuentra con el Cesar para formar un paisaje hídrico que inspiró a José Barros a componer La Piragua. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “Fermina no vería los animales de sus sueños: los cazadores de pieles habían exterminado los caimanes; los loros con sus algarabías y los micos se habían ido muriendo a medida que se les acababan las frondas; y los manatíes de grandes tetas que amamantaban a sus crías en los playones eran una especie extinguida”, escribió Gabo.

    En los últimos 50 años, los niveles de deforestación en la cuenca del Magdalena han superado el 70 por ciento. Entre tanto, la pérdida de sus áreas de humedales y ciénagas excede el 80 por ciento, impactos que han generado un incremento del 34 por ciento en las tasas de erosión desde la década pasada.

    “El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global, con una producción de 710 toneladas por kilómetro cuadrado al año; el cuerpo hídrico transporta cerca de 180 millones de toneladas de sedimentos anuales”, revela el libro ‘Peces de la cuenca del río Magdalena: diversidad, conservación y uso sostenible’ del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM).

    Según el documento, elaborado por 58 investigadores nacionales e internacionales, la agonía del Magdalena se debe a que el 77 por ciento de la población colombiana está asentada alrededor de la cuenca, un sitio que aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y genera 70 por ciento de la producción de energía hidráulica y 70 por ciento de las cosechas agrícolas nacionales.

    Los habitantes de la cuenca del río Magdalena, que alberga más de 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables, viven de la pesca. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “En los últimos 40 años, estos indicadores económicos han acelerado la degradación ambiental del territorio. Según el estudio global de cuencas fluviales del Instituto Mundial de los Recursos, la cobertura de bosques primarios no supera el 10 por ciento, mientras que la minería descarga 100 toneladas de mercurio cada año”, cita el libro.

    Los peces de agua dulce, presentes en los ríos, quebradas, lagos, lagunas, ciénagas, embalses y jagüeyes de la cuenca, palidecen por la acelerada intervención antrópica. “Esto fue lo que nos motivó a crear una publicación dedicada a analizar el pasado, presente y futuro de estos organismos del territorio anfibio más importante del país: el río Magdalena”, dijo Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

    La robusta publicación, que hace parte de la Serie de Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia del Instituto Humboldt (http://repository.humboldt.org.co/handle/20.500.11761/35752), aborda cómo los principales conflictos ambientales de la cuenca han impactado los peces, información que sirvió para proponer varias estrategias de conservación y manejo que requiere el recurso íctico.

    “Estamos seguros de que esta información científica les servirá a todos los sectores de la vida nacional, tanto ambiental, académico y educativo como a las diferentes instancias nacionales y regionales, para tomar medidas efectivas y así proteger al río Grande de la Magdalena, una red que recorre la historia del país, sus culturas, costumbres, idiosincrasia y riqueza de recursos naturales”, afirmó García.


    Las aves que revolotean por el imponente y carmelito río Magdalena dependen de la gran variedad de peces que allí habitan. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Tesoros únicos

    La geografía de la cuenca del Magdalena surgió hace más de 80 millones de años con el inicio del levantamiento de las tres cordilleras andinas. Es un territorio con un área de drenaje de 257.000 kilómetros cuadrados conformado por 151 subcuencas tributarias y 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables.

    En el mundo no hay otro río rodeado por condiciones climáticas y atmosféricas que provienen del Caribe, Orinoco, Amazonas y Pacífico, una serpiente de aguas carmelitas de 1.612 kilómetros que nace en la laguna Magdalena, en el macizo colombiano, y termina en Bocas de Ceniza, en el océano Atlántico.

    En el Magdalena habitan 233 especies de peces de siete órdenes y 33 familias, cifra que corresponde al 14,5 por ciento de la diversidad de peces agua dulce en Colombia. Es la tercera cuenca hidrográfica más rica en estos organismos, después del Amazonas y Orinoco.


    Las playas de amor de Chimichagua en el Cesar, son uno de los ecosistemas más representativos del Caribe colombiano y de la cuenca del río Magdalena. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    De este total, 158 especies son únicas de esta parte del país, es decir que el 68 por ciento de la riqueza en peces es endémica y no habita en ninguna otra parte del mundo. Según Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Humboldt y uno de los editores del libro, el Magdalena es uno de los sitios con mayor endemismo de ictiofauna en América del Sur y el primero en Colombia.

    “Es la única cuenca con tres cordones montañosos, la cual es bañada dos veces al año por el agua que arrastran los vientos de la zona de convergencia tropical. Es un sitio que provee de escenarios climáticos y paisajísticos diversos a los que los peces han respondido”.

    Entre las especies de peces endémicos están el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), bocachico (Prochilodus magdalenae), blanquillo (Sorubim cuspicaudus), barbul (Pimelodus yuma), rivulín del Magdalena (Rivulus magdalenae), pataló (Ichthyoelephas longirostris), Brycon rubricauda, Hemibrycon cardalensis, Chaetostoma thomsoni, Trichomycterus mogotensis, Trichomycterus banneaui, Astroblepus onzagaensis y Astroblepus grixalvii.

    “30 de estas especies nativas son migratorias. El bocachico, bagre rayado, blanquillo y barbul desarrollan desplazamientos desde las planicies o ciénagas hacia los canales fluviales. En las épocas de verano, cuando las aguas bajan de nivel, generan las conocidas subiendas de ejemplares”, dice la publicación.

    Los investigadores consideran que el alto número de peces únicos del Magdalena se debe al aislamiento y enclave entre las cordilleras andinas, fenómenos que causaron un proceso de especiación sin precedentes en Sudamérica. “La cuenca cuenta con los niveles más altos de endemismo en muchas especies de la región Neotropical”, apunta Lasso.


    233 especies de peces habitan en la cuenca del río Magdalena, de las cuales 158 son endémicas o únicas de este territorio. Una de ellas es el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Con 164 especies, la subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces. Le siguen el bajo-medio Cauca (118), Sogamoso (116), alto y bajo Magdalena (112 y 87 respectivamente), Cesar (76), alto Cauca (73) y San Jorge (64).

    “En el Magdalena medio está la mayor cantidad de peces endémicos, con 27 especies identificadas, seguida por la subcuenca de Sogamoso con 16 especies. Estas dos regiones concentran los mayores valores de riqueza relativa de especies únicas”, informa Lasso.

    Los ríos y quebradas son el mayor refugio para los peces, ecosistemas donde los investigadores han registrado 123 especies. Le siguen en importancia las ciénagas, embalses, jagüeyes, lagunas de montaña y finalmente algunas cavernas.

    “En las zonas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar, la inundación que se presenta dos veces al año conecta lateralmente los ecosistemas y facilita la dispersión y recolonización de los peces”, afirman los investigadores.

    La cuenca del río Magdalena está catalogada como uno de los ecosistemas con mayor cantidad de endemismos en el mundo. El bocachico (Prochilodus magdalenae) es una de sus joyas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los peces del río Grande de la Magdalena utilizan varios recursos para alimentarse, como microalgas, microcrustáceos, larvas, pupas de insectos, invertebrados, frutos, semillas, flores, anfibios, reptiles y aves.

    “La dieta de estas especies depende de características morfológicas como la posición de la boca, tipo de dientes, longitud del intestino, tamaño del estómago e incluso los ojos en posición dorsal, peces que comúnmente se alimentan de plancton”, indica Lasso.

    81 especies de peces del Magdalena son carnívoras, 53 son omnívoras y 32 son detritívoras, grupo en el que se encuentran peces chupadores de raíces sumergidas y del fango. Entre tanto, solo cuatro son peces planctófagos.

    “En las ciénagas y embalses se presentan todos los gremios tróficos. Las ciénagas de El Jobo, Luruaco y Zapatosa (bajo Magdalena) y Simití, El Llanito, Guarinocito, Canaletal y Cachimbero (Magdalena medio), se caracterizan por presentar especies omnívoras y detritívoras”, cita el libro.

    Los científicos que participaron en la publicación del Instituto Humboldt, Universidad de Antioquia y EPM precisan que hay pocos estudios sobre la diversidad genética y estructura poblacional. “Identificamos estudios solo para 14 especies nativas, pero la mayoría se centra en peces de interés pesquero. A la fecha se desconoce la distribución de la diversidad y estructura genética para la mayoría”.


    La subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces, con 164 especies registradas. Chaetostoma thomsoni es una de las especies típicas de este ecosistema. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Amenazados

    Lasso afirma que las especies de peces de agua dulce del Magdalena figuran entre las más amenazadas del país y en los Andes tropicales. Las razones: la acelerada degradación y transformación del hábitat, la contaminación hídrica y especies introducidas.

    “Este río ha cambiado desde la época de la conquista de América por las actividades del hombre, al igual que los pobladores ribereños, usos para cultivos, navegación y comercio. Los bienes y servicios que conforman la oferta ambiental también han sufrido drásticas alteraciones”, cita el documento.

    Los Libros Rojos de peces dulceacuícolas de Colombia catalogan a 22 especies de peces del Magdalena como amenazadas, listado que encabezan el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), en Peligro Crítico, y el pataló (Ichthyoelephas longirostris) y Brycon labiatus, en la categoría de En Peligro.


    En todo el mundo, la arenca (Triportheus magdalenae) solo habita en la cuenca del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Sin embargo, una evaluación adicional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reveló que 113 especies endémicas de la cuenca del Magdalena están dentro de alguna categoría de amenaza.

    En este estudio, el capaz (Pimelodus grosskopfii) figura en Peligro Crítico. Por su parte, siete especies están En Peligro (Ancistrus tolima, Ancistrus vericaucanus, Austrofundulus myersi, Brycon labiatus, Gymnotus ardilai, Parodon alfonsoi y Pseudoplatystoma magdaleniatum), 10 vulnerables y 85 casi amenazadas.

    “Las medidas de manejo para la conservación de los peces de la cuenca del río Magdalena se han centrado únicamente en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando a un lado al 73,8 por ciento de esta riqueza de la cuenca”, precisa la investigación.


    Los paisajes del río Magdalena son tan mágicos y diversos como su biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Varias actividades humanas son los principales motores de las amenazas de los peces de la cuenca. Además de la deforestación, el documento revela que 294 municipios vierten aguas residuales sin tratamiento, hidrocarburos, metales pesados, materia orgánica y otros contaminantes que tienen en jaque a todas sus formas de vida.

    “Por ejemplo, la industria de los hidrocarburos hace evidente la contaminación en el río desde 1922 con la construcción de la refinería en Barrancabermeja: entre 1986 y 2003 se registraron 840 derrames y 940 voladuras del oleoducto Caño Limón-Coveñas”, precisa la investigación.

    En su paso por 11 departamentos, el río Magdalena recibe vertimientos con metales pesados utilizados por la minería. El HIMAT e Ingeominas encontraron en sus aguas concentraciones altas de metales como mercurio, plomo, cadmio, hierro y cinc.

    Según el Estudio Nacional del Agua de 2019, el 52 por ciento de la cuenca presenta una mala calidad de agua mala, 40 por ciento es regular y ocho por ciento es muy mala. Es decir que los peces viven, nadan, se alimentan y reproducen en ecosistemas con una calidad bastante precaria.


    Los peces del Magdalena le brindan alimentación a sus pobladores y demás representantes de la fauna colombiana. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Acorralados por invasores

    En Colombia han sido identificadas 43 especies de peces introducidas y todas hacen presencia en la cuenca del río Magdalena: 13 fueron trasplantadas de otras cuencas y 30 son exóticas u originarias de otros continentes.

    “Todas estas especies son de interés para la acuicultura y las pescas comercial y deportiva. Desde 2012, se han registrado 13 introducciones nuevas y casi todas ampliaron su distribución geográfica”, revela Lasso.

    En el listado de especies exóticas introducidas figuran la mojarra o guapote amarillo (Parachromis friedrichsthalii), pez luchador de Siam (Betta splendens), pez cebra (Danio rerio), carpa dorada (Carassius auratus), carpa común (Cyprinus carpio) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), entre otras.


    Más de 100 especies de peces endémicas del río Magdalena se encuentran dentro de alguna categoría de amenaza. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El libro del Magdalena indica que en la actualidad se cultivan 15 especies introducidas: seis exóticas en 121 municipios y nueve trasplantadas en 92 municipios, la gran mayoría policultivos. “La falta de controles de seguridad, más la liberación intencionada, siembras y escapes, son las razones que explican la distribución actual”.

    Para los investigadores, la llegada de invasores exóticos pone el alto riesgo la biodiversidad de los peces del Magdalena. “Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad, ya que reducen el recambio de especies nativas entre los ecosistemas y generan su extinción por depredación, parásitos, patógenos o competencia por hábitat y alimento”.

    Por ejemplo, en 2010 los científicos Caraballo y Gandara describieron cómo la pesquería artesanal del embalse del Guajaro se vio afectada por la introducción de la tilapia nilotica (Oreochromis niloticus), especie que afectó la abundancia de la arenca (Triportheus magdalenae), un pez emblemático de la zona.

    Recientemente, el pangasius (Pangasionodon hypophthalmus) prendió las alarmas debido a que podría convertirse en una amenaza para otros peces como el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum).


    La contaminación hídrica, pérdida y transformación de sus hábitats, desarrollo y especies invasoras, tienen en peligro a los peces del Magdalena como a la Argopleura magdalenensis. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Territorio anfibio

    El desarrollo de los pueblos en Colombia siempre ha estado ligado al agua. Los pobladores de la cuenca del Magdalena han sobrevivido de la pesca desde el periodo comprendido entre los siglos V y I antes de Cristo.

    “De las más de 233 especies de peces del Magdalena, 65 son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Sin embargo, alrededor de 40 especies son usadas en la acuariofilia y 28 para la recreación o pesca deportiva”, afirma la publicación.


    Las medidas de manejo para la conservación de los peces del Magdalena se han centrado en las especies de interés pesquero. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La pesca artesanal en el Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores, actividad con una amplia variedad de artes que ha sido catalogada como una sobrepesca responsable del agotamiento de los peces.

    “Esta teoría no tiene en cuenta la magnitud de los impactos que la agricultura, los sectores industriales y domésticos generan sobre los recursos. Por tanto, el no cumplimiento de la reglamentación de artes y tallas inspirados en las pesquerías hace que los pescadores artesanales estén sujetos a una imagen negativa”, dice el estudio.

    Los investigadores encontraron que entre 1975 y 2016, la producción pesquera en la cuenca del Magdalena pasó de 81.653 a 26.132 toneladas. “Estos cambios en la producción han afectado de forma directa la seguridad alimentaria de los pescadores, algo que resalta la importancia regional y local que posee la pesca artesanal en la cuenca”.


    El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En 2019, los desembarques alcanzaron las 14.312 toneladas de peces con cinco especies dominantes, todas migratorias: bocachico, bagre rayado, blanquillo, nicuro o barbul y capaz. “Estas especies están acompañadas por una introducida ya establecida: la tilapia. Los sitios donde más es aprovechado el servicio ecosistémico asociado a la pesca son Barrancabermeja, Magangué, Plato, Caucasia, El Banco, Honda y Puerto Boyacá”.

    Sin embargo, los depredadores principales, como el bagre rayado, son cada vez más escasos y pequeños. Para los expertos, la reducción de la biomasa de los peces piscívoros y carnívoros causa un incremento en la de los consumidores secundarios y una reducción en la de la población productora (detritívoros).


    La cuenca del río Magdalena aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “De esta forma se evidencia que la cascada trófica constituye el primer indicador de una pesquería no sostenible y conlleva a una sobrepesca del ecosistema. Las acciones clásicas de manejo pesquero dirigidas hacia una pesca selectiva, no van a resolver la sostenibilidad de las pesquerías artesanales de la cuenca Magdalena”.

    El renacer de la pesca, según los expertos, debe estar enfocado en garantizar la conectividad de los planes de inundación con los ríos y en restaurar la salud de los ecosistemas. “Esto debe involucrar a los pescadores, quienes empíricamente avalan un enfoque ecosistémico que garantice la sostenibilidad de la pesca”.

    Protección tenue

    En la década de 1970, Colombia tomó las primeras medidas para el manejo de las principales especies de peces de interés comercial, las cuales hoy se mantienen con algunas actualizaciones.

    En la última década, las acciones han tenido una orientación ligada a conservar la biodiversidad de los ecosistemas y evitar la pérdida de recursos naturales en áreas transformadas por el desarrollo, con la participación activa de las comunidades locales.

    65 especies de peces del río Magdalena son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “En cuanto a la cuenca del río Magdalena, el manejo y conservación se puede clasificar en cinco categorías: ecosistemas acuáticos y terrestres; peces con y sin interés pesquero; planificación y gestión; proporción menor al licenciamiento ambiental; y fortalecimiento de instituciones”, evidenciaron los autores del libro.

    Pero advierten que estas decisiones se han focalizado más en las especies de interés pesquero y no tanto en la conservación de la biodiversidad. “Se han centrado en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando de lado el 73,8 por ciento de las especies de peces de la cuenca”.

    La creación de áreas protegidas ha permitido blindar algunas de las especies de peces del Magdalena, pero la mayoría están sobre los 2.000 metros sobre el nivel del mar, cuando la riqueza se concentra en zonas por debajo de los 1.000 metros de altura.


    La cuenca del Magdalena ya perdió cerca del 80 por ciento de sus humedales y ciénagas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Estas áreas tampoco incluyen zonas de importancia para la reproducción y crianza de peces y no son lo suficientemente representativas para la conservación de las especies amenazadas”, apuntó Lasso.

    Los expertos precisan que la acuicultura para el repoblamiento se ha convertido en un motor indirecto en la pérdida de biodiversidad. “Esta tiene que ser medida de última instancia y solo debería hacerse si el ecosistema está en buen estado, teniendo en cuenta la pureza y variabilidad genética de los peces y su supervivencia”.

    En cuanto a las especies de peces introducidas, Lasso alerta que Colombia no tiene ninguna política de manejo o mitigación, “cuando sus poblaciones ya se han establecido bastante en la cuenca”.


    El río Magdalena fue una de las principales fuentes de inspiración de Gabriel García Márquez. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Nueva visión

    La nueva publicación del Instituto Humboldt y la Universidad de Antioquia indica que las figuras e instrumentos de conservación han sido insuficientes por no tomar en cuenta las dinámicas ecológicas de los peces.

    “No se ha considerado la integridad de los ecosistemas de agua dulce como la principal medida para la conservación de sus peces. En ríos de zonas tropicales con grandes planicies de inundación, deberían aplicarse mecanismos como las Plataformas Multi-Actores (PMA’s), estructuras de gobernanza formales e informales destinadas a reunir diferentes sectores y actores para abordar problemas específicos”.


    La pesca artesanal en el río Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Algunos pescadores de la cuenca del Magdalena han puesto en marcha medidas promovidas desde la gobernanza local para blindar a los peces y sus ecosistemas. Tal es el caso de La Mesa del Bagre, plataforma creada por los pescadores del bagre (Pseudoplatystoma magdaleniatum) con ayuda de una ONG.

    “Esta unión logró que la AUNAP avalara la implementación de varias medidas concertadas para conservar el bagre rayado y mejorar las condiciones de los bagreros de la cuenca media del río Magdalena”, informa el libro.

    Adicionalmente, desde las comunidades se están gestionando aproximadamente 15 Unidades Integrales de Mejoramiento Pesquero en la zona del bajo y medio Magdalena, para así manejar y regular estos recursos.

    La agonía del río Magdalena está acabando con la cultura anfibia de la cuenca. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Para Lasso, además del protagonismo de las comunidades locales para conservar la riqueza en peces, es necesario generar medidas que protejan la cuenca de forma integral y que sus cuerpos de agua tengan una conectividad acuática y terrestre.

    “En Colombia es necesario que la aproximación del Sistema Nacional Ambiental se realice dentro un marco que conecte las montañas con los planos bajos inundables y el mar. La gestión de todo este territorio inundable o anfibio, como el Magdalena, no puede seguir abordándose por separado”.

    Los peces depredadores del río Magdalena son cada vez más escasos y pequeños. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El investigador del Humboldt también considera prioritario recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales, además de garantizar la conectividad entre ellos. “Más del 70 por ciento de la conectividad entre el río y las ciénagas en el bajo Magdalena se ha interrumpido en los últimos 20 años, lo que causó una pérdida en la capacidad de amortiguación”.

    Los autores creen que el manejo sostenible de los recursos acuáticos de agua dulce requiere un enfoque ecosistémico en la ordenación pesquera, ampliar los esfuerzos gubernamentales para incentivar a los pescadores a ser partícipes de la gestión de los ecosistemas e invertir en monitoreo y vigilancia con las comunidades locales.

    “Es urgente la creación de una estrategia a nivel nacional que integre y articule las diferentes medidas, instrumentos y órganos de manejo para la conservación de la cuenca y sus recursos acuáticos”.

    Pterygoplichthys undecimalis es uno de los peces que solo habitan en las carmelitas aguas del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según los expertos, esta política debe tener un enfoque ecosistémico a escala de cuenca, con un carácter incluyente y objetivos de conservación a escala regional y a largo plazo. “Esto les permitirá a todos los actores trabajar de forma conjunta y articulada partiendo de la conservación de las especies de peces y su biodiversidad”.

    También proponen la conservación de procesos ecológicos como las migraciones, captura de carbono, transporte de sedimentos, dispersión de semillas de los bosques riparios y el pulso de inundación.

    “La creación o declaración de corredores fluviales podría proteger varios ecosistemas claves y procesos ecológicos como la migración de peces, ya que la mayoría son comerciales y requieren de la gestión y manejo de estos corredores fluviales que utilizan durante todo su ciclo de vida”.

    Por último, los investigadores advierten que recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales y la conectividad entre ellos, no será una tarea fácil ni traerá soluciones de corto plazo. “Pero en algún momento debemos comenzar. ¿Por qué no hacerlo ahora?”.

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