Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
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Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Humedales y su aporte frente a los efectos del cambio climático



Foto: Carolina Alcázar / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad



El cambio climático es una de las realidades más urgentes a las que se enfrenta la humanidad y el planeta, razón que inspira el tema de la edición 2019 del Día Mundial de los Humedales, destacando su rol principal en la solución natural para enfrentar este fenómeno.

Según la Convención sobre los Humedales (Ramsar), pese a todos los servicios esenciales que brindan estos ecosistemas, en el último siglo el mundo perdió el 64 % de los humedales, y continúa su descenso a un ritmo del 1 % anual, porcentaje mayor a la tasa actual de deforestación.



Foto: Felipe Villegas / Instituto Humboldt

En Colombia, cerca del 95 % de la transformación de los humedales se debe a la actividad ganadera (63,7 %), la deforestación (15,9 %) y la agricultura (15,3 %).



En cuanto a la mitigación, los humedales sirven como sumideros de carbono al capturar cerca del 40 % de los gases de efecto invernadero generados en el planeta; por lo tanto, su destrucción, afectaría el proceso de captación de dichos contaminantes que viajarían libres por la atmosfera, reteniendo el calor (con implicaciones en el calentamiento global y en el incremento de las temperaturas), hasta afectar el sistema climático y las relaciones entre las personas y los ecosistemas.

Otros aportes en el ámbito de la mitigación y la gestión de riesgos están asociados a la estabilización de costas y la regulación de la cantidad y calidad del agua; son la primera barrera de defensa contra la acción de huracanes y tormentas severas, disminuyen el impacto por fuertes vientos y suministran recursos para el consumo.



Foto: Luis Fernando López / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad

En Colombia, de las 30 millones de hectáreas (ha) que se identificaron en un comienzo, el 24 % de las zonas con características de humedal, o evidencias de haber sido humedal en el pasado reciente, fueron transformadas.



En tiempos de cambio climático, el privilegio de Colombia como país de agua, debería considerarse un factor fundamental de adaptación y defensa para el bienestar humano a largo plazo y, por tanto, de interés superior al definir políticas de desarrollo compatibles con la conservación de los ecosistemas y la resiliencia frente a impactos climáticos.

Acerca del tema, la publicación del Instituto Humboldt Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, en el apartado Persistencia de territorios anfibios, ofrece un análisis al detalle del estado y tendencias de estos ecosistemas estratégicos, y destaca la oportunidad que tiene el país en cuanto a los humedales y el cambio climático en su tránsito hacia el equilibrio económico, ambiental y social.




Foto: Luis Fernando López / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad

De 1122 municipios que tiene el país, 1100 tienen humedales; 30 de estos registran más del 70 % de su territorio cubierto de humedal.



El Instituto Humboldt sugiere un reconocimiento de la extensa superficie de humedales del país como una ventaja comparativa instalada para la adaptación al cambio climático, basada en los ecosistemas y en las comunidades, y como sumideros de carbono que contribuyen, en simultánea, a la mitigación.

Asimismo, menciona que deben identificarse aquellas áreas transformadas que podrían ser restauradas o recuperadas para mejorar la capacidad de control de inundaciones frente a los eventos extremos del clima y los impactos del cambio climático, conformando así territorios anfibios seguros.

Finalmente, hace un llamado a considerar a todos los humedales del país como estratégicos y, por lo tanto, merecedores de una gestión sostenible, dada la tendencia a concentrar la atención solo en aquellos catalogados de importancia internacional, declarados bajo la Convención Ramsar.
Desde esta perspectiva, Colombia sigue en mora de generar conocimiento acerca de los efectos inminentes que trae consigo el cambio climático, a su vez, de potenciar soluciones innovadoras desde la naturaleza, que los humedales como ecosistemas estratégicos pueden aportar para la adaptación y la mitigación.
En la conmemoración de los humedales del mundo, su contribución al bienestar humano y a contrarrestar los efectos del cambio climático, el Instituto Humboldt invita al Estado y a la sociedad colombiana a promover una gestión de conocimiento en los territorios del agua y las formas de vida de los pobladores en los suelos anfibios, y al reconocimiento de su riqueza cultural y del valor espiritual como base de la gestión y de la gobernanza en un ámbito de conservación.



Información consultada para la elaboración de este artículo:
- Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, capítulo 2: Persistencia de territorios anfibios
- Humedales y cambio climático (Ramsar)
- Colombia anfibia, volumen 1
- Humedales ante el cambio climático
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Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad: Gestión de la biodiversidad en los procesos de cambio de uso de la tierra en el territorio colombiano

La transformación de los ecosistemas del territorio continental colombiano, su ocupación productiva y la persistencia de una confrontación armada interna atraviesan en la actualidad por un momento histórico crucial, que puede significar cambios profundos en la biodiversidad de los territorios. El inicio de la implementación del Acuerdo Final de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc-EP, y la eventual firma de un acuerdo con el ELN, sumado a las grandes dinámicas económicas y sociales en un contexto de globalización, conllevan transformaciones que afectarán regiones reconocidas por sus altos valores de biodiversidad y su fragilidad ambiental, estimulando transiciones sociales y ecológicas que ya se comienzan a ver pero que solo se expresarán de manera contundente a mediano y largo plazo. En este documento se ponen en consideración estos procesos de cambio de la biodiversidad, algunos de ellos hoy acelerados, bajo el concepto de transiciones socioecológicas y que, gracias a una nueva generación de políticas y acciones de gestión de la biodiversidad, deberían estar orientados hacia la sostenibilidad.

 

La publicación se encuentra disponible para lectura en nuestro Repositorio Institucional.

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Instituto Humboldt propone al país diez procesos de cambio para alcanzar la sostenibilidad

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Bogotá, D.C. 04 de diciembre de 2018

 


Foto: Instituto Humboldt


•  El Instituto Humboldt pone a consideración sus conclusiones y sugerencias tras realizar un análisis a diez puntos neurálgicos sobre la biodiversidad actual colombiana, con el fin de abrir el diálogo y el debate público con el Gobierno nacional, los sectores productivos y la sociedad civil, e iniciar así la inevitable y urgente transición de Colombia hacia la sostenibilidad.

•  La propuesta identifica estado, tendencias recientes, obstáculos y oportunidades en la gestión sostenible de la biodiversidad, y hace un llamado de emergencia para la puesta en marcha de políticas y acciones en los planes de desarrollo nacional, regionales y locales, asimismo en los compromisos pactados en el Acuerdo de Paz.


•  Los resultados de la investigación, compilada en el informe Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, están desde ahora a disposición de los colombianos, en formato digital, para consulta y descarga gratuita en el sitio web del Instituto Humboldt.


El tránsito de Colombia hacia la sostenibilidad es necesario e inevitable, y requiere del diseño, planificación y puesta en marcha de espacios posibles para la biodiversidad en el futuro de las ciudades, los paisajes rurales y la agroindustria. Así lo sugiere el reciente análisis realizado por expertos del Instituto Humboldt, cuyas conclusiones fueron entregadas al Gobierno para su consideración en el Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022), que se encuentra en construcción, y que serán puestas a disposición del ámbito público y privado y en los colectivos locales y regionales con el fin de alcanzar acuerdos en un gran plan de gobernanza ecológica y social de los territorios.

Se trata de diez puntos estratégicos o procesos de cambio, llamados Transiciones Socioecológicas hacia la Sostenibilidad, de importancia decisiva para obtener un estado nacional de bienestar que modifique la inconveniente trayectoria actual del país en materia ecológica y social. Estos son: la transformación de las áreas silvestres; la persistencia de territorios anfibios; la creación y administración de “naturalezas protegidas”; la resistencia cultural y el reconocimiento de territorios étnicos y otras colectividades; la conformación y permanencia de los paisajes rurales campesinos; la estabilización y reconversión de territorios ganaderos bovinos; el establecimiento y ampliación de los paisajes agroindustriales; la conformación de enclaves y expansión de las áreas de desarrollo minero y energético; la creación de centros urbanos y su integración en sistemas regionales; y la degradación de la tierra y la necesidad urgente de hacer rehabilitación y restauración ecológicas.


En cada uno se identificaron las tendencias, oportunidades, retos y obstáculos que enfrenta la gestión de la biodiversidad colombiana en medio de un escenario actual de transformaciones sociales y ecológicas. A continuación, se presentan algunas conclusiones de la información elaborada por el grupo de expertos:

 
1. Transformación de áreas silvestres. Prestar especial atención, en etapa de posacuerdo, a las áreas silvestres en las fronteras de ocupación campesina en el bosque húmedo tropical para efectos de sustitución de cultivos ilícitos y construcción de infraestructura, de tal suerte que no aumente la ya alarmante deforestación.

Incorporar todas las áreas protegidas del país en el ordenamiento territorial, considerando no solo páramos y humedales, sino, también, otros ecosistemas tales como las sabanas, zonas semiáridas y todo tipo de bosques. 
Considerar la gestión comunitaria de áreas forestales, en especial en fronteras de ocupación campesina y aquellas del posacuerdo, como una gran oportunidad para generar bienestar humano asociado con la conservación y restauración de ecosistemas forestales degradados.
 
Los conflictos socioambientales en torno a los bienes y servicios que ofrece la naturaleza son un claro obstáculo para un tránsito hacia la sostenibilidad. Urge un diálogo entre las distintas visiones del uso y transformación de la biodiversidad con el fin de identificar los umbrales de cambio aceptables y las tareas comunes que lleven a una gestión efectiva.
 
La falta de articulación institucional en los programas de Gobierno, fundamentalmente aquellos dirigidos al desarrollo de infraestructura o extracción de recursos nacionales, pone en riesgo el mantenimiento de las áreas naturales o seminaturales del país. La institucionalidad del país, en pleno, debe ponerse al servicio del desarrollo sostenible, como objetivo nacional.
 
Se requiere incorporar la gestión de áreas silvestres en los procesos de desarrollo urbano y en los indicadores de calidad ambiental. Por otra parte, preocupa el desconocimiento del aporte ancestral desde el punto de vista de sistemas productivos y formas de producción.

 
2. Persistencia de territorios anfibios. De los 1.122 municipios de Colombia, 1.100 tienen humedales, y 30 de ellos tienen más del 70 % de su territorio en zonas inundables. En el país, no existen figuras jurídicas suficientes que permitan modalidades de gobernanza, apropiación y manejo adecuado de la biodiversidad por parte de la población humana que habita los llamados territorios anfibios.
 
Es imperativo el diseño de paisajes anfibios para mantener y limitar las actividades productivas, logrando una estructura y funcionamiento de los humedales acordes con la conservación de su carácter ecológico y biodiversidad características.  
Otro reto prioritario es llevar a cabo procesos de planificación estratégica para el sector hidroeléctrico, de tal manera que la ubicación de los proyectos pueda definirse de acuerdo a los impactos acumulados como resultado de la regulación de los flujos y pulsos del agua, pues de otra manera podría ponerse en riesgo la prestación de servicios que ofrece la naturaleza para el bienestar de las poblaciones aledañas a los proyectos.
 
Es necesario otorgar derechos de ocupación y uso a poblaciones humanas, incorporados a las estrategias de gobernanza en los sistemas de áreas protegidas y por fuera de ellas, ante ausencia de estructuras organizacionales legitimadas para la gestión de los recursos naturales y los espacios en humedales, lo que limita la gestión basada en ecosistemas y comunidades.

Es importante el reconocimiento de la extensa superficie de humedales como una ventaja comparativa instalada para la adaptación al cambio climático, en este caso basada en los ecosistemas y las comunidades. Del mismo modo, reconocer estos hábitats como sumideros de carbono que contribuyen, también y en simultánea, a mitigar los efectos causados por este fenómeno mundial.
 
Es indispensable revitalizar la política de manejo de humedales interiores del país y extenderla a los estacionales como sabanas inundables, playones y humedales forestales.
 
Preocupa la apropiación ilegal e impune de muchos espacios de humedal, un problema de fondo que impide un manejo efectivo por parte de las autoridades ambientales, y debe enfrentarse evitando su titulación como “tierras” mal habidas.
 
No existe una política específica para la gestión social y ecológica de los ríos del país, limitando, en este sentido, una visión integral de los espacios de agua.

 
3. Creación y administración de “naturalezas protegidas”. Es vital incluir la figura de Sistemas Regionales de Áreas Protegidas (Sirap) a nivel local y comunitario; así mismo, otras estrategias de conservación in situ de la biodiversidad que contribuyen al aumento de la conectividad y mejoran la adaptación al cambio climático.
 
Dado que el 90 % de los municipios definidos para el posacuerdo cuentan con parte de su territorio en áreas protegidas, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), planteados en el acuerdo de paz con las Farc-EP, pueden convertirse en instrumentos que permitan establecer actividades de uso sostenible asociadas al (Sirap).
 
Es esencial formular una estrategia de control territorial y gestión de las áreas protegidas que complemente la figura institucional de administración actual. Es momento de explorar otras posibilidades como concesiones de conservación, comodatos, áreas protegidas a cargo de actores locales y comunitarios o empresariales, etc., que podrían fortalecer los instrumentos existentes y definir de modelos de gobernanza, privados o comunitarios, para los territorios campesinos.
El “catastro multipropósito”, que hace parte de los acuerdos de La Habana, así como las políticas de distribución de tierras pueden ser una oportunidad para la consolidación de la gestión de áreas protegidas. En muchas de ellas se carece de información y registro de los predios existentes.
 
En cuanto al turismo en áreas protegidas se hace necesario revitalizar una política nacional de uso público de estas zonas. Si bien existen dispositivos legales y esfuerzos para el manejo de los visitantes, en perspectiva del aumento de la demanda por visita, apremia la creación de destinos, generación de beneficios locales y la construcción de infraestructura adecuada tal como albergues, centros de visitantes, senderos, entre otros.
No puede postergarse el reconocimiento a otras estrategias de conservación in situ, y su articulación al ordenamiento territorial; esta posibilidad puede convertirse en la forma de involucrar más activamente a la población en la gestión de la biodiversidad, fortaleciendo las diferentes formas de gobernanza.
 
Las considerables superficies de tierras manejadas con objetivos de conservación en predios propiedad de empresas que suministran servicios o productos del agro, podrían, previa evaluación, considerarse como aportes privados a los objetivos de conservación nacional.
Es perentoria la creación de alianzas a largo plazo entre los institutos de investigación del sistema Nacional Ambiental (Sina) y la academia para la investigación y gestión del conocimiento asociado con el manejo de las áreas protegidas. Tenemos aquí una deuda con el país.
 
Alarma el déficit notorio y creciente en la gestión de la implementación de áreas protegidas; los mecanismos financieros son insuficientes. Si se innovan formas de gobernanza y fuentes de financiación para administrarlas podría suplirse una parte del vacío en el establecimiento de políticas.
 
Inquieta el hecho de que la conservación de las áreas protegidas en Colombia carezca de mecanismos de compensación fiscal para los municipios que las poseen.
 
Debe debatirse la posibilidad de extender exención de impuesto predial, y otros esquemas relacionados con Pagos por Servicios Ambientales, para todas las áreas declaradas como Reservas Privadas de la Sociedad Civil reconocidas en la legislación nacional.
 
Si bien los (Sirap) se han fortalecido como espacios de gestión, estos no se enfocan de manera suficiente en generar procesos de conectividad funcional mediante una adecuada integración de las áreas protegidas en la planeación de los paisajes.
 
En muchos espacios de gestión de las áreas protegidas quedan excluidos los actores locales y los representantes de la sociedad civil, así como los dueños de predios privados, las empresas, las comunidades, etc., por no ser reconocidos como actores del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap).
 
En muchos casos las comunidades se niegan a que sus territorios sean declarados áreas protegidas, y lo anterior obedece a una gran invisibilización de la población rural, por ejemplo en ecosistemas de páramos y de ríos y humedales, que les impide sumar su identidad y aspiraciones a las iniciativas nacionales de conservación.
 
Para enfrentar presencia de poblaciones humanas dentro de las áreas naturales protegidas, Colombia carece de información suficiente al respecto, no existe un catastro completo ni una evaluación del impacto de esta ocupación sobre los objetivos de conservación.

 
4. Resistencia cultural y reconocimiento de territorios étnicos y de otras colectividades.
La mayoría de las regiones donde están ubicados los territorios colectivos presentan altos valores de biodiversidad, lo que representa una oportunidad para la generación y consolidación de beneficios sociales basados en la naturaleza.
 
Otra oportunidad que tienen las comunidades y pueblos que habitan estas zonas es el derecho de la consulta previa, un mecanismo importante para evitar deterioros ambientales y culturales en los territorios. No obstante, en algunos casos, estos mecanismos de participación pueden convertirse en parte del conflicto cuando es usada de manera indebida, o simplemente burlada, por parte todos los actores externos e internos involucrados con los territoritos (Estado, particulares, líderes o autoridades comunitarias en ejercicio indebido de su autonomía y de los mecanismos de gobierno propio).
 
Una enorme oportunidad para hacer conservación desde las poblaciones también se presenta en la gestión de áreas protegidas del Sistema Nacional de Parques Naturales de Colombia (SNPNN), a través de los Regímenes Especiales de Manejo (REM) y la creación de parques por solicitud de las comunidades, hecho que ya ha sucede en extensas zonas del país.
 
Las lógicas diferenciales de producción y consumo de las comunidades étnicas son otra oportunidad para la gestión de la biodiversidad, a través del fortalecimiento cultural y territorial basado en conocimiento tradicional, ancestral y local.
 
El capítulo étnico, incluido en el acuerdo final de paz entre las Farc-EP y el Gobierno nacional, es una oportunidad para gestionar el territorio teniendo en cuenta el derecho a la autonomía, autodeterminación y reconocimiento de la función de autoridad ambiental que protege, conserva y usa de manera sostenible la biodiversidad. En este marco, los pueblos étnicos deben ser beneficiarios de las medidas de acceso a tierras sin detrimento de los derechos adquiridos, adjudicación de predios y procedimientos de formalización en la constitución, creación, saneamiento, ampliación, titulación, demarcación, restitución y resolución de conflictos de uso y tenencia de las tierras. Para todos estos casos es evidente que los pueblos étnicos pueden demostrar, desde la práctica, la función ecológica de la propiedad, también que a las formas propias y ancestrales de relacionamiento con el territorio se antepone la no explotación.
 
El reconocimiento formal del Estado colombiano al ejercicio de autoridad ambiental de parte de los grupos indígenas y afrodescendientes permitiría aportar a las estructuras formales de gobierno las experiencias de gobernanza de los territorios por parte de estas comunidades.
 
Se necesita mayor conocimiento científico sobre la biodiversidad de los territorios colectivos y el reconocimiento de los saberes propios de las comunidades como aporte valioso e indispensable a los sistemas formales de gestión del conocimiento de la biodiversidad.
 
Dos aspectos preocupantes: la pérdida de recursos naturales, o de acceso a ellos, en tierras colectivas de menor tamaño o con influencias externas severas que lleva al aumento de la inseguridad alimentaria de las poblaciones. Y el insuficiente reconocimiento de las formas de vida, como respuestas actuales o potenciales a la adaptación al cambio climático, que sin duda aumenta la vulnerabilidad social y ambiental ante agentes externos.
 
El retraso en la titulación o ampliación de territorios colectivos, o su negación, cuando son áreas de interés económico por parte del Estado, se constituye hoy en uno de los obstáculos para el tránsito del país hacia la sostenibilidad.

 
5. Conformación y pervivencia de paisajes rurales campesinos. El tránsito de los territorios rurales a la sostenibilidad, asociado con el posacuerdo, puede verse afectado por las dificultades en la implementación de los acuerdos de paz.
 
La implementación de la Reforma Rural Integral (RRI) contenida en el punto 1 del Acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc-EP. Allí se incluye la creación de un Fondo de Tierras, el establecimiento de los planes de desarrollo con enfoque territorial, la construcción de planes nacionales para la reducción de la pobreza extrema y el impulso a la seguridad alimentaria implica posibilidades importantes para el ordenamiento ambiental y productivo de amplias zonas del país.
 
Dado su conocimiento en el uso, manejo y gestión de la biodiversidad, asociaciones, cooperativas, agremiaciones y otras formas organizativas son una oportunidad para la sostenibilidad de los territorios rurales. El fortalecimiento de las formas locales de conocimiento, en un contexto de diálogo de saberes, permitirá integrar a la comunidad científica en su validación formal. Una forma de avanzar en esta tarea es la extensión de las iniciativas emergentes de “ciencia ciudadana” con las comunidades rurales del país.
 
Para la población del campo, las Zonas de Reserva Campesina se consideran como una oportunidad y, por fuera de ellas, posibilidad de que los campesinos manejen parte de sus territorios bajo figuras de conservación, por ejemplo, a través de la declaración autónoma de Reservas Privadas de la Sociedad Civil o el reconocimiento, por parte del Estado, de áreas protegidas campesinas.
 
Un aspecto muy importante de la transición hacia la sostenibilidad en territorios rurales campesinos está en la gestión forestal, en el manejo directo de los bosques naturales remanentes, en el enriquecimiento de bosques secundarios o en la gestión directa de procesos de restauración ecológica, que incluyen componentes productivos forestales. Igualmente, sería favorable el desarrollo de figuras de gobernanza forestal comunitaria en casos en que la titulación implique la sustracción de áreas de reserva forestal.
 
Uno de los principales obstáculos para el tránsito hacia la sostenibilidad es la desigualdad en la propiedad de la tierra y, en especial, su concentración extrema, que son además causa de conflictos en los territorios rurales. A esto se suman otros como el que surge por el desarrollo de grandes industrias en el agro cuando se ven enfrentados a pequeños y medianos propietarios.
 
La formulación e implementación de políticas rurales, que privilegian la agricultura comercial y las actividades agroindustriales sobre la producción familiar, tienen potencial de entrar en conflicto con los territorios rurales campesinos. Es el caso de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (Zidres), que aumentan la producción agrícola y, así, tienen el potencial de afectar a los pequeños agricultores y asociaciones campesinas.
 
Gran parte de las políticas en ciencia y tecnología en el agro han sido orientadas hacia los sistemas de producción industrial y comercial. Poco, o insuficiente, ha sido el conocimiento generado para aumentar la eficiencia y sostenibilidad de las formas de producción de pequeños propietarios, sobre todo asociada con el mejoramiento de la calidad de vida, que no debería ser opuesto al aumento de la competitividad económica.


 
6. Estabilización y reconversión de paisajes ganaderos bovinos. La existencia de ganaderías que involucran el uso de diferentes pisos altitudinales en épocas diferentes, y cierto nivel de trashumancia, representa una situación que puede contribuir al manejo adaptativo de la montaña.

El potencial para reducir las emisiones, producto de la actividad ganadera bovina, amplio pues actualmente existen tecnologías y prácticas que contribuyen a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La dificultad está en su uso y aplicación pues no están muy difundidas. Si este tipo de estrategias son incorporadas al sector ganadero pueden reducirse entre el 18 y 30 % de las emisiones.
 
Cabe destacar, como aspecto positivo, que parte del gremio ganadero se comprometió, dentro del Plan de Desarrollo de la Ganadería Colombiana, a convertir cerca de 10 millones de hectáreas hacia programas con manejo de árboles y cambios en las coberturas y uso del suelo.
 
Por el contrario, preocupa que gran parte de los ganaderos sean propietarios latifundistas, representantes de una cultura ganadera en la cual priman el control territorial y el poder local o regional sobre la productividad.

En Colombia hay insuficiencia en la operatividad de incentivos, de varios tipos, para acelerar la reconversión ganadera del país hacia una mayor eficiencia social y ambiental.
 
Considerar la ganadería como un problema del “sector ambiental”, y no como una oportunidad en una parte enorme del territorio, lleva a que los conceptos e instrumentos de gestión de la biodiversidad no trascienden a fondo al Ministerio de Agricultura y a las instancias de investigación e innovación tecnológica para el agro.
 
Es probable que en el escenario de posacuerdo se busque promover el fortalecimiento de actividades ganaderas como alternativas económicas, con gran incertidumbre sobre sus sostenibilidad, generando altos riesgos para la biodiversidad y los beneficios de la naturaleza.

 
7. Establecimiento y expansión de paisajes agroindustriales. Muy positivo resulta que el Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agroindustrial Colombiano (Pectia) incluya elementos de gestión de la sostenibilidad para la agroindustria, objetivos estratégicos y líneas de acción en un horizonte de 10 años.

Destacable, además, la incorporación de la gestión de áreas naturales dentro de los emprendimientos agroindustriales a través del concepto de “diseño de paisaje agroindustrial”. Otra gran oportunidad de transición hacia la sostenibilidad se da con la incorporación de estándares de certificación internacionales para los productos de la agroindustria.


Deben difundirse y replicarse en el país las iniciativas de trabajo entre empresas de agroindustrias y resguardos indígenas con un enfoque inclusivo de sostenibilidad, por su gran potencial de expansión territorial.
 
Es muy importante hallar formas asociativas para que productores pequeños y medianos puedan sumarse a los grandes emprendimientos agroindustriales. Por otro lado, hay que prestar especial atención a la concentración de propiedad de la tierra por la percepción social negativa que se crea y alimenta frente a la industria del agro, entre otras razones porque restringe el uso que da la sociedad a áreas prestadoras de servicios ecosistémicos al interior de áreas privadas; también porque contribuye a restar legitimidad al desarrollo de la agroindustria basada en grandes inversiones de capital.
 
Es inconveniente continuar en un esquema de ensayo-error, en el que cada gremio, entidad e inversionista emprende proyectos a su gusto, según intereses particulares y siguiendo señales a veces equivocadas y coyunturales del mercado. Se requiere una planificación estratégica, con enfoque territorial, para el desarrollo de la agroindustria en el país.
 
Intranquiliza la carencia de un sistema de evaluación de impacto ambiental por iniciativas agroindustriales y, en consecuencia, del proceso de gestión ambiental para proyectos de agroindustria, entre otros motivos por la percepción de que los temas agroindustriales no tienen que ver con el sector ambiental.
 
Otro obstáculo hacia la sostenibilidad está en el predominio de tecnologías dirigidas a la maximización de las funciones económicas de las tierras agroindustriales y un relativo atraso de tecnologías y formas de conocimiento dirigidas a la gestión directa de los servicios ecosistémicos dentro de los procesos agroindustriales.
 
Hay que poner la lupa a los sistemas regulatorios, como la Ley Zidres, que no incorporan suficientemente criterios sociales y ecológicos en la promoción de usos de la tierra basados en agroindustria, pues terminarán por repetir los errores ecológicos y sociales que han traído consigo la intensificación del campo.
 
Es urgente introducir un concepto de diseño de paisajes agroindustriales en las zonas que planean transformarse, así como de restauración ecológica en las ya ocupadas, dirigido a recuperar y mantener los bienes de la naturaleza asociados con los procesos ecológicos y la biodiversidad.
 
La presencia, en los mercados internacionales, de actores que demandan altos volúmenes sin que cumplan requerimientos mínimos de salud humana y ambiental, es un desaliento (incentivo perverso) para la gestión de la biodiversidad.
 
Por último, aunque no es un sector aquí señalado, el desarrollo de las industrias forestales comerciales incluye patrones de monocultivo de especies exóticas, lo cual podría beneficiarse igualmente de la incorporación de una gestión de los servicios ecosistémicos y la biodiversidad, afín a la que aquí proponemos para los paisajes agroindustriales.

 
8. Conformación de enclaves y expansión de áreas de desarrollo minero y energético. Colombia debe consolidar los espacios de valor ambiental a nivel nacional que son objeto de exclusiones –páramos, ciertos humedales–, y tener una idea clara de los impactos locales y acumulativos no controlados en otro tipo de espacios de interés local como los ecosistemas terrestres, ríos o afloramientos kársticos, todos con su biodiversidad característica y beneficios sociales específicos.
 
Hay escaso seguimiento a las actividades derivadas de los procesos de restauración ecológica. Este tipo de iniciativas pueden ser una fuente de empleo importante a nivel local.
 
El sector petrolero ha hecho algunos avances notorios en la gestión ambiental, en especial en la exclusión concertada de áreas de exploración-explotación, que llevaron a la creación de algunas áreas protegidas. Este tipo de alianzas pueden replicarse en escalas regionales y locales cuando la gestión de la biodiversidad no se pueda mitigar o compensar.

 
9. Creación de centros urbanos e integración en sistemas regionales. Una tendencia actual es el aumento de la población urbana cambia la percepción de la naturaleza, produciéndose una mayor demanda por espacios verdes, áreas protegidas y, en general, por “naturalidad” en los espacios públicos o abiertos. Esta petición se traduce en políticas que incluyen herramientas con criterios de biodiversidad, entre ellos estructura ecológica urbana, infraestructura verde, parques lineales, espacio público y antejardines, que evidencian una tendencia y demanda temática por ciudades verdes.
 
Una oportunidad más para la sostenibilidad del país está en la existencia de un enorme espacio de promoción de la infraestructura verde asociada con desarrollo urbano, con potencial de impactar ciudades intermedias y centros urbanos en acelerado crecimiento a través de su inclusión como componente de los índices de calidad urbana.
 
En lo posible se debe hacer una revisión del concepto de compensación por pérdida de biodiversidad, cuando se desarrollen proyectos urbanos y lineales, para dar cuenta de impactos ambientales acumulados; esto permitiría acoger y potenciar oportunidades de gestión ambiental territorial asociadas con ambientes urbanos y construidos.
 
La creación y el reconocimiento legal de las áreas protegidas urbanas municipales y regionales tiene gran potencial de expandir la conservación y restauración de la biodiversidad, generando beneficios tangibles a grupos poblaciones mayores.
 
Los ambientes urbanos tienen especial potencial en la incorporación en la educación de programas sobre el territorio (geografía e historia) y de creación de conciencia pública sobre los problemas y oportunidades en la gestión ambiental.


Existe un desconocimiento generalizado de la importancia de la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en las ciudades, por lo que el reto principal es posicionarlos en la agenda urbana y urbana-regional.
 
La información acerca de biodiversidad en las ciudades es limitada, aunque creciente, y no se ha reconocido su importancia para la toma de decisiones. Es urgente consolidar información multiescala sobre los ambientes urbanos, con criterios sociales y ecológicos, que permitan incidir en la planificación urbana y regional.
 
La gran heterogeneidad social y ecológica de las ciudades colombianas genera la dificultad de contar con modelos estándar fácilmente replicables, referentes a la gestión de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.
 
La diversidad de relaciones entre ciudades y sus diferentes ecosistemas no se expresa ni se reconoce en la visión de desarrollo de las urbes, que actualmente son muy similares pues están limitadas y siguen sin reconocer la biodiversidad como eje fundamental para las decisiones de su territorio.
 
Las figuras para la declaración y gestión de áreas protegidas urbanas existentes son insuficientes y hay vacíos legales para que las autoridades ambientales las puedan declarar como parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap) y registrarlas en el (Registro único Nacional de Áreas protegidas (Runap).
 
Las consideraciones ambientales en las ciudades usualmente se centran a los temas abióticos medibles y no reconocen la biodiversidad urbana y los beneficios de la naturaleza. Es importante a ampliar las baterías de indicadores de calidad urbana a los espacios regionales, incluyendo la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, así como la apropiación social de los mismos.
 
Algunas áreas protegidas de carácter regional o nacional vienen siendo afectadas por procesos de urbanización en sus entornos. Es el caso de los parques nacionales Tayrona, Iguaque o Farallones de Cali, en los que aumenta la demanda por visitas cuando hay carencia de espacios verdes urbanos, cambiándose las relaciones con sus entornos. No existe una categoría de manejo tal como “área de amortiguación urbana” para estas áreas protegidas.
 
El reconocimiento de atributos de la biodiversidad (silvestre y manejada) en los entornos urbanos es lento. Predominan los procesos de artificialización –especialmente en sistemas acuáticos y anfibios–, aunque hay importantes iniciativas de renaturalización.

 
10. Aparición de paisajes degradados y emergencia de la rehabilitación y restauración ecológicas. La restauración ecológica es además de indispensable, costosa y los resultados son visibles a largo plazo. Sin embargo, debe considerarse que una transición de zonas degradadas a restauradas requiere de un esfuerzo sostenido y constante en el tiempo, lo cual no siempre está disponible en las agendas y planes de gestión, enmarcados en tiempos y ritmos políticos y electorales.

La comunidad científica ha resaltado que la restauración ecológica, tal como se está dando en Colombia, representa un conjunto amplio de casos heterogéneos que carecen de suficiente monitoreo, de tal suerte que no se puede establecer un concepto mínimo sobre su eficiencia y eficacia.
 

Muchos procesos de licenciamiento ambiental contienen ya requerimientos sobre restauración ecológica. Sin embargo, los mismos se hacen por medio de contratos de consultoría o suministro de servicios con paquetes de intervención de plantación de árboles y fragmentados. No se evidencia una adecuada gestión del conocimiento, que permita generar aprendizajes a partir las experiencias.
 
Para el grupo de expertos, el análisis contenido en el documento abre la conversación y el debate a todas las instancias de la vida nacional en torno a estos diez puntos neurálgicos actuales en la gestión de la biodiversidad del país y a los futuros posibles.
 
Todos, aclara el Humboldt, son susceptibles de modificación y mejora por medio de una construcción colectiva que refleje las realidades y necesidades de la heterogeneidad social y ecológica colombiana. 


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Cundinamarca a la vanguardia de la conservación y sostenibilidad de las orquídeas

 

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Foto: Entrega de libros de orquídeas. Felipe Villegas

 

Según el Plan para el Estudio y la Conservación de las Orquídeas en Colombia, publicado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en asocio con el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, el país registra el mayor número de especies de orquídeas en el mundo: cerca de 4270 especies, de las cuales 1572 son endémicas.

Dado su exotismo, belleza, variedad de colores, formas, aromas y tamaños, las orquídeas son populares y codiciadas dentro y fuera del territorio nacional por parte de cultivadores, compradores y coleccionistas.

En zonas geográficas como Cundinamarca, donde son cuantiosas las orquídeas nativas y su comercio es común y considerable, también es abundante el desconocimiento generalizado en torno a su biología, distribución y ecología.

Estas y otras razones motivaron el proyecto Investigación e innovación tecnológica y apropiación social de conocimiento científico de orquídeas nativas de Cundinamarca, iniciado en 2015 por el Instituto Humboldt en colaboración con la Pontificia Universidad Javeriana, el Jardín Botánico de Bogotá “José Celestino Mutis” y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), y financiado por el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación, del Sistema General de Regalías, a través de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Gobernación de Cundinamarca.

El proyecto, que finalizó este 2018, desarrolló estrategias para incrementar el conocimiento sobre la riqueza, ecología, estado de conservación y uso actual de las especies de orquídeas nativas en Cundinamarca, y generó herramientas tecnológicas de cultivo con fines de aprovechamiento sostenible y preservación.

A su vez, esta iniciativa fue uno de los capitales más importantes para el departamento, pues contribuyo a un muy buen posicionamiento en el tema de biodiversidad, mediante una estrategia de apropiación del conocimiento dirigida a los diferentes actores asociados al aprovechamiento de las orquídeas, con énfasis en los productores de plantas.

 

Un solo camino, tres fases

 

A tres años de la implementación del proyecto, que fue dividido en tres fases, los resultados evidenciaron su impacto. En la fase inicial, el trabajo estuvo enfocado en varios aspectos: en primer lugar, se fortaleció la información disponible acerca de la riqueza de especies de orquídeas en el departamento, reportando 1003 especies nativas, representadas en 161 géneros, y consolidando una base de datos con más de 6000 registros.

Se determinó que de las 1003 especies nativas, 38 se encuentran bajo alguna categoría de amenaza, en su mayoría debido a las actividades extractivas del medio natural y a la pérdida de hábitat; y solo 77 especies cuentan con una evaluación de estado actual de conservación.

Además, fue presentado un análisis acerca del conocimiento de 87 especies endémicas de la zona, concluyendo que el 44 % de ellas tiene información escasa en cuanto a su distribución, lo cual demanda esfuerzos que verifiquen si aún permanecen en los sitios donde existen registros históricos.

En segundo lugar, se realizó una caracterización del aprovechamiento de orquídeas en los municipios de San Antonio del Tequendama, Fusagasugá y alrededores. El análisis posterior identificó como principal actor beneficiario a los productores, los cuales fueron diferenciados en dos grupos: aquellos dedicados al cultivo de este grupo de plantas como actividad principal, y quienes las cultivan junto a otras especies.

Se identificaron, también, otros actores dedicados a la conservación y del sector político-institucional; aquí se resaltó la importancia de fortalecer las relaciones entre estos y los productores. En adición fue expuesto un panorama general sobre la cadena de distribución de las orquídeas, desde su producción en la región hasta la venta a los compradores finales.

En tercer lugar, como un aporte a la articulación entre la información biológica y de carácter social y económico, se elaboró una lista de 91 especies de orquídeas cultivadas en 55 viveros de San Antonio del Tequendama, Fusagasugá y zonas aledañas, de las cuales 69 son nativas de Cundinamarca. Algunas de las más comunes fueron Cattleya, Miltoniopsis vexillaria y Phragmipedium.

Por otro lado, a partir de la información reunida durante las visitas a los viveros y de la revisión de literatura científica, se construyó la caracterización de las prácticas de aprovechamiento y manejo de las orquídeas registradas y, a su vez, los principales requerimientos ambientales para su adecuado cuidado.

Y en cuarto lugar, se entregó una recopilación sintetizada de más de 49 normas y 11 políticas, planes o estrategias que regularán el aprovechamiento sostenible de la flora ornamental del país, con énfasis especial en las orquídeas silvestres de Cundinamarca, esto con el fin de que quien quiera formalizar su actividad productiva, lo pueda consultar. A partir de esta información y del diálogo con diferentes actores se dispuso un análisis de los límites existentes para la implementación de los instrumentos normativos, también se hicieron algunas recomendaciones relacionadas con su difusión, aplicación y actualización.

En la segunda fase del proyecto, las estrategias se dirigieron a la generación de nuevo conocimiento sobre las poblaciones silvestres, aspectos genéticos y de propagación tradicional e in vitro de un grupo de especies de orquídeas priorizadas por su potencial de aprovechamiento sostenible. La metodología desarrollada para la priorización consideró aspectos sobre la distribución, ecología, uso y características morfológicas de las especies de orquídeas.

Una tercera fase del proyecto estuvo dirigida a realizar una estrategia para la apropiación del conocimiento generado, por parte de los diferentes actores en el departamento. Lo anterior se promovió a través de socializaciones, talleres, capacitaciones y dos publicaciones digitales que compilaron los resultados obtenidos, las cuales están disponibles ahora para descarga gratuita y consulta en la web del Instituto Humboldt: Orquídeas de Cundinamarca. Conservación y aprovechamiento sostenible; y Guía para la identificación y el cultivo de algunas especies de orquídeas nativas de Cundinamarca.

En conclusión, los resultados obtenidos a través del desarrollo de este proyecto hacen visibles a los diferentes actores e iniciativas que contribuyen a la conservación de las orquídeas del departamento y los insta a continuar con dicha labor. También se convierte en una invitación a los interesados en estudiar y aprovechar estas plantas, a alinearse con las acciones necesarias que aseguren su sostenibilidad.

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El Reto Sostenible - Sostenibilidad Inclusiva Para el Desarrollo

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El Reto Sostenible
Sostenibilidad inclusiva para el desarrollo

Bogotá, D. C. 12 de junio de 2017

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Por primera vez, en América Latina, se realizará la Conferencia anual de Investigaciones para el Desarrollo Sostenible, actividad académica que reflexiona y discute acerca de los retos y esfuerzos que exige alcanzar la sostenibilidad.

La Conferencia, organizada por The International Sustainable Development Research Society (ISDRS) y la Facultad de Administración de la Universidad de Los Andes (Uniandes), se realizará en Bogotá entre el 14 y el 16 de junio de 2017. Durante la agenda académica se presentarán investigaciones y conclusiones en cuanto a avances en sostenibilidad inclusiva.

La intención, entre otras, será comprometer con firmeza a la academia, al sector privado, los gobiernos y las comunidades en el logro de un desarrollo sostenible. Por tal motivo, el Congreso ha incluido entre sus conferencistas a Rafael Pardo, ministro del Posconflicto; Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, y a los profesores Manuel Rodríguez –Facultad de Administración Uniandes-; Alfonso Reyes -decano de la Facultad de Ingeniería Uniandes-; Bert de Vries, de Utrcht University; Miguel Pinedo, de Columbia University; Paul Welsh, de Trinity College; Emma Torres, de Naciones Unidas; y OllawaleOlayive, de Nigeria.

Durante tres días, la Facultad de Administración, presentará alrededor de 273 investigaciones y 39 posters seleccionados bajo criterios académicos y con autoría académico de profesores, estudiantes de doctorado e investigadores nacionales y extranjeros.

Los temas, abordados desde la sostenibilidad, incluyen post-conflicto; desarrollo bajo un enfoque interdisciplinario y como ciencia básica y aplicada; presiones y límites de los ecosistemas; cambio climático y energía; uso sustentable de la tierra; ciudades; innovación en las organizaciones; sociedad; ruralidad; arte; comunidades indígenas y afrodescendientes; calidad de vida; gobernabilidad del agua; política y economía; y gestión de las instituciones.

 

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Pensar el campo colombiano en tiempos de paz, ¡sin los errores del pasado!

simposio rural

“La gestión de la biodiversidad no se entiende como parte del desarrollo rural integral”, así lo manifestó Brigitte Baptiste, directora general del Instituto Humboldt, durante su intervención ante académicos, estudiantes y público no especializado, reunidos para analizar los retos de una reforma rural integral en la construcción de paz.

Asuntos relacionados con cambios sociales, ambientales y de sostenibilidad, así como el reconocimiento al rol de las comunidades rurales en la gestión de los ecosistemas, acompañaron sus reflexiones.

Sostenibilidad en la realidad rural colombiana

Según Baptiste, el país asocia el desarrollo rural integral con la producción campesina y desconoce las prácticas heterogéneas que las culturas han desarrollado en los ecosistemas, invisibilizadas por años de conflicto armado interno y el distanciamiento y ruptura entre las disciplinas académicas, las cuales merecen reconocimiento e inclusión.

“Desde el punto de vista de la biodiversidad, Colombia es un país privilegiado, con condiciones únicas de diversidad biológica a nivel genético, de especies, comunidades y ecosistemas, lo cual indudablemente tiene que marcar una cualidad para el desarrollo rural que hasta el momento no siempre ha sido explícita”, declaró Brigitte.

También, mencionó que el tránsito hacia un desarrollo rural integral sostenible no es una tendencia reciente en el mundo: “la noción de sostenibilidad existe hace varias décadas. Lo nuevo es el deseo de recopilar los aprendizajes al respecto, que funcionan en muy diversas escalas y a veces de manera contradictoria, pues aquello que resulta sostenible para un pequeño productor a la escala de su predio no necesariamente lo es a otros niveles”.

Para ella, la aspiración de un desarrollo rural integral apunta hacia la sostenibilidad en un contexto distinto al de hace cinco décadas, cuando críticas muy marcadas al modelo de desarrollo de entonces dieron origen, entre otros factores, a la insurgencia y a la violencia, aspectos que deben considerarse para evitar los errores del pasado.

Al respecto, Baptiste dijo: “El modelo de desarrollo planteado para el posconflicto debe aprovechar las lecciones aprendidas y plantear un salto cualitativo para no hablar de las mismas metas y condiciones de los años 70. Una de las cosas que nos preocupan, por ejemplo, es la indudable necesidad de construir vías tercerías para incorporar a la población rural a los mercados y darles acceso a todos los servicios del Estado”.

Otro aspecto que le preocupa es el cambio climático y los daños acumulados en el medio ambiente: “La vulnerabilidad de las poblaciones rurales es muy distinta a la de hace 30 o 40 años no solo por eventos climáticos extremos como inundaciones, avalanchas, incendios forestales, etc., sino también por la misma actividad productiva que ha generado más vulnerabilidad y en otras ocasiones resiliencia en la diversidad biológica”.

Recordó, además, la realidad a la que nos enfrentamos, y que amerita atención en torno al desarrollo rural integral, en lo relacionado al daño ambiental acumulado en años de contaminación por agroquímicos, mercurio en el agua, minería, desechos industriales, plásticos, micropartículas en los suelos, sedimentos en el fondo oceánico e “innovaciones tecnológicas gigantescas sin suficiente análisis, las cuales generan riesgos y oportunidades para las distintas formas de desarrollo rural, algunas de ellas con implicaciones importantes en la gestión ambiental y de la biodiversidad”.

Más allá de la discusión sobre transgénicos y semillas, tema que está sobre la mesa y que no pasa inadvertido, Baptiste invitó a mantener los ojos puestos en la bioseguridad y las invasiones biológicas. Para finalizar, destacó los cambios sociales en las familias rurales: “la de hoy es una familia que tiene una forma distinta de hacer las cosas, donde la mujer, los jóvenes, ancianos o la diversidad étnica juegan un rol específico y marcan muchísimo el desarrollo rural”.

Conectar saberes locales con decisiones globales

En cuanto al rol de las comunidades campesinas en la gestión de los ecosistemas, la Directora del Humboldt sostuvo que existen cualidades invisibles del desarrollo rural o de las sociedades rurales que al evidenciarlas promueven la construcción de proyectos y visiones novedosas de dicha ruralidad.

En sus palabras, “el desarrollo rural es mucho más que la producción de alimentos”. Más allá de que nuestras sociedades rurales han liderado la gestión del territorio y el manejo de los ecosistemas en favor de la sociedad, de los colombianos e incluso de la sociedad global. Y concluye: “Las sociedades campesinas, indígenas, comunidades negras, pescadores, etc., mantienen la funcionalidad de los ecosistemas a través de sus actividades y preceptos. Así han garantizado una regulación hidrológica, polinización y ciclado de nutrientes”.

De ello dependen las ciudades. El 75 % de la población colombiana que hoy las habita absorbe y consume servicios ecosistémicos o contribuciones de la naturaleza al bienestar humano, mediadas por las sociedades rurales. Así lo señaló: “Hay una discusión alrededor de los campesinos habitantes de páramos. Ellos llevan décadas allí y son expertos en ecología del lugar. Algunas de sus prácticas responden a la dinámica ecológica y otras chocan con estas ante una realidad de miseria y de deficiencia productiva”. Este panorama demanda un trabajo con estos actores en el manejo de fondo de los ecosistemas.

Ante las preguntas: ¿cómo compensar dicho trabajo?, ¿cómo reconocer lo indispensable de las comunidades campesinas en la conservación por el bienestar colectivo?, Brigitte respondió que “en ese reconocimiento se plantea la necesidad de entrar en esquemas de pago por servicios ecosistémicos, una noción ambigua pues no sabemos qué se paga: la administración ecológica, la provisión de un servicio o la mercantilización de la naturaleza. Necesitamos revisar otras formas de trasferir capacidades a las comunidades rurales y reconocer su rol mediante inversiones directas en educación, calidad de vida u otro tipo de transferencias que generen equidad y más simetría entre las responsabilidades de gestión del territorio”.

Como conclusiones generales, Brigitte Baptiste reconoció la diversidad cultural de un país como el nuestro con más de 100 tradiciones diferentes entre los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y campesinas que, incluso, no están cartografiadas de forma correcta desde el punto de vista de su heterogeneidad: “esto, en un territorio con un área como la de nuestro país, representa un acervo importantísimo de sistemas de conocimiento gestados adentro de la diversidad biológica, que ha evolucionado y construido modos de vida y estrategias adaptativas”.

Desde su perspectiva no se trata solo de sistemas simbólicos y construcciones narrativas de la realidad, sino un conjunto de prácticas y modos fundamentales de entender el mundo para su adecuado funcionamiento, donde cada tradición dispone de un potencial para gestionar el territorio a partir de un trabajo multicultural que debe incluirse en los retos de la integralidad.

La directora del Humboldt aprovechó, además, para pedir a Colciencias que ejerza un rol primordial en la financiación de varios modelos de conocimiento por las múltiples perspectivas de innovación y de trabajo con la biodiversidad presentes en la sociedad colombiana.

Sobre el hecho, aseveró: “necesitamos un mecanismo de gestión de conocimiento que circule libre y a disposición de los colombianos para conservar y capturar los aprendizajes históricos, corregir aquellos elementos de insostenibilidad que son evidentes y están vinculados con políticas equívocas, falta de información, adopción de tecnologías aún no evaluadas y, en fin, reconocer que hay historia de la gestión ambiental y del desarrollo rural muy útil en estos momentos para las decisiones que tomemos en los próximos años”.

Su reflexión finalizó refiriéndose a Colombia, el país de la megadiversidad, y sus aportes al planeta Tierra desde los servicios ecosistémicos y la protección del patrimonio genético; asimismo los modos de vida y culturas colombianas, los cuales le proveen garantías y capacidades adaptativas al cambio climático como insumo en la construcción de equidad y justicia ambiental. Para ella, conectar la actividad local con las grandes decisiones globales es parte de la política ambiental y de desarrollo rural integral en el mundo.

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