Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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Humedales y su aporte frente a los efectos del cambio climático



Foto: Carolina Alcázar / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad



El cambio climático es una de las realidades más urgentes a las que se enfrenta la humanidad y el planeta, razón que inspira el tema de la edición 2019 del Día Mundial de los Humedales, destacando su rol principal en la solución natural para enfrentar este fenómeno.

Según la Convención sobre los Humedales (Ramsar), pese a todos los servicios esenciales que brindan estos ecosistemas, en el último siglo el mundo perdió el 64 % de los humedales, y continúa su descenso a un ritmo del 1 % anual, porcentaje mayor a la tasa actual de deforestación.



Foto: Felipe Villegas / Instituto Humboldt

En Colombia, cerca del 95 % de la transformación de los humedales se debe a la actividad ganadera (63,7 %), la deforestación (15,9 %) y la agricultura (15,3 %).



En cuanto a la mitigación, los humedales sirven como sumideros de carbono al capturar cerca del 40 % de los gases de efecto invernadero generados en el planeta; por lo tanto, su destrucción, afectaría el proceso de captación de dichos contaminantes que viajarían libres por la atmosfera, reteniendo el calor (con implicaciones en el calentamiento global y en el incremento de las temperaturas), hasta afectar el sistema climático y las relaciones entre las personas y los ecosistemas.

Otros aportes en el ámbito de la mitigación y la gestión de riesgos están asociados a la estabilización de costas y la regulación de la cantidad y calidad del agua; son la primera barrera de defensa contra la acción de huracanes y tormentas severas, disminuyen el impacto por fuertes vientos y suministran recursos para el consumo.



Foto: Luis Fernando López / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad

En Colombia, de las 30 millones de hectáreas (ha) que se identificaron en un comienzo, el 24 % de las zonas con características de humedal, o evidencias de haber sido humedal en el pasado reciente, fueron transformadas.



En tiempos de cambio climático, el privilegio de Colombia como país de agua, debería considerarse un factor fundamental de adaptación y defensa para el bienestar humano a largo plazo y, por tanto, de interés superior al definir políticas de desarrollo compatibles con la conservación de los ecosistemas y la resiliencia frente a impactos climáticos.

Acerca del tema, la publicación del Instituto Humboldt Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, en el apartado Persistencia de territorios anfibios, ofrece un análisis al detalle del estado y tendencias de estos ecosistemas estratégicos, y destaca la oportunidad que tiene el país en cuanto a los humedales y el cambio climático en su tránsito hacia el equilibrio económico, ambiental y social.




Foto: Luis Fernando López / Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad

De 1122 municipios que tiene el país, 1100 tienen humedales; 30 de estos registran más del 70 % de su territorio cubierto de humedal.



El Instituto Humboldt sugiere un reconocimiento de la extensa superficie de humedales del país como una ventaja comparativa instalada para la adaptación al cambio climático, basada en los ecosistemas y en las comunidades, y como sumideros de carbono que contribuyen, en simultánea, a la mitigación.

Asimismo, menciona que deben identificarse aquellas áreas transformadas que podrían ser restauradas o recuperadas para mejorar la capacidad de control de inundaciones frente a los eventos extremos del clima y los impactos del cambio climático, conformando así territorios anfibios seguros.

Finalmente, hace un llamado a considerar a todos los humedales del país como estratégicos y, por lo tanto, merecedores de una gestión sostenible, dada la tendencia a concentrar la atención solo en aquellos catalogados de importancia internacional, declarados bajo la Convención Ramsar.
Desde esta perspectiva, Colombia sigue en mora de generar conocimiento acerca de los efectos inminentes que trae consigo el cambio climático, a su vez, de potenciar soluciones innovadoras desde la naturaleza, que los humedales como ecosistemas estratégicos pueden aportar para la adaptación y la mitigación.
En la conmemoración de los humedales del mundo, su contribución al bienestar humano y a contrarrestar los efectos del cambio climático, el Instituto Humboldt invita al Estado y a la sociedad colombiana a promover una gestión de conocimiento en los territorios del agua y las formas de vida de los pobladores en los suelos anfibios, y al reconocimiento de su riqueza cultural y del valor espiritual como base de la gestión y de la gobernanza en un ámbito de conservación.



Información consultada para la elaboración de este artículo:
- Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, capítulo 2: Persistencia de territorios anfibios
- Humedales y cambio climático (Ramsar)
- Colombia anfibia, volumen 1
- Humedales ante el cambio climático
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Instituto Humboldt propone al país diez procesos de cambio para alcanzar la sostenibilidad

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Bogotá, D.C. 04 de diciembre de 2018

 


Foto: Instituto Humboldt


•  El Instituto Humboldt pone a consideración sus conclusiones y sugerencias tras realizar un análisis a diez puntos neurálgicos sobre la biodiversidad actual colombiana, con el fin de abrir el diálogo y el debate público con el Gobierno nacional, los sectores productivos y la sociedad civil, e iniciar así la inevitable y urgente transición de Colombia hacia la sostenibilidad.

•  La propuesta identifica estado, tendencias recientes, obstáculos y oportunidades en la gestión sostenible de la biodiversidad, y hace un llamado de emergencia para la puesta en marcha de políticas y acciones en los planes de desarrollo nacional, regionales y locales, asimismo en los compromisos pactados en el Acuerdo de Paz.


•  Los resultados de la investigación, compilada en el informe Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad, están desde ahora a disposición de los colombianos, en formato digital, para consulta y descarga gratuita en el sitio web del Instituto Humboldt.


El tránsito de Colombia hacia la sostenibilidad es necesario e inevitable, y requiere del diseño, planificación y puesta en marcha de espacios posibles para la biodiversidad en el futuro de las ciudades, los paisajes rurales y la agroindustria. Así lo sugiere el reciente análisis realizado por expertos del Instituto Humboldt, cuyas conclusiones fueron entregadas al Gobierno para su consideración en el Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022), que se encuentra en construcción, y que serán puestas a disposición del ámbito público y privado y en los colectivos locales y regionales con el fin de alcanzar acuerdos en un gran plan de gobernanza ecológica y social de los territorios.

Se trata de diez puntos estratégicos o procesos de cambio, llamados Transiciones Socioecológicas hacia la Sostenibilidad, de importancia decisiva para obtener un estado nacional de bienestar que modifique la inconveniente trayectoria actual del país en materia ecológica y social. Estos son: la transformación de las áreas silvestres; la persistencia de territorios anfibios; la creación y administración de “naturalezas protegidas”; la resistencia cultural y el reconocimiento de territorios étnicos y otras colectividades; la conformación y permanencia de los paisajes rurales campesinos; la estabilización y reconversión de territorios ganaderos bovinos; el establecimiento y ampliación de los paisajes agroindustriales; la conformación de enclaves y expansión de las áreas de desarrollo minero y energético; la creación de centros urbanos y su integración en sistemas regionales; y la degradación de la tierra y la necesidad urgente de hacer rehabilitación y restauración ecológicas.


En cada uno se identificaron las tendencias, oportunidades, retos y obstáculos que enfrenta la gestión de la biodiversidad colombiana en medio de un escenario actual de transformaciones sociales y ecológicas. A continuación, se presentan algunas conclusiones de la información elaborada por el grupo de expertos:

 
1. Transformación de áreas silvestres. Prestar especial atención, en etapa de posacuerdo, a las áreas silvestres en las fronteras de ocupación campesina en el bosque húmedo tropical para efectos de sustitución de cultivos ilícitos y construcción de infraestructura, de tal suerte que no aumente la ya alarmante deforestación.

Incorporar todas las áreas protegidas del país en el ordenamiento territorial, considerando no solo páramos y humedales, sino, también, otros ecosistemas tales como las sabanas, zonas semiáridas y todo tipo de bosques. 
Considerar la gestión comunitaria de áreas forestales, en especial en fronteras de ocupación campesina y aquellas del posacuerdo, como una gran oportunidad para generar bienestar humano asociado con la conservación y restauración de ecosistemas forestales degradados.
 
Los conflictos socioambientales en torno a los bienes y servicios que ofrece la naturaleza son un claro obstáculo para un tránsito hacia la sostenibilidad. Urge un diálogo entre las distintas visiones del uso y transformación de la biodiversidad con el fin de identificar los umbrales de cambio aceptables y las tareas comunes que lleven a una gestión efectiva.
 
La falta de articulación institucional en los programas de Gobierno, fundamentalmente aquellos dirigidos al desarrollo de infraestructura o extracción de recursos nacionales, pone en riesgo el mantenimiento de las áreas naturales o seminaturales del país. La institucionalidad del país, en pleno, debe ponerse al servicio del desarrollo sostenible, como objetivo nacional.
 
Se requiere incorporar la gestión de áreas silvestres en los procesos de desarrollo urbano y en los indicadores de calidad ambiental. Por otra parte, preocupa el desconocimiento del aporte ancestral desde el punto de vista de sistemas productivos y formas de producción.

 
2. Persistencia de territorios anfibios. De los 1.122 municipios de Colombia, 1.100 tienen humedales, y 30 de ellos tienen más del 70 % de su territorio en zonas inundables. En el país, no existen figuras jurídicas suficientes que permitan modalidades de gobernanza, apropiación y manejo adecuado de la biodiversidad por parte de la población humana que habita los llamados territorios anfibios.
 
Es imperativo el diseño de paisajes anfibios para mantener y limitar las actividades productivas, logrando una estructura y funcionamiento de los humedales acordes con la conservación de su carácter ecológico y biodiversidad características.  
Otro reto prioritario es llevar a cabo procesos de planificación estratégica para el sector hidroeléctrico, de tal manera que la ubicación de los proyectos pueda definirse de acuerdo a los impactos acumulados como resultado de la regulación de los flujos y pulsos del agua, pues de otra manera podría ponerse en riesgo la prestación de servicios que ofrece la naturaleza para el bienestar de las poblaciones aledañas a los proyectos.
 
Es necesario otorgar derechos de ocupación y uso a poblaciones humanas, incorporados a las estrategias de gobernanza en los sistemas de áreas protegidas y por fuera de ellas, ante ausencia de estructuras organizacionales legitimadas para la gestión de los recursos naturales y los espacios en humedales, lo que limita la gestión basada en ecosistemas y comunidades.

Es importante el reconocimiento de la extensa superficie de humedales como una ventaja comparativa instalada para la adaptación al cambio climático, en este caso basada en los ecosistemas y las comunidades. Del mismo modo, reconocer estos hábitats como sumideros de carbono que contribuyen, también y en simultánea, a mitigar los efectos causados por este fenómeno mundial.
 
Es indispensable revitalizar la política de manejo de humedales interiores del país y extenderla a los estacionales como sabanas inundables, playones y humedales forestales.
 
Preocupa la apropiación ilegal e impune de muchos espacios de humedal, un problema de fondo que impide un manejo efectivo por parte de las autoridades ambientales, y debe enfrentarse evitando su titulación como “tierras” mal habidas.
 
No existe una política específica para la gestión social y ecológica de los ríos del país, limitando, en este sentido, una visión integral de los espacios de agua.

 
3. Creación y administración de “naturalezas protegidas”. Es vital incluir la figura de Sistemas Regionales de Áreas Protegidas (Sirap) a nivel local y comunitario; así mismo, otras estrategias de conservación in situ de la biodiversidad que contribuyen al aumento de la conectividad y mejoran la adaptación al cambio climático.
 
Dado que el 90 % de los municipios definidos para el posacuerdo cuentan con parte de su territorio en áreas protegidas, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), planteados en el acuerdo de paz con las Farc-EP, pueden convertirse en instrumentos que permitan establecer actividades de uso sostenible asociadas al (Sirap).
 
Es esencial formular una estrategia de control territorial y gestión de las áreas protegidas que complemente la figura institucional de administración actual. Es momento de explorar otras posibilidades como concesiones de conservación, comodatos, áreas protegidas a cargo de actores locales y comunitarios o empresariales, etc., que podrían fortalecer los instrumentos existentes y definir de modelos de gobernanza, privados o comunitarios, para los territorios campesinos.
El “catastro multipropósito”, que hace parte de los acuerdos de La Habana, así como las políticas de distribución de tierras pueden ser una oportunidad para la consolidación de la gestión de áreas protegidas. En muchas de ellas se carece de información y registro de los predios existentes.
 
En cuanto al turismo en áreas protegidas se hace necesario revitalizar una política nacional de uso público de estas zonas. Si bien existen dispositivos legales y esfuerzos para el manejo de los visitantes, en perspectiva del aumento de la demanda por visita, apremia la creación de destinos, generación de beneficios locales y la construcción de infraestructura adecuada tal como albergues, centros de visitantes, senderos, entre otros.
No puede postergarse el reconocimiento a otras estrategias de conservación in situ, y su articulación al ordenamiento territorial; esta posibilidad puede convertirse en la forma de involucrar más activamente a la población en la gestión de la biodiversidad, fortaleciendo las diferentes formas de gobernanza.
 
Las considerables superficies de tierras manejadas con objetivos de conservación en predios propiedad de empresas que suministran servicios o productos del agro, podrían, previa evaluación, considerarse como aportes privados a los objetivos de conservación nacional.
Es perentoria la creación de alianzas a largo plazo entre los institutos de investigación del sistema Nacional Ambiental (Sina) y la academia para la investigación y gestión del conocimiento asociado con el manejo de las áreas protegidas. Tenemos aquí una deuda con el país.
 
Alarma el déficit notorio y creciente en la gestión de la implementación de áreas protegidas; los mecanismos financieros son insuficientes. Si se innovan formas de gobernanza y fuentes de financiación para administrarlas podría suplirse una parte del vacío en el establecimiento de políticas.
 
Inquieta el hecho de que la conservación de las áreas protegidas en Colombia carezca de mecanismos de compensación fiscal para los municipios que las poseen.
 
Debe debatirse la posibilidad de extender exención de impuesto predial, y otros esquemas relacionados con Pagos por Servicios Ambientales, para todas las áreas declaradas como Reservas Privadas de la Sociedad Civil reconocidas en la legislación nacional.
 
Si bien los (Sirap) se han fortalecido como espacios de gestión, estos no se enfocan de manera suficiente en generar procesos de conectividad funcional mediante una adecuada integración de las áreas protegidas en la planeación de los paisajes.
 
En muchos espacios de gestión de las áreas protegidas quedan excluidos los actores locales y los representantes de la sociedad civil, así como los dueños de predios privados, las empresas, las comunidades, etc., por no ser reconocidos como actores del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap).
 
En muchos casos las comunidades se niegan a que sus territorios sean declarados áreas protegidas, y lo anterior obedece a una gran invisibilización de la población rural, por ejemplo en ecosistemas de páramos y de ríos y humedales, que les impide sumar su identidad y aspiraciones a las iniciativas nacionales de conservación.
 
Para enfrentar presencia de poblaciones humanas dentro de las áreas naturales protegidas, Colombia carece de información suficiente al respecto, no existe un catastro completo ni una evaluación del impacto de esta ocupación sobre los objetivos de conservación.

 
4. Resistencia cultural y reconocimiento de territorios étnicos y de otras colectividades.
La mayoría de las regiones donde están ubicados los territorios colectivos presentan altos valores de biodiversidad, lo que representa una oportunidad para la generación y consolidación de beneficios sociales basados en la naturaleza.
 
Otra oportunidad que tienen las comunidades y pueblos que habitan estas zonas es el derecho de la consulta previa, un mecanismo importante para evitar deterioros ambientales y culturales en los territorios. No obstante, en algunos casos, estos mecanismos de participación pueden convertirse en parte del conflicto cuando es usada de manera indebida, o simplemente burlada, por parte todos los actores externos e internos involucrados con los territoritos (Estado, particulares, líderes o autoridades comunitarias en ejercicio indebido de su autonomía y de los mecanismos de gobierno propio).
 
Una enorme oportunidad para hacer conservación desde las poblaciones también se presenta en la gestión de áreas protegidas del Sistema Nacional de Parques Naturales de Colombia (SNPNN), a través de los Regímenes Especiales de Manejo (REM) y la creación de parques por solicitud de las comunidades, hecho que ya ha sucede en extensas zonas del país.
 
Las lógicas diferenciales de producción y consumo de las comunidades étnicas son otra oportunidad para la gestión de la biodiversidad, a través del fortalecimiento cultural y territorial basado en conocimiento tradicional, ancestral y local.
 
El capítulo étnico, incluido en el acuerdo final de paz entre las Farc-EP y el Gobierno nacional, es una oportunidad para gestionar el territorio teniendo en cuenta el derecho a la autonomía, autodeterminación y reconocimiento de la función de autoridad ambiental que protege, conserva y usa de manera sostenible la biodiversidad. En este marco, los pueblos étnicos deben ser beneficiarios de las medidas de acceso a tierras sin detrimento de los derechos adquiridos, adjudicación de predios y procedimientos de formalización en la constitución, creación, saneamiento, ampliación, titulación, demarcación, restitución y resolución de conflictos de uso y tenencia de las tierras. Para todos estos casos es evidente que los pueblos étnicos pueden demostrar, desde la práctica, la función ecológica de la propiedad, también que a las formas propias y ancestrales de relacionamiento con el territorio se antepone la no explotación.
 
El reconocimiento formal del Estado colombiano al ejercicio de autoridad ambiental de parte de los grupos indígenas y afrodescendientes permitiría aportar a las estructuras formales de gobierno las experiencias de gobernanza de los territorios por parte de estas comunidades.
 
Se necesita mayor conocimiento científico sobre la biodiversidad de los territorios colectivos y el reconocimiento de los saberes propios de las comunidades como aporte valioso e indispensable a los sistemas formales de gestión del conocimiento de la biodiversidad.
 
Dos aspectos preocupantes: la pérdida de recursos naturales, o de acceso a ellos, en tierras colectivas de menor tamaño o con influencias externas severas que lleva al aumento de la inseguridad alimentaria de las poblaciones. Y el insuficiente reconocimiento de las formas de vida, como respuestas actuales o potenciales a la adaptación al cambio climático, que sin duda aumenta la vulnerabilidad social y ambiental ante agentes externos.
 
El retraso en la titulación o ampliación de territorios colectivos, o su negación, cuando son áreas de interés económico por parte del Estado, se constituye hoy en uno de los obstáculos para el tránsito del país hacia la sostenibilidad.

 
5. Conformación y pervivencia de paisajes rurales campesinos. El tránsito de los territorios rurales a la sostenibilidad, asociado con el posacuerdo, puede verse afectado por las dificultades en la implementación de los acuerdos de paz.
 
La implementación de la Reforma Rural Integral (RRI) contenida en el punto 1 del Acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc-EP. Allí se incluye la creación de un Fondo de Tierras, el establecimiento de los planes de desarrollo con enfoque territorial, la construcción de planes nacionales para la reducción de la pobreza extrema y el impulso a la seguridad alimentaria implica posibilidades importantes para el ordenamiento ambiental y productivo de amplias zonas del país.
 
Dado su conocimiento en el uso, manejo y gestión de la biodiversidad, asociaciones, cooperativas, agremiaciones y otras formas organizativas son una oportunidad para la sostenibilidad de los territorios rurales. El fortalecimiento de las formas locales de conocimiento, en un contexto de diálogo de saberes, permitirá integrar a la comunidad científica en su validación formal. Una forma de avanzar en esta tarea es la extensión de las iniciativas emergentes de “ciencia ciudadana” con las comunidades rurales del país.
 
Para la población del campo, las Zonas de Reserva Campesina se consideran como una oportunidad y, por fuera de ellas, posibilidad de que los campesinos manejen parte de sus territorios bajo figuras de conservación, por ejemplo, a través de la declaración autónoma de Reservas Privadas de la Sociedad Civil o el reconocimiento, por parte del Estado, de áreas protegidas campesinas.
 
Un aspecto muy importante de la transición hacia la sostenibilidad en territorios rurales campesinos está en la gestión forestal, en el manejo directo de los bosques naturales remanentes, en el enriquecimiento de bosques secundarios o en la gestión directa de procesos de restauración ecológica, que incluyen componentes productivos forestales. Igualmente, sería favorable el desarrollo de figuras de gobernanza forestal comunitaria en casos en que la titulación implique la sustracción de áreas de reserva forestal.
 
Uno de los principales obstáculos para el tránsito hacia la sostenibilidad es la desigualdad en la propiedad de la tierra y, en especial, su concentración extrema, que son además causa de conflictos en los territorios rurales. A esto se suman otros como el que surge por el desarrollo de grandes industrias en el agro cuando se ven enfrentados a pequeños y medianos propietarios.
 
La formulación e implementación de políticas rurales, que privilegian la agricultura comercial y las actividades agroindustriales sobre la producción familiar, tienen potencial de entrar en conflicto con los territorios rurales campesinos. Es el caso de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (Zidres), que aumentan la producción agrícola y, así, tienen el potencial de afectar a los pequeños agricultores y asociaciones campesinas.
 
Gran parte de las políticas en ciencia y tecnología en el agro han sido orientadas hacia los sistemas de producción industrial y comercial. Poco, o insuficiente, ha sido el conocimiento generado para aumentar la eficiencia y sostenibilidad de las formas de producción de pequeños propietarios, sobre todo asociada con el mejoramiento de la calidad de vida, que no debería ser opuesto al aumento de la competitividad económica.


 
6. Estabilización y reconversión de paisajes ganaderos bovinos. La existencia de ganaderías que involucran el uso de diferentes pisos altitudinales en épocas diferentes, y cierto nivel de trashumancia, representa una situación que puede contribuir al manejo adaptativo de la montaña.

El potencial para reducir las emisiones, producto de la actividad ganadera bovina, amplio pues actualmente existen tecnologías y prácticas que contribuyen a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La dificultad está en su uso y aplicación pues no están muy difundidas. Si este tipo de estrategias son incorporadas al sector ganadero pueden reducirse entre el 18 y 30 % de las emisiones.
 
Cabe destacar, como aspecto positivo, que parte del gremio ganadero se comprometió, dentro del Plan de Desarrollo de la Ganadería Colombiana, a convertir cerca de 10 millones de hectáreas hacia programas con manejo de árboles y cambios en las coberturas y uso del suelo.
 
Por el contrario, preocupa que gran parte de los ganaderos sean propietarios latifundistas, representantes de una cultura ganadera en la cual priman el control territorial y el poder local o regional sobre la productividad.

En Colombia hay insuficiencia en la operatividad de incentivos, de varios tipos, para acelerar la reconversión ganadera del país hacia una mayor eficiencia social y ambiental.
 
Considerar la ganadería como un problema del “sector ambiental”, y no como una oportunidad en una parte enorme del territorio, lleva a que los conceptos e instrumentos de gestión de la biodiversidad no trascienden a fondo al Ministerio de Agricultura y a las instancias de investigación e innovación tecnológica para el agro.
 
Es probable que en el escenario de posacuerdo se busque promover el fortalecimiento de actividades ganaderas como alternativas económicas, con gran incertidumbre sobre sus sostenibilidad, generando altos riesgos para la biodiversidad y los beneficios de la naturaleza.

 
7. Establecimiento y expansión de paisajes agroindustriales. Muy positivo resulta que el Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agroindustrial Colombiano (Pectia) incluya elementos de gestión de la sostenibilidad para la agroindustria, objetivos estratégicos y líneas de acción en un horizonte de 10 años.

Destacable, además, la incorporación de la gestión de áreas naturales dentro de los emprendimientos agroindustriales a través del concepto de “diseño de paisaje agroindustrial”. Otra gran oportunidad de transición hacia la sostenibilidad se da con la incorporación de estándares de certificación internacionales para los productos de la agroindustria.


Deben difundirse y replicarse en el país las iniciativas de trabajo entre empresas de agroindustrias y resguardos indígenas con un enfoque inclusivo de sostenibilidad, por su gran potencial de expansión territorial.
 
Es muy importante hallar formas asociativas para que productores pequeños y medianos puedan sumarse a los grandes emprendimientos agroindustriales. Por otro lado, hay que prestar especial atención a la concentración de propiedad de la tierra por la percepción social negativa que se crea y alimenta frente a la industria del agro, entre otras razones porque restringe el uso que da la sociedad a áreas prestadoras de servicios ecosistémicos al interior de áreas privadas; también porque contribuye a restar legitimidad al desarrollo de la agroindustria basada en grandes inversiones de capital.
 
Es inconveniente continuar en un esquema de ensayo-error, en el que cada gremio, entidad e inversionista emprende proyectos a su gusto, según intereses particulares y siguiendo señales a veces equivocadas y coyunturales del mercado. Se requiere una planificación estratégica, con enfoque territorial, para el desarrollo de la agroindustria en el país.
 
Intranquiliza la carencia de un sistema de evaluación de impacto ambiental por iniciativas agroindustriales y, en consecuencia, del proceso de gestión ambiental para proyectos de agroindustria, entre otros motivos por la percepción de que los temas agroindustriales no tienen que ver con el sector ambiental.
 
Otro obstáculo hacia la sostenibilidad está en el predominio de tecnologías dirigidas a la maximización de las funciones económicas de las tierras agroindustriales y un relativo atraso de tecnologías y formas de conocimiento dirigidas a la gestión directa de los servicios ecosistémicos dentro de los procesos agroindustriales.
 
Hay que poner la lupa a los sistemas regulatorios, como la Ley Zidres, que no incorporan suficientemente criterios sociales y ecológicos en la promoción de usos de la tierra basados en agroindustria, pues terminarán por repetir los errores ecológicos y sociales que han traído consigo la intensificación del campo.
 
Es urgente introducir un concepto de diseño de paisajes agroindustriales en las zonas que planean transformarse, así como de restauración ecológica en las ya ocupadas, dirigido a recuperar y mantener los bienes de la naturaleza asociados con los procesos ecológicos y la biodiversidad.
 
La presencia, en los mercados internacionales, de actores que demandan altos volúmenes sin que cumplan requerimientos mínimos de salud humana y ambiental, es un desaliento (incentivo perverso) para la gestión de la biodiversidad.
 
Por último, aunque no es un sector aquí señalado, el desarrollo de las industrias forestales comerciales incluye patrones de monocultivo de especies exóticas, lo cual podría beneficiarse igualmente de la incorporación de una gestión de los servicios ecosistémicos y la biodiversidad, afín a la que aquí proponemos para los paisajes agroindustriales.

 
8. Conformación de enclaves y expansión de áreas de desarrollo minero y energético. Colombia debe consolidar los espacios de valor ambiental a nivel nacional que son objeto de exclusiones –páramos, ciertos humedales–, y tener una idea clara de los impactos locales y acumulativos no controlados en otro tipo de espacios de interés local como los ecosistemas terrestres, ríos o afloramientos kársticos, todos con su biodiversidad característica y beneficios sociales específicos.
 
Hay escaso seguimiento a las actividades derivadas de los procesos de restauración ecológica. Este tipo de iniciativas pueden ser una fuente de empleo importante a nivel local.
 
El sector petrolero ha hecho algunos avances notorios en la gestión ambiental, en especial en la exclusión concertada de áreas de exploración-explotación, que llevaron a la creación de algunas áreas protegidas. Este tipo de alianzas pueden replicarse en escalas regionales y locales cuando la gestión de la biodiversidad no se pueda mitigar o compensar.

 
9. Creación de centros urbanos e integración en sistemas regionales. Una tendencia actual es el aumento de la población urbana cambia la percepción de la naturaleza, produciéndose una mayor demanda por espacios verdes, áreas protegidas y, en general, por “naturalidad” en los espacios públicos o abiertos. Esta petición se traduce en políticas que incluyen herramientas con criterios de biodiversidad, entre ellos estructura ecológica urbana, infraestructura verde, parques lineales, espacio público y antejardines, que evidencian una tendencia y demanda temática por ciudades verdes.
 
Una oportunidad más para la sostenibilidad del país está en la existencia de un enorme espacio de promoción de la infraestructura verde asociada con desarrollo urbano, con potencial de impactar ciudades intermedias y centros urbanos en acelerado crecimiento a través de su inclusión como componente de los índices de calidad urbana.
 
En lo posible se debe hacer una revisión del concepto de compensación por pérdida de biodiversidad, cuando se desarrollen proyectos urbanos y lineales, para dar cuenta de impactos ambientales acumulados; esto permitiría acoger y potenciar oportunidades de gestión ambiental territorial asociadas con ambientes urbanos y construidos.
 
La creación y el reconocimiento legal de las áreas protegidas urbanas municipales y regionales tiene gran potencial de expandir la conservación y restauración de la biodiversidad, generando beneficios tangibles a grupos poblaciones mayores.
 
Los ambientes urbanos tienen especial potencial en la incorporación en la educación de programas sobre el territorio (geografía e historia) y de creación de conciencia pública sobre los problemas y oportunidades en la gestión ambiental.


Existe un desconocimiento generalizado de la importancia de la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en las ciudades, por lo que el reto principal es posicionarlos en la agenda urbana y urbana-regional.
 
La información acerca de biodiversidad en las ciudades es limitada, aunque creciente, y no se ha reconocido su importancia para la toma de decisiones. Es urgente consolidar información multiescala sobre los ambientes urbanos, con criterios sociales y ecológicos, que permitan incidir en la planificación urbana y regional.
 
La gran heterogeneidad social y ecológica de las ciudades colombianas genera la dificultad de contar con modelos estándar fácilmente replicables, referentes a la gestión de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.
 
La diversidad de relaciones entre ciudades y sus diferentes ecosistemas no se expresa ni se reconoce en la visión de desarrollo de las urbes, que actualmente son muy similares pues están limitadas y siguen sin reconocer la biodiversidad como eje fundamental para las decisiones de su territorio.
 
Las figuras para la declaración y gestión de áreas protegidas urbanas existentes son insuficientes y hay vacíos legales para que las autoridades ambientales las puedan declarar como parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap) y registrarlas en el (Registro único Nacional de Áreas protegidas (Runap).
 
Las consideraciones ambientales en las ciudades usualmente se centran a los temas abióticos medibles y no reconocen la biodiversidad urbana y los beneficios de la naturaleza. Es importante a ampliar las baterías de indicadores de calidad urbana a los espacios regionales, incluyendo la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, así como la apropiación social de los mismos.
 
Algunas áreas protegidas de carácter regional o nacional vienen siendo afectadas por procesos de urbanización en sus entornos. Es el caso de los parques nacionales Tayrona, Iguaque o Farallones de Cali, en los que aumenta la demanda por visitas cuando hay carencia de espacios verdes urbanos, cambiándose las relaciones con sus entornos. No existe una categoría de manejo tal como “área de amortiguación urbana” para estas áreas protegidas.
 
El reconocimiento de atributos de la biodiversidad (silvestre y manejada) en los entornos urbanos es lento. Predominan los procesos de artificialización –especialmente en sistemas acuáticos y anfibios–, aunque hay importantes iniciativas de renaturalización.

 
10. Aparición de paisajes degradados y emergencia de la rehabilitación y restauración ecológicas. La restauración ecológica es además de indispensable, costosa y los resultados son visibles a largo plazo. Sin embargo, debe considerarse que una transición de zonas degradadas a restauradas requiere de un esfuerzo sostenido y constante en el tiempo, lo cual no siempre está disponible en las agendas y planes de gestión, enmarcados en tiempos y ritmos políticos y electorales.

La comunidad científica ha resaltado que la restauración ecológica, tal como se está dando en Colombia, representa un conjunto amplio de casos heterogéneos que carecen de suficiente monitoreo, de tal suerte que no se puede establecer un concepto mínimo sobre su eficiencia y eficacia.
 

Muchos procesos de licenciamiento ambiental contienen ya requerimientos sobre restauración ecológica. Sin embargo, los mismos se hacen por medio de contratos de consultoría o suministro de servicios con paquetes de intervención de plantación de árboles y fragmentados. No se evidencia una adecuada gestión del conocimiento, que permita generar aprendizajes a partir las experiencias.
 
Para el grupo de expertos, el análisis contenido en el documento abre la conversación y el debate a todas las instancias de la vida nacional en torno a estos diez puntos neurálgicos actuales en la gestión de la biodiversidad del país y a los futuros posibles.
 
Todos, aclara el Humboldt, son susceptibles de modificación y mejora por medio de una construcción colectiva que refleje las realidades y necesidades de la heterogeneidad social y ecológica colombiana. 


Puede consultar la publicación haciendo clic aquí.
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Biodiversidad 2016. Estado y Tendencias de la Biodiversidad Continental de Colombia

Esta tercera entrega del reporte anual de la biodiversidad en Colombia profundiza en la línea editorial iniciada el año 2014 mediante nuevas propuestas analíticas y gráficas, con la intención de garantizar que la información llegue a todos los públicos y pueda ser discutida de manera amena sin sacrificio de calidad. La apuesta comunicativa sigue siendo central en el proyecto institucional y los nuevos lenguajes con los que estamos aprendiendo a conversar con la sociedad y las instituciones son un experimento que esperamos sea cada vez más satisfactorio: ya estamos construyendo la versión 2017 con el apoyo de las nuevas tecnologías digitales de manera que la potencia de la conexión vital colombiana se exprese en toda su capacidad. Por los contenidos es evidente que aún distamos mucho de tener una capacidad de seguimiento sistemático para la mayoría de temas relativos a la gestión de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, la única manera de evaluar si las medidas de política y las inversiones que realiza la sociedad están teniendo los efectos deseados. De hecho, parte de las limitaciones reconocidas por robustamente los cambios positivos o negativos que afectan los diferentes niveles de organización de la vida planetaria, por lo cual las mismas metas de Aichi, nuestra carta de navegación global, están pendientes de verificación. Un propósito adicional de este proceso es la invitación a todos los colombianos para contribuir con la construcción y alimentación de los indicadores básicos de seguimiento a la gestión, ya que es imposible identificar las tendencias de largo plazo en que están inmersas la flora y fauna colombianas sin el apoyo de las instituciones, los investigadores y los ciudadanos: en el país de la megadiversidad, el reto es inmenso. Por este motivo, este reporte irá abriendo sus páginas a expertos, incluso indígenas o de comunidades locales, para que presenten de manera sistemática y documentada sus perspectivas del cambio ambiental y sus efectos en la biodiversidad, con el ánimo de promover el compromiso de todos en su gestión. La única manera de superar el riesgo de extinción es mediante un activo proceso de aprendizajes sociales que haga que todos los sectores asuman una parte de la compleja responsabilidad que significa proteger todas las formas de vida del país, una décima parte mal contada de las planetarias. Agradezco a las decenas de personas que contribuyeron con este reporte, a quienes nos han apoyado en todas las etapas de producción y a sus lectores y usuarios, quienes son en último término los jueces de su utilidad.

 

La publicación se encuentra disponible para lectura en nuestro Repositorio Institucional.

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¿La biodiversidad como respuesta de adaptación al cambio climático?

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El cambio climático es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo y en Colombia es considerado el quinto motor de pérdida según la Política Nacional de Gestión Integral de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (PNGIBSE). Para la conservación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos es necesario hacerle frente a través de medidas de adaptación y mitigación. Es por esto que nuestro país se ha enfocado en la generación de “Planes Regionales Integrales de Cambio Climático” que incluyan criterios de biodiversidad y servicios ecosistémicos para evitar que los efectos del cambio climático sigan repercutiendo sobre la biodiversidad; de esta forma se busca el fortalecimiento del territorio nacional hacia un desarrollo sostenible y resiliente al clima.

Y es que para incidir en la toma de decisiones es fundamental establecer relaciones fuertes entre ciencia y política para de esta manera poder responder a las necesidades de los territorios donde el cambio climático afecta gravemente las funciones de los ecosistemas y sus servicios, perdiendo la capacidad de resiliencia y disminuyendo la calidad de vida de la población. Desde el Instituto Humboldt estamos trabajando en dos vías para lograr dicha incidencia: la primera vía es la convencional, donde se expresa el efecto de los cambios asociados al cambio climático en la biodiversidad y los servicios ecosistémicos; y la segunda vía es la innovadora, aquella en donde se refleja que a través de estrategias de adaptación y mitigación al cambio climático basadas en biodiversidad, se puede crear resiliencia para disminuir los efectos climáticos extremos.

Ahora bien, dada la importancia de este tema y aprovechando que cada 26 de marzo se conmemora el Día Mundial del Clima, elegimos el mes de marzo para que nuestros seguidores conocieran más sobre el cambio climático, qué es, cuáles son sus implicaciones, cómo se ven reflejados sus efectos en Colombia, entre otros aspectos que son fundamentales para entender el panorama actual. Por esa razón, durante estas semanas, hemos realizado diversas actividades alrededor del tema. ¡Síguenos en redes y comparte con nosotros todas las impresiones que tienes sobre el protagonista del mes!

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Biodiversidad como opción contra el cambio climático

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Debido a la alta vulnerabilidad nacional a los efectos del cambio climático, Colombia lidera, junto a otros países de la región, gestiones integrales ambientales que permitan hacerle frente desde diversas perspectivas: reducción de la deforestación, conservación y monitoreo de áreas protegidas, eficiencia energética, movilidad sostenible, entre otros.

A pesar de que los impactos del clima extremo afectan a la biodiversidad –incluyendo especies y ecosistemas–, se evidencia que la funcionalidad y estructura ecosistémica optimizan su capacidad de resistencia en el territorio, promoviendo el bienestar humano.

Por este motivo, el Instituto Humboldt avanza en la construcción de una línea institucional que, llevada a nivel nacional, aminore los efectos del cambio climático a partir de la resiliencia y adaptación de los ecosistemas y comunidades del país.
La línea dispone de dos documentos: el primero, aún en proceso de construcción, reúne los conceptos fundamentales para dimensionar la variabilidad climática y se socializará con las entidades que conforman el Sistema Nacional Ambiental (Sina) y actores sociales en el territorio nacional.

El segundo manuscrito presentará sugerencias para abordar el tema con un enfoque integrador, que contemple los impactos negativos de este fenómeno antropogénico en la biodiversidad y a la vez evidencie el potencial de la diversidad biológica como respuesta contundente a los efectos que trae consigo. “Un ecosistema promueve resiliencia porque está preparado para contrarrestar los impactos y, en caso de verse afectado, que sea lo menos posible” afirma María Eugenia Rinaudo, de la Oficina de Asuntos Internacionales, Política y Cooperación del Instituto Humboldt.

Lograrlo representa un reto más cuando no todos los sistemas biológicos del país están conservados (35 de los 81 identificados en el territorio nacional se catalogan “en peligro crítico” o “en peligro”, según la publicación Biodiversidad 2015. Reporte de estado y tendencias de la biodiversidad continental de Colombia. El 23,6 % del territorio continental colombiano presenta algún estado de alteración, degradación o destrucción: el 82,3 % y el 61,8 % corresponden a la región Caribe y Andina, respectivamente, de acuerdo con cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia(Ideam), por causa de factores relacionados con la densidad poblacional y la demanda de bienes y servicios ecosistémicos que generan procesos socioeconómicos y culturales tanto legales como ilegales: establecimiento de sistemas agropecuarios, explotación forestal, actividades industriales, minería, desarrollo urbano, desarrollo industrial, construcción de obras de infraestructura y de megaproyectos, e introducción de especies exóticas e invasoras.

Frente a este diagnóstico, una de las herramientas aliadas de la biodiversidad para contrarrestar las consecuencias del cambio climático es la restauración ecológica, que a través del estudio de ecosistemas degradados y procesos de restablecimiento por medio de técnicas como la revegetación, el manejo de cuidado de bosques, las obras de conservación de suelos, de mejora de hábitat para la fauna, labores hidráulicas, de estabilización de terrenos y taludes, de reconfiguración topográfica, de aplicación de enmiendas orgánicas a la superficie, de eliminación de especies invasoras y de uso de microorganismos, hongos, plantas o las enzimas, brinda herramientas para entender y afrontar la degradación de los ecosistemas.

Esta y otras estrategias de adaptación y mitigación incluirán y reconocerán, además, conocimientos tradicionales de comunidades indígenas y locales para crear procesos de incidencia y toma de decisiones con un enfoque de regionalización que promuevan la capacidad adaptativa y gobernanza a diferentes niveles territoriales, a la vez que integran diversos sistemas de conocimiento en torno a la biodiversidad y el cambio climático.

Esta iniciativa del Instituto Humboldt está alineada con la convergencia mundial entre ciencia y política frente a la variabilidad climática; también, se inscribe en el Plan Institucional Cuatrienal de Investigación Ambiental (Picia) que promueve la generación de conocimiento, a partir de la investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos, para tomar decisiones nacionales en materia de adaptación y mitigación al cambio climático.

A partir de lo anterior, el Instituto Humboldt coordina la realización de un Taller Nacional de Expertos con el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores y la Agencia Alemana para la Cooperación Técnica (GIZ). El evento está programado para los días 6 y 7 de octubre de 2016, con transmisión vía streaming en http://giz.salasvirtuales.info/.

En esta actividad participarán académicos, tomadores de decisiones, representantes de diversos ministerios, sector privado, representantes de la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente y líderes de comunidades indígenas y afrodescendientes. “La intención es sentarnos a debatir para identificar vacíos y necesidades nacionales en la materia pues todavía desconocemos cómo reaccionan ciertos ecosistemas nacionales frente al cambio climático y, por ende, necesitamos resaltar estrategias de innovación que pueden surgir desde las mismas comunidades por medio de la biodiversidad”, menciona Rinaudo.

Con charlas magistrales y paneles de discusión con un enfoque intersectorial se espera crear una Red de Expertos Nacional en Biodiversidad y Cambio Climático, que haga seguimiento y monitoreo a iniciativas similares y fomente propuestas científicas y políticas en el país.

Entre los asistentes al Taller están Luis Gilberto Murillo –ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible–, Hernando García –director (e) del Instituto Humboldt–, Rodrigo Suárez –director Oficina de Cambio Climático– y Tito Calvo –director técnico de la Dirección de Bosques Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del MADS, María Laura Rojas –coordinadora de Asuntos Ambientales de la Cancillería colombiana–, y Matthaeus Hofmann –coordinador del programa Políticas Ambientales y Manejo Sostenible de los Recursos Naturales para Colombia de GIZ– como participantes del panel de alto nivel.

Las conclusiones del encuentro serán enviadas a los diferentes ministerios y entidades competentes del Gobierno como preparación para la posición nacional ante la Conferencia de las Partes COP 22 –de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)– COP 13 –del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB)– instancias que reúnen a representantes de los países parte y actores clave encargados de promover la aplicación de estos dos acuerdos multilaterales que propicien y promuevan la gestión integral conjunta de la biodiversidad frente a la variabilidad climática, aspecto de gran relevancia para Colombia en la Política Nacional de Gestión Integral de la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (PNGIBSE) y de la Política Nacional de Cambio Climático (PNCC), en actual formulación.

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Taller Nacional de Expertos en Biodiversidad y Cambio Climático

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6 y 7 de octubre de 2016
Hotel Dann Carlton, Bogotá, D.C.
Calle 93b - N°19-44

Contexto
Las sinergias entre biodiversidad y cambio climático enfrentan escenarios de alta complejidad e incertidumbre. Más allá de la aproximación científica definida tras los consecuentes informes emitidos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el abordaje de la biodiversidad y el cambio climático necesita ser desarrollado desde varias perspectivas –unas conservadoras y otras innovadoras– que se relacionan entre sí.

Por una parte, los impactos del clima extremo afectan a la biodiversidad (incluyendo especies y ecosistemas) y, por otra la funcionalidad y estructura ecosistémica optimizan la capacidad de resiliencia en el territorio y en los sectores frente a los impactos del cambio climático, promoviendo de esta forma bienestar humano.

Teniendo en cuenta los objetivos específicos que se enmarcan en el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) –y dadas las prioridades de gestionar el conocimiento sobre el cambio climático y sus potenciales consecuencias sobre las comunidades, la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos y la economía del país– se identifica la necesidad de crear un espacio de discusión entre las prioridades nacionales y los compromisos internacionales relacionados con biodiversidad, cambio climático, su relación y articulación con otras metas globales que aportan al aumento de resiliencia como las del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre otros.

Streaming en: http://giz.salasvirtuales.info/

Descarga la agenda del evento

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Biodiversidad y clima en un contexto ciencia-política

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Del 28 de marzo al 1 de abril 2016 se llevó a cabo la Semana de la Biodiversidad y el Clima en la sede Venado de Oro en el Instituto Humboldt, en el marco de la cual se realizaron actividades para fomentar el debate, el análisis y la profundización sobre estos temas de interés nacional.

El Humboldt ConVida “Aportes del conocimiento de la biodiversidad para hacer frente al cambio climático en un contexto de desarrollo sostenible”, celebrado el 29 de marzo, fue desarrollado por la Dra. Claudia Martínez, directora de la organización internacional Alianza Clima y Desarrollo (CDKN), quien brindó al público presente una estructura de conocimientos por medio de insumos nacionales e internacionales sobre el abordaje de la biodiversidad y el clima, sus sinergias y la innovación que los recursos biológicos pueden llegar a tener en la ciencia, la política pública y los emprendimientos privados.

Martínez resaltó la importancia de generar en el país una gestión integral de la biodiversidad y el cambio climático, que permita enlazar aspectos de desarrollo sostenible y resiliente con innovaciones de índole local y regional. De igual forma, compartió casos colombianos de proyectos integrales en biodiversidad, cambio climático y sostenibilidad –en los que la CDKN ha apoyado activamente junto a autoridades ambientales–, entre ellos Plan 4C: Cartagena Competitiva y Compatible con el Clima y Proyecto Huila 2050.

Así mismo, el Twitter Chat “Sinergias entre biodiversidad y clima”, realizado el jueves 31 de marzo, permitió la discusión desde una aproximación científica, política, institucional y social, generando un análisis profundo sobre las debilidades y fortalezas del abordaje nacional en la gestión de la biodiversidad y el cambio climático.

El desarrollo del Twitter Chat fue tendencia en la ciudad de Bogotá con el uso de la etiqueta #BiodiversidadYClima, alcanzando 7.532 cuentas de Twitter relacionadas con la temática y la actividad, y aproximadamente 10.500 impresiones (cifras del reporte Tweetreach). Entre las conclusiones más relevantes de dicha discusión se encuentran la necesidad de fortalecer la creación de capacidades, la gobernanza institucional y la formulación de políticas, planes y proyectos integrales permitiendo el abordaje de esfuerzos y acciones en la gestión de la biodiversidad y el cambio climático de acuerdo a diferentes escalas territoriales (desde lo local hasta lo nacional).

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Trinos biodiversos y antídotos para el cambio climático

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Trinos biodiversos y antídotos para el cambio climático

Bogotá, D. C., 28 de marzo de 2016

Semana del clima 1

- Con una semana dedicada al medio ambiente, el Instituto Humboldt conmemora el Día Mundial del Clima. Se realizarán actividades presenciales y virtuales que democratizan la libre expresión y la construcción colectiva de saber.

- El ciclo de encuentros “Humboldt ConVida” escarbará en la biodiversidad hasta descubrir por qué es el antídoto para el cambio climático. El invitado será Mathieu Lacoste, investigador en temas de clima y organizador del IX Congreso Internacional de Medio Ambiente. La fecha de realización es el martes, 29 de marzo de 2016, a las 9:30 a.m. en la sede Venado de Oro. Entrada libre.

- Con el hashtag #BiodiversidadyClima, expertos y aficionados en todo el territorio colombiano se unirán a un TweetChat para opinar y debatir la relación que emparenta a nuestra biodiversidad con el clima. Esta conversación inicia el jueves, 31 de marzo de 2016, a las 11:00 a.m.

Convencidos de que la biodiversidad y los servicios ecosistémicos son herramientas innovadoras para enfrentar la crisis que trae consigo el cambio climático, en el Instituto Humboldt promovemos espacios de discusión nacional que abarcan todos los sectores del país, en especial su población, como responsables de la conservación o pérdida de la diversidad biológica.

Humboldt ConVida: antídotos para el cambio climático

En esta oportunidad, la conversación con Mathew Lacoste –quien desde 2009 se ha involucrado en proyectos ambientales del país, en los que ha compartido sus conocimientos multidisciplinarios y pasión por las problemáticas ambientales, climáticas y de desarrollo–, abordará las oportunidades que trae consigo una gestión responsable y compartida de la base y oferta natural de la nación.

Para Lacoste, el reto que tenemos como sociedad es entender el cambio climático más allá de una amenaza o un tema ambiental y verlo como un asunto de desarrollo y seguridad nacional, energética, de salud, abastecimiento y producción de alimentos.

Trinos biodiversos

En tiempo real y vía Twitter, un experto guiará el chat a partir de preguntas para que los participantes de la sesión nutran y dinamicen, desde sus experiencias y argumentos, un diálogo desprovisto de juicios, que convenza a los escépticos por naturaleza de que en nuestra biodiversidad está el antídoto contra el cambio climático. 

Así pues, en la virtualidad o desde su sede del Venado de Oro, ubicada en la Avenida Paseo Bolívar (Circunvalar) No. 16-20, el Humboldt hará partícipe a Colombia de conversaciones que trascienden los límites geográficos y reconocen en la diversidad biológica una fuente de posibilidades, de información y de almacenamiento de vida.

Mayores informes:
María Eugenia Rinaudo Mannucci
Oficina Asuntos Internacionales, Política y Cooperación
Teléfono: 3202767 Ext. 1105
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Eventos

En esta sección encontrarás un resumen de los eventos más recientes en los que ha participado el Instituo Humboldt.

  • En Curitiba, países de América Latina y el Caribe participaron en taller de fortalecimiento de capacidades para el logro de las metas Aichi 11 y 12

    El programa de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt sigue trascendiendo fronteras y cumpliendo con compromisos internacionales

    Del 28 de septiembre al 2 de Octubre se llevó a cabo el “Taller de fortalecimiento para el logro de las Metas Aichi 11 y 12 para la conservación de la biodiversidad”, con la participación de 24 delegados de los países de America Latina y el Caribe, así como representantes de diferentes comunidades indígenas.

    Al evento, desarrollado en Curitiba (Brasil), asistieron por parte de Colombia Lucía Correa -Parques Nacionales Naturales- y Clara Matallana –investigadora del Programa de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt-, quienes presentaron los avances del país en términos del cuplimiento de éstas metas.

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    Este taller fue el escenario perfecto para el intercambio de información, experiencias y aprendizajes entre instituciones y participantes provenientes de diferentes latitudes, y permitió conocer el estado de avance de la región en el cumplimiento de las metas así como desarrollar rutas prácticas para que cada país logre el cumplimiento de las metas al 2020.

    Las metas Aichi, incluidas en el Plan Estratégico del Convenio de Diversidad Biológica (CDB), fueron definidas en el 2010 durante la COP 10 (Conferencia de las Partes) con el fin de definir una ruta para detener la pérdida de la biodiversidad para el 2020. La Meta 11 plantea que “Al menos el 17% de las zonas terrestres y de aguas continentales y el 10% de las zonas marinas y costeras, especialmente aquellas de particular importancia para la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas, se conservan por medio de sistemas de áreas protegidas administrados de manera eficaz y equitativa, ecológicamente representativos y bien conectados y otras medidas de conservación eficaces basadas en áreas, y están integradas en los paisajes terrestres y marinos más amplios.” Esta meta no pretende únicamente incrementar la extensión de áreas protegidas sino que involucra elementos como conservación de áreas importantes para la biodiversidad, manejo efectivo y equitativo, representación ecológica, conectividad e integración a paisajes más amplios, y la identificación de otras medidas efectivas de conservación basadas en áreas. La Meta 12, por su parte menciona que “se habrá evitado la extinción de especies en peligro identificadas y su estado de conservación se habrá mejorado y sostenido, especialmente para las especies en mayor declive”

    Se evidenció que Colombia ha hecho esfuerzos considerables para el cumplimiento de las metas Aichi, reflejados en la protección de 13.71% de área terrestre protegida y el 8.49% de área marina e insular, pero cuenta aún con algunos vacíos. Por este motivo se comprometió para el 2020 con la declaratoria de al menos 2’500.000 hectáreas de áreas protegidas, incrementando así la representatividad ecológica del sistema. De la misma forma, se pretende generar mayores acciones de conservación en “Áreas Importantes para la Conservación de las Aves”, así como establecer metodologías para evaluar la efectividad de todas las áreas del sistema. En cuanto a la Gobernanza, Colombia ratificó el compromiso incluido en el Plan de Desarrollo 2014-2018 de analizar diferentes formas de gobernanza -especialmente gobernanza compartida por pueblos indígenas o comunidades- y de promover la consolidación de la Mesa de Trabajo de Territorios Comunitarios Protegidos.

    Otras medidas propuestas incluyen fortalecer el trabajo conjunto con los sectores, mejorar la conectividad entre las áreas (incluyendo acciones de restauración) e identificar el papel de otras medidas de conservación basadas en áreas con las que cuenta el país que son las denominadas estrategias complementarias para la conservación. Se buscará también fortalecer las acciones de conservación de especies amenazadas, mediante la implementación de evaluaciones y monitoreo.

    Se espera que con las prioridades identificadas los países puedan acceder a recursos del Fondo Mundial por el medio Ambiente (GEF-Global Environmental Facility) y a otros recursos de cooperación con el fin de que las metas Aichi se cumplan para el 2020.

    Finalmente, es importante agradecer a los organizadores de este taller quienes hicieron posible el encuentro. Se trata de la Secretaria Ejecutiva del CDB, el gobierno de Brasil, el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), el estado de Paraná, la Fundación O’Boticario para la protección de la naturaleza, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el consorcio de amigos del Plan de trabajo en Áreas Protegidas.

  • Avistamiento de aves en la sede Venado de Oro del Instituto Humboldt

    Seis ornitólogos pertenecientes a diferentes instituciones de Bogotá, se dieron cita el pasado 12 de noviembre de 2015, en las instalaciones del Instituto para apoyar un interesante proceso.

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    En la fotografía de izquierda a derecha: Carolina Salazar (Asociación Bogotana de Ornitología), Andrés Cuervo (Universidad de los Andes), Mateo Hernández (Fundación Cerros de Bogotá), Paula Caycedo y Mónica Matías (Instituto Humboldt)

    Con el fin de realizar avistamientos y grabaciones en dos de los principales senderos que se encuentran en la sede Venado de Oro, cuya ubicación privilegiada en los Cerros Orientales de la ciudad ha permitido establecer desde hace dos años interesantes procesos de restauración, estos profesionales visitaron nuestra sede con todos los sentidos alerta. Y es que hasta el momento, gracias al proceso de avistamiento de aves que se viene realizando en nuestras instalaciones, tenemos registros de 53 especies de aves en el predio, de las cuales 16 son migratorios del norte del continente, 2 son migratorias altitudinales y 36 son residentes.

    Durante la jornada de la mañana del 12 de noviembre que se desarrolló desde las 6 a.m. hasta las 8:30 a.m., logramos observar 8 especies migratorias y 14 especies residentes, entre estas últimas reportamos un nuevo registro para la sede: Fiofío montano (Elaenia frantzii), un atrapamoscas que se alimenta de frutas e insectos, posiblemente el más frugívoro de su género.

    Es importante mencionar que diferentes investigadores del Instituto Humboldt están trabajando fuertemente con el objetivo de establecer un proyecto de evaluación y monitoreo de las aves de la sede Venado de Oro, como un escenario ideal para monitorear a la comunidad de aves y la recuperación ecológica de los emblemáticos Cerros Orientales de la ciudad de Bogotá. La asociación y divulgación con otros expertos en el tema nos permitirá tener una mayor cohesión con el gremio ornitológico, establecer en conjunto la planeación y ejecución de la propuesta y finalmente entre todos, aunar los esfuerzos para dar a conocer a los ciudadanos el tesoro que tenemos los bogotanos en nuestros cerros.

    Aquí pueden observar una tabla que contiene la relación de los registros de aves de nuestra sede (Descargar)

  • III Taller Regional de Biodiversidad y Cambio climático

    Promoviendo la interfaz entre la ciencia y la política

    cFotografía de los asistentes al encuentro

    Del 21 al 23 de septiembre se llevó a cabo el III Taller Regional de Biodiversidad y Cambio climático de ALCUE NET y CORDEX, organizado en Bogotá por Colciencias, el Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia (IDR) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina (MINCYT).

    En dicho taller, representantes de diferentes institutos de investigación y academia de América Latina y la Unión Europea, discutieron sobre la necesidad de fortalecer los lazos de sistematización de la información generada en el campo de la biodiversidad y del cambio climático, para lo cual, se plantearon diferentes estrategias que podían solventar los vacíos y distancias existentes entre la ciencia y la política, así como también surgieron diferentes oportunidades de cooperación entre ambas regiones del mundo.

    De igual forma, los expertos asistentes resaltaron durante los días de encuentro, la importancia que tiene la unificación de los “lenguajes” y los contextos que se necesitan, tanto en la comunidad de cambio climático como en la comunidad de biodiversidad, para así trabajar en conjunto de una forma eficiente y articulada.

  • Participación del Laboratorio de Biogeografía Aplicada y Bioacústica (LBAB) en diferentes espacios de interés internacional

    Este laboratorio, perteneciente al Programa de evaluación y monitoreo de la biodiversidad, sigue presentando los resultados de su investigación en distintas latitudes.

    dEn esta foto, los protagonistas son todos los participantes del CISEN4

    Del 30 de septiembre al 3 de octubre, el Laboratorio de Biogeografía Aplicada y Bioacústica del Instituto Humboldt, representado por la investigadora María Helena Olaya, estuvo presente en el “Cuarto congreso internacional de servicios ecosistémicos en los Neotrópicos-CISEN4”, realizado en la ciudad de Mar del Plata (Argentina).

    En el marco del simposio denominado “Caracterización y evaluación de funciones y servicios ecosistémicos”, nuestra investigadora presentó la ponencia “Mapeo del servicio ecosistémico de provisión –alimento- en los humedales de Colombia”. Este trabajo hace parte de los resultados entregados al Proyecto delimitación de humedales interiores de Colombia del Fondo Adaptación.

    d1Nuestra investigadora, María Helena Olaya, en representación del Instituto Humboldt durante este Congreso.

    Adicionalmente, este trabajo también fue presentado en Sudáfrica bajo el formato de póster con el título “How fish comes to the table? A view of the food provisioning ecosystem services associated with fishing in Colombia” en la Octava Conferencia del Ecosystem Services Partnership –ESP 2015, durante la sesión del grupo temático “Modeling and mapping ecosystem service capacity, flow and demand with data of varying quantity and quality”.

  • Avanzan las reuniones preparatorias para IPBES 4

    La Unidad de Apoyo Técnico para la evaluación regional y sub-regional de la biodiversidad y servicios ecosistémicos para la región de las Américas –TSU- presenta algunos avances de su gestión.

    eParticipantes de la VI Reunión del MEP y el Bureau de la IPBES, que se llevó a cabo en Bonn ( Alemania), entre el 8-12 de octubre de 2015.

    La Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, IPBES (www.ipbes.net), es un mecanismo creado por la comunidad internacional como un cuerpo intergubernamental independiente abierto a todos los países miembros de las Naciones Unidas. Su objetivo es fortalecer el diálogo entre la comunidad científica y los tomadores de decisión en temas de biodiversidad y servicios ecosistémicos, de modo que se puedan adoptar políticas adecuadas en los niveles local, nacional e internacional ante el reto de la disminución, a tasas sin precedentes, de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Uno de los objetivos de la IPBES es llevar a cabo evaluaciones del estado de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en cada uno de los grupos regionales de las Naciones Unidas. La región de las Américas constituye uno de estos grupos, el cual incluye, América del Norte, Centro América, Sur América y el Caribe.

    La IPBES tiene cuatro cuerpos principales de gobernanza: la Plenaria como el órgano con responsabilidad en todos los aspectos de IPBES incluyendo el desarrollo e implementación del programa de trabajo y la aprobación de todos los productos y servicios; el Bureau como cuerpo consejero del Presidente y el secretariado en conducir los asuntos de la Plenaria y sus cuerpos subsidiarios; el Panel Multidisciplinario de Expertos (MEP), el cual desarrolla las funciones técnicas y científicas de la IPBES; y la Secretaría, cuyo rol principal consiste en asegurar el funcionamiento efectivo de la IPBES a través del apoyo a la Plenaria, el Bureau y el MEP.

    Nuestra Directora, Brigitte Baptiste, miembro del MEP como representante de América Latina y el Caribe, participó en la VI Reunión del MEP y el Bureau de la IPBES que se realizó en la ciudad de Bonn (Alemania) del 8 al 12 de octubre de 2015.

    Adicionalmente, la Unidad Técnica de Apoyo para la evaluación de las Américas (TSU por sus siglas en inglés), participó en la reunión en Bonn, a través de su Coordinador, Mauricio Bedoya-Gaitán. A la reunión asistieron otras unidades de apoyo técnico, así como fuerzas de trabajo constituidas para desarrollar temas específicos como el de construcción de capacidades, conocimiento local e indígena, conocimiento y datos, polinización, degradación de la tierra. Se espera que se fortalezcan los lazos de cooperación existentes entre las unidades, las fuerzas de trabajo y toda la estructura de la IPBES para, en este caso, contar para 2018 con una evaluación regional de la biodiversidad y servicios ecosistémicos que informe de manera precisa y adecuada a los tomadores de decisión en la región de las Américas.

    Este encuentro hace parte de las reuniones preparatorias de la cuarta reunión Plenaria de la IPBES a realizarse en febrero del 2016 en Kuala Lumpur (Malasia), en donde se examinarán los progresos realizados en el programa de trabajo de la IPBES aprobado para el 2014 -2018, en especial los reportes completos de las dos primeras evaluaciones (polinización y polinizadores asociados a la producción de alimentos y análisis de escenarios y modelización de la biodiversidad y los servicios) con su respectivo resumen para los políticos.

    El Instituto Humboldt actualmente hospeda la TSU para la Evaluación de las Américas. Esta Unidad es la encargada de proveer apoyo técnico, científico y organizacional y fue establecida para apoyar la implementación del programa de trabajo de la IPBES, así como el cumplimiento en la elaboración de los entregables aprobados por la Plataforma. La Unidad está conformada por Ana María Hernández, -Jefe de la Oficina de Asuntos Internacionales y Política del Instituto y supervisora de la TSU-, Mauricio Bedoya-Gaitán -Coordinador de la TSU-, Natalia Valderrama -Asesora Técnica y Científica- y Sergio Aranguren -Profesional en Asuntos Internacionales-.

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Biodiversidad como herramienta de innovación frente al cambio climático

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El mundo se transforma rápidamente debido a causas naturales y efectos de las intervenciones humanas. Dichas transformaciones, en muchos casos, implican impactos negativos en el medio ambiente, que se expresan especialmente en cambios abruptos tanto en el clima como en la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas. Dentro de las principales actividades que generan dichos impactos se encuentran las emisiones a la atmósfera por procesos industriales, la ganadería insostenible, la deforestación y los cambios de uso del suelo. Los alarmantes datos de pérdida de biodiversidad reportados a nivel global (p. ej. GBO-4), los llamados de atención hacia una estrategia de conservación urgente a 2020 en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB, Metas Aichi) y las proyecciones y futuros escenarios que ha desarrollado el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ponen en evidencia la vulnerabilidad de la biodiversidad frente a las transformaciones planetarias si no se adoptan adecuadas medidas de gestión, adaptación y mitigación.

De otra parte, la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), creada desde 2012 con el claro objetivo de fortalecer los vínculos entre conocimiento, sociedad y política, tiene como uno de sus ejes de trabajo evaluar el estado y las tendencias de la biodiversidad a nivel mundial como soporte para la toma de decisiones, incluyendo dentro de dicho análisis la necesidad de asociar la diversidad biológica con el cambio climático por causa de las directas interacciones que se presentan entre sí.

Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo pero también el tercer país más afectado por el cambio climático, de acuerdo al Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático (2014). La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de una misma moneda, evidenciados en un territorio impactado en su oferta de servicios ecosistémicos y en dinámicas geopolíticas. El discurso institucional debe evolucionar para generar acciones que integren ambas variables de manera que se pueda asegurar una efectiva gestión del territorio por medio de la implementación de medidas de adaptación y mitigación desde una visión socioecológica. Para esto, se requiere la generación de un enfoque transdisciplinario e interinstitucional que abarque a todos los sectores de la vida nacional y, especialmente, que incluya a la población colombiana como responsable primario de conservación o pérdida de biodiversidad. Una respuesta a esta evolución en la visión nacional para el desarrollo sostenible la da la Política Nacional de Gestión Integral de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (PNGIBSE, 2012) que considera al cambio climático como el quinto motor de pérdida de biodiversidad nacional y establece medidas tanto ambientales como sociales y económicas para resolver las problemáticas más apremiantes al deterioro del capital natural colombiano.

Unido a lo anterior, el año 2015 representa un hito en la historia de la humanidad pues en París durante la Vigésimo Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21) se discutió políticamente un nuevo acuerdo climático para el planeta que, teniendo en cuenta la nueva Agenda post 2015 y los recién aprobados Objetivos de Desarrollo Sostenible, debería definir medidas efectivas y viables de adaptación y mitigación diferencial por parte de los países tanto desarrollados como en vías de desarrollo, así como determinar los medios de implementación y financiamiento necesarios para asegurar que la temperatura global no aumente más de 2 grados centígrados, límite que aseguran los científicos del IPCC en su V Informe Mundial (AR5, 2013) sería el escenario menos crítico para que podamos seguir contando con un planeta que permita la vida de los seres humanos.

El Instituto Humboldt, como entidad nacional que investiga la biodiversidad continental del país, avanza en la generación de una propuesta de abordaje institucional que enfatiza el vínculo entre la dimensión técnico científica sobre cambio climático con la dimensión política y de toma de decisiones en la materia. En ese sentido, se han realizado proyectos asociados al cambio climático, que aportan las bases conceptuales y los conocimientos necesarios para formular propuestas de solución a las problemáticas que encara la biodiversidad frente al cambio climático y que deben ser abordadas desde una perspectiva de política. Algunos de estos proyectos son Orotoy, Rio Bita y Páramos y Humedales.

Así, nuestra gestión sobre este tema se centra en reconocer a la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas como una herramienta de innovación para hacer frente a la crisis que conlleva el cambio climático a nivel nacional, por medio del desarrollo de acciones como la adaptación basada en ecosistemas y comunidades, el aporte de diferentes sistemas de conocimiento incluido el indígena y local, la participación comunitaria, la resiliencia de los ecosistemas, la integración ecológica para la transformación adaptativa en dimensiones territoriales; todo lo anterior enfocado en la generación de alternativas de solución integral al cambio climático que permitan promover el desarrollo sostenible del país y el bienestar de los colombianos, a partir de la gestión responsable y compartida de la base y la oferta natural de la nación.

Análisis desarrollado por la Oficina de Asuntos Internacionales,
Política y Cooperación del Instituto Humboldt. Grupo de Investigadores: María Eugenia Rinaudo Mannucci, Ana María Hernández, Rodrigo Moreno.

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