Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

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Parlotiando con el Humboldt | Por: Instituto Humboldt

Entrevista 

“La isla perdió su vestido verde”, reporte desde Providencia




Los bosques de Providencia luego del paso del huracán Iota. Foto: INVEMAR


  • “Mientras que en Providencia todo era movimiento y trabajo para hacer de ella un lugar de defensa y una plaza fuerte, un terrible huracán vino a ponernos en la más triste situación. En una noche fueron arrancadas todas las anclas y los barcos sin defensa fueron arrojados contra la costa, algunos hasta a cincuenta pasos de la playa. El mar aterraba con su mugir y las olas llegaron hasta un punto que jamás habían alcanzado. Una lluvia torrencial y continua acompañada de truenos y de continuos relámpagos hacía aún más pavorosa la intemperie. Muchas barracas fueron echadas a tierra por el viento, muchos árboles arrancados, y algunas de las fortificaciones comenzadas quedaron arruinadas”.

Así narraba Agustin Codazzi lo que fue el primer huracán que golpeó la isla de Providencia en 1819. Con el nombre de Iota, y después de 200 años, la furia del océano Atlántico arremetió nuevamente contra la isla, dejando en un 90% devastados los ecosistemas.

En Parlotiando con el Humboldt hablamos con Wilson Ramírez, Coordinador del programa de Gestión Territorial de la Biodiversidad. Es Doctor en Ecología con énfasis en ecología de la restauración y líder del equipo de la operación de restauración ecológica de Providencia.


Wilson Ramírez.
Foto: Felipe Villegas/Instituto Humboldt

- ¿Cuál fue su primera impresión una vez llegó a Providencia?

No deja de ser impactante que en muy pocas horas -6 ó 7 - la identidad de un ecosistema pueda cambiar tan abruptamente. Yo conocía Providencia en calidad de turista. Es una isla distinta a San Andrés, primero porque es montañosa. De ahí que a lo lejos se pueda ver una gran cantidad de bosques que se entremezclan con el mar de siete colores.

Lo primero que me impactó al llegar, luego del pasó del huracán, fue ver en su lugar una gran roca de color amarillo. Ya no quedaba ni rastro de la zona verde. Los pocos árboles que quedaron en pie perdieron todo su follaje, no tenían ni una sola hoja. El resto se fue al piso.

Hicimos un reconocimiento del lugar. No fue fácil caminar por la maraña de troncos, ramas, espinas, lianas. Tuvimos que ir abriendo paso con machete, incluso después de que habían limpiado la carretera. Fue ahí donde nos dimos cuenta de que no había nada: ni reptiles, ni insectos, ni mamíferos… Vimos pocas aves.

- El huracán Iota alcanzó categoría 5, los daños aún no están del todo calculados.

Aún estamos descubriendo el alcance real de la tragedia. Hay una cantidad de dramas, no solo sociales sino ambientales. Es justamente allí en donde debemos anteponer el ojo científico al meramente paisajístico que nos permita concluir que hay oportunidades de recuperación para la isla. No todo está perdido. Hay un proceso de recuperación que se dará paulatinamente. Estoy convencido de que se puede restablecer el sistema.

- ¿En qué consiste la relación entre desastres naturales y biodiversidad?

Es una relación muy profunda. La naturaleza tiene la capacidad de regularse luego de eventos catastróficos, ya sean naturales o provocados por la intervención humana. Los desastres naturales nos han acompañado siempre. Lo cierto es que recientemente se han incrementado. Ahora mismo la preocupación es que eventos de huracanes y tifones a lo largo del mundo van a ser cada vez más complejos e intensos. Si bien para Colombia los huracanes son un fenómeno escaso, Iota no ha sido el primero ni será el último.

En la relación desastres naturales y biodiversidad la palabra claves es resiliencia, la capacidad de regeneración después de un evento negativo. Si un sistema como una isla tiene la capacidad de recuperarse va a depender de factores como qué tan fuerte fue el disturbio y si es o no repetitivo. Lo que más nos preocupa en este punto es la probabilidad de que el evento se repita, de ser así la resiliencia no se puede alcanzar. En un escenario de cambio climático las probabilidades son altas.


El Sistema Nacional Ambiental ha puesta en marcha la Operación Cangrejo Negro para la restauración ambiental de la isla. Foto: INVEMAR.


- ¿Qué caracteriza los ecosistemas de la isla de Providencia?

Providencia tiene una gran barrera de coral que se vio afectada en las zonas más superficiales. De acuerdo con el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar) los corales más profundos no se vieron afectados por el embate de las olas. También se encuentran los bosques de manglar que son muy importantes en la medida en que albergan una gran cantidad de biodiversidad, además de ser una barrera de protección. El más afectado con el paso de Iota fue el manglar rojo al estar ubicado en el primer frente. Prácticamente todo desapareció.

Adentrándose en el continente encontramos el bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados y escasos en el país. Si a esta condición le sumamos la distribución tan limitada en la isla, estamos hablando de un escenario muy preocupante. Estos bosques están adaptados a las condiciones típicas de la isla: épocas de sequías muy marcadas y lluvias localizadas, permitiéndoles rebrotar y producir follaje. Tienen temporada seca y lluviosa.

Estos bosques secos son determinantes para la isla ya que son el refugio de una enorme cantidad de especies típicas y de uso de los isleños. Tal es el caso del cangrejo negro, una especie clave del renglón de la economía de la región. Su supervivencia y alimento depende directamente del bosque.

Muchas de las especies de flora y fauna de la isla tienen carácter endémico o tienen distribuciones muy restringidas. Es decir que sólo se encuentran en esta zona del Caribe, de manera que si se pierden de allí, desaparecen a escala global.

- ¿Cuál es el diagnóstico de impacto?

Más de 2.000 hectáreas de bosque resultaron afectadas. Aunque es alta, por fortuna no corresponde al total del área de la isla. Debemos recordar que Providencia tiene una población de cerca de 6.000 habitantes y una de las actividades también es la ganadería por lo que también hay zonas de potreros, de hecho es lo único verde que se ve en la isla.

Un aspecto que debemos tener en cuenta es que en ausencia de la naturaleza, el ser humano queda totalmente expuesto, en este caso los raizales. Al haber perdido el sistema natural se pierde la capacidad de regulación. Por ejemplo, hace poco las lluvias no habían cesado y el sistema no estaba en capacidad de absorber el agua, la vegetación actúa como una especie de esponja que almacena agua para las épocas de sequía. Rápidamente toda el agua se evapora, impidiendo una regulación del sistema natural.

Otra de las formas en que quedan expuestos los lugareños al haber perdido sus ecosistemas, es la seguridad alimentaria al verse impactada la población de insectos polinizadores. Todas las cosechas se ven afectadas.


Se calcula que la recuperación ecológica de Providencia podría tardar 5 años. Foto: INVEMAR


- ¿Se sabe cuáles fueron las especies que mejor resistieron el embate del huracán?

Es muy pronto para tener esos datos. Sin embargo, una vez analizado el nivel de impacto pudimos comprobar que las aves fueron las que mejor toleraron el evento. Para el mes de enero de 2021 tenemos proyectada una Expedición BIO con especialistas en diversos grupos biológicos del Sistema Nacional Ambiental que nos permitirá hacer un diagnóstico preciso de las distintas poblaciones de especies y a partir de allí identificar distintas estrategias de conversión.

- ¿Cuáles son las acciones que se pondrán en marcha para la restauración del ecosistema?

Las acciones deben ser muy rápidas y encaminadas a identificar cuáles son los métodos que hacen que la isla se vuelva más resiliente.

En primera instancia, y de la mano con las comunidades raizales, se identificarán las especies nativas para la puesta en marcha de una estrategia de viverismo robusta, basada en genética local que responda a las necesidades puntuales de restauración del sistema. Inicialmente iniciaremos, con apoyo del ejército, con la puesta en marcha de cuatro viveros satélites, los cuales tendrán una estructura liviana y estarán localizados en lugares con afluencia de agua. Cada uno deberá tener entre 7.000 y 10.000 plántulas. Se trabajará de la mano del Instituto Sinchi, expertos en el tema.

Por otro lado, se instalarán 20 patios isleños. El concepto de patio en la isla está unido no solo a una tradición agroforestal ancestral sino a una estrategia comunitaria: no hay patios individuales. Esto les ha asegurado por siglos no solo contar con plantas medicinales de uso etnobotánico sino con la autoprovisión alimentaria para familias y vecinos. Sin ambición económica. Jobo, mango, tamarindo, árbol de pan, plantas medicinales y aromáticas son manejadas especialmente por las mujeres raizales, quienes se encargan de mantener las huertas en los patios, similar al concepto de chagra de muchas comunidades indígenas.

- Es esta una oportunidad para articular la ciencia con los saberes ancestrales, ¿Cómo lograr esa articulación y promover una Providencia fortalecida frente a los efectos del cambio climático?

La ciencia ha cometido un grave error al desconocer las distintas formas de conocimiento. Las tradiciones y el conocimiento transmitido de generación en generación permiten conocer el funcionamiento de los sistemas naturales. Para el caso de la isla es determinante porque no se puede pretender generar una estrategia desde la ciudad cuando el conocimiento ya está instalado. Por ejemplo, el uso tradicional de la flora y la fauna la conocen los raizales. El reto es lograr convertir todo este conocimiento en estrategias puntuales de rehabilitación.

- ¿Qué aspectos positivos destaca de una situación como esta?

Aquí hay una gran oportunidad de entender muy al detalle, mediante el monitoreo, la manera en cómo cambiaron las especies en el tiempo. Tenemos un sistema reseteado que nos permitirá reaccionar cada vez mejor a disturbios de este calibre.

Ahora bien, debemos plantearnos las siguientes preguntas. ¿Cuál es la visión que tenemos para nuestra naturaleza? ¿Cuál es el escenario real de la gestión de nuestra biodiversidad para el 2050? ¿Cuál será la situación de las islas del Caribe? Solemos mirarnos hacia el pasado, pero rara vez hacia el futuro.

Hemos venido asumiendo los desastres con carácter curativo y no preventivo. Para adaptarnos debemos tener información disponible, así como mecanismos de alerta temprana que deberán ser cada día más ágiles y robustos. Sin lugar a dudas, las acciones de mitigación van a tener que contemplar la reubicación de asentamientos humanos a zonas mejor resguardas que logren reducir el impacto de las olas, viento o fuertes sequías lo cual aplica para otras zonas continentales del país.






- ¿Cómo la modelación puede ser una herramienta útil a la hora de prever estos fenómenos naturales?

La modelación es un instrumento clave para poder entender lo que puede pasar a futuro en un territorio. Modelar diferentes escenarios es determinante y resulta muy útil para la toma de decisiones de autoridades a todo nivel. Proyectar lo que podría pasar no puede ser considerada como una locura de un científico, finalmente el modelo no dice lo que se tiene que hacer sino que es capaz de reflejar escenarios a partir de donde puedes decidir qué hacer. Un ejercicio robusto de modelación puede evitarnos dar pasos de ciego, además de darnos estrategias claras de nuevas infraestructura y poblaciones mejor adaptadas o incluso la reubicación de pueblos enteros.