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Biodiversidad
Especies invasoras
Pez basa: seis años nadando con el enemigo
Pez basa: seis años nadando con el enemigo
autor
Prensa Instituto Humboldt
publicación
14.6.17

Siete departamentos de Colombia y al menos ocho localidades del Bajo Magdalena reportan aumento en registros de captura

  • El Instituto Humboldt ofrece el panorama actual de la presencia ilegal del pez basa (Pangasianodon hypophthalmus) en criaderos, tiendas de mascotas, mercados del país y aguas del río Magdalena.
  • Siete departamentos de Colombia y al menos ocho localidades del Bajo Magdalena reportan aumento en registros de captura y comercialización del pez entre 2011 y 2016.
  • Las consecuencias de la introducción del pez, a seis años de su aparición, son inciertas para la ictiofauna y ecosistemas acuáticos regionales debido, entre otros factores, a vacíos de información existentes.

En 2011, tras la denuncia de acuicultores e ictiólogos de la presencia en criaderos del pez basa con fines ornamentales en el Valle del Cauca, Cauca, Huila, Meta y Santander, el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) solicitó al Instituto Humboldt un concepto técnico sobre el nivel de riesgo de la especie para los peces y ecosistemas acuáticos de agua dulce del país.

Un año después, los resultados de dicha evaluación fueron incluidos en el IV Catálogo de la Biodiversidad Acuática, publicación en la que el Humboldt categorizó la especie como de alto riesgo tras un protocolo de análisis de riesgo y comprobar su reproducción con propósitos comerciales. Esta es una actividad ilegal pues en Colombia solo se autoriza la importación del pez basa en filete para consumo masivo.

Pese a lo anterior, en el país no es posible hablar de una invasión debido, entre otras razones, a la ausencia de estudios que aporten parámetros para aseverar que tal fenómeno ocurre. De hecho, el pez basa no se reconoce de manera oficial como especie introducida en Colombia pues ni el MADS ni la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) han aprobado solicitudes de importación de individuos para acuicultura o fines ornamentales.

Así ocurrió, por ejemplo, con la negativa a la solicitud presentada por la Corporación Centro de Desarrollo Tecnológico Surcolombiano (ACUAPEZ) basada en el Estudio de impacto ambiental, introducción y zoocría de parentales de la especie exótica Pangasius hypophthalmus”. Los argumentos para rechazar la petición fueron tomados de la información reunida por el Instituto Humboldt. (Ver resolución)

Tiempo después el MADS,  entidad que ejerce la secretaría científica del Comité Técnico Nacional de Especies Introducidas y/o Trasplantadas Invasoras en el Territorio Nacional, convocó a los institutos de investigación del Sistema Nacional Ambiental (Sina) para discutir la pertinencia de incluir o no al pez en la lista de especies invasoras.

Aunque hubo acuerdo respecto al alto riesgo que representaba la introducción del pez al país, aunque ni siquiera se reconozca como especie como potencialmente peligrosa, no fue posible incluirla en un posterior resolución sobre especies invasoras emitido por el MADS (Resolución Número 654 de 2011 y otras previas: Resolución Número 0848 de 2008, Resolución Número 207 de 2010).

Hacia 2015, un estudio emprendido por los investigadores Mauricio Valderrama, José Iván Mojica, Andrea Villalba y Fabel Ávila, de la Fundación Humedales y del Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, y publicado en la Biota Colombiana, siguió el rastro del pez en el territorio colombiano.

En esta oportunidad,pescadores artesanales capturaron ejemplares en aguas del río Carare y en la ciénaga de Guarinocito, cuenca del Magdalena; luego, registros confirmados ubicaron prototipos del pez en localidades de la misma zona: Puerto Triunfo, Puerto Berrío, Santa Clara, Caño San Juan, Ciénaga de Chucurí y del Opón, además de Barrancabermeja.

Mapa distribución

Mapa distribución

Mapa: Biota Colombiana

Asimismo, la comercialización de pescados frescos fue detectada en mercados locales de poblaciones ribereñas de la cuenca alta y media del río Magdalena, sin que a la fecha se haya establecido si llegaron como resultado de actividades de piscicultura ilegal o de captura en el medio natural.

Y es que la aceptación del pez en el marcado ha despertado en los piscicultores colombianos el interés por su cría y producción a gran escala. Según cifras suministradas por la Autoridad Nacional de Acuacultura y Pesca (Aunap), en el primer semestre de 2015 Colombia importó 19.665 toneladas de pez basa, por valor de 40,3 millones de dólares, debido a la alta demanda para consumo.

Por la vía legal el pez basa podría clasificarse, a futuro, como especie domesticada, como ocurrió con la tilapia y la trucha, pues el Decreto 1780 de 2015, expedido por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y el MADS, autoriza que especies introducidas al país se declaren como domesticadas para fines de piscicultura.

Con este panorama se esperarían probables impactos sobre las especies nativas en la cuenca del Magdalena, la cual presenta una disminución considerable en la producción pesquera: cerca de un 50 % en los últimos 40 años y con probables descensos en tiempos recientes, lo que complicaría más la situación actual de las pesquerías regionales.

También es presumible que la especie pueda competir con otras nativas de esta cuenca, que sustenta cerca del 70 % de la producción pesquera anual. Como si fuera poco, sus características biológicas, dieta amplia, elevadas tasas de reproducción, rápido crecimiento, tolerancia a condiciones ambientales extremas y comportamientos migrantes presuponen una rápida expansión por todas las tierras bajas del cauce.

Lo anterior preocupa porque en el norte de Suramérica la cuenca del río Magdalena es considerada la de mayor riqueza especies de peces (167 dulceacuícolas primarias y por lo menos 66 endémicas); para los Andes Tropicales es la que más cantidad de especies acuáticas amenazadas registra y ocurre lo mismo a nivel nacional, de acuerdo con el Libro Rojo de Especies Dulceacuícolas de Colombia suman 35 las especies en peligro.

Como si fuera poco, la misma investigación confirmó la presencia y comercialización de ejemplares juveniles en tiendas de mascotas y peces de Bogotá. En septiembre de 2016 se compraron en la ciudad cuatro ejemplares de 41 a 46 milímetros, ofrecidos como ornamentales y que conllevaría a riesgo de escapes fortuitos o liberaciones intencionales al medio natural. En octubre del mismo año, la Autoridad Nacional de Aunap reportó la presencia de la especie en la cuenca Magdalena a partir de información del Servicio Estadístico Pesquero de Colombia (Sepec).

En este contexto, las consecuencias que arrastra consigo la introducción del pez basapara la ictiofauna de esta regiónson inciertas, dado que sus hábitos de vida podrían influir en los de muchas de las especies nativas.

El pez que devora el mundo

El pez basa es nativo del delta de los ríos Mekong (China) y Chao Phraya (Tailandia). También se encuentra en Bangladesh, Camboya, Filipinas, Myanmar, Singapur, Taiwán y Vietnam. Ha sido introducido con fines productivos en Cuba, Chile, China, Guam, México, Indonesia, India, Puerto Rico y República Dominicana, entre otros países. En La Florida, Estados Unidos, se permite su uso ornamental.

En India fue introducida clandestinamente en 1997, vía Bangladesh, y cultivada en el estado de Bengala con una justificación económica soportada en el hecho de que puede crecer en 90 días aproximadamente un kilogramo, haciéndose común su cultivo en este estado y en el de Andhra Pradesh.

A escala global se reconoce que una vez introducida o trasplantada a nuevos ecosistemas naturales puede representar serios riesgos. A pesar de ello, no está citada entre las 100 especies invasoras más peligrosas del planeta ni en las base de datos de la Red Europea de Especies Invasoras (NOBANIS), tampoco el Centro de Agricultura y Biociencias Internacional (CABI) o en la Base de Datos Mundial sobre Especies Invasoras (GISD) de la UICN.

Por su esperanza media de vida (20 años), capacidad de reproducción en cautiverio, cantidad de huevos (50.000), rápida eclosión y número de desoves en cada estación reproductiva, el pez basa se ha utilizado en el sudeste de Asia por muchos años.

Para tener una idea del auge de la acuicultura con el pez basa, en 2006 Vietnam exportó 286.602 ton y se espera que para el 2020 el sector acuícola llegue a la 380.000 ton y a valores de exportación por 1 billón de dólares.

Por ser una especie que en cultivo es propensa a enfermedades bacterianas, que de paso afectan poblaciones naturales y nativas. Países como Indonesia, Vietnam e India plantean el desarrollo de estrategias de prevención y planes de acción.

En conclusión, la confirmación documentada de la presencia del pez basa en ambientes naturales de la cuenca Magdalena plantea retos de importancia en cuanto a conservación de la biodiversidad y la responsabilidad por parte de Colombia de impedir su dispersión a los países vecinos. Aunque aún no hay registros oficiales de la especie en aguas del Amazonas y el Orinoco, en caso de hallársele habría probabilidades de dispersión a Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela.

Por otro lado, la presencia sin restricciones del pez basa en mercados locales y en tiendas de peces ornamentales magnifica el grado de amenaza y potencia el grado de dispersión. Y aunque está por confirmar su establecimiento pleno en ambientes naturales, la distribución rápida y progresiva demanda medidas urgentes de control al comercio y a las actividades de piscicultura que se presumen están en desarrollo.

Por ahora, y en respuesta a la amenaza de la biodiversidad del país, aparecen estrategias de contingencia como la plataforma digital InvBasa, un aplicativo para teléfonos inteligentes creado por el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Humedales, el cual registra y sigue la propagación de especies invasoras en Colombia.

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