Instituto de Investigación de Recursos Biológicos
Alexander von Humboldt

Investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones

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POSTALES DE LA BIODIVERSIDAD


Ciénaga de Zapatosa

Municipio de Chimichagua, Cesar

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Zapatosa, una joya anfibia y cultural del Caribe

Compositores y poetas han encontrado en los ríos, humedales y ciénagas del Caribe su mayor inspiración. José Barros fue uno de ellos, vio en los paisajes anfibios de El Banco (Magdalena), terruño que lo vio nacer, un tesoro biodiverso para crear su canción más emblemática: La piragua.
Su cumbia insignia no fue producto de una imaginación prodigiosa o de los relatos de sus abuelos. Cuando era pequeño, el maestro Barros quedó maravillado al ver la chalupa que partía de El Banco, viejo puerto, hacia las playas de amor de Chimichagua, navegando por las aguas carmelitas del río Cesar.
El territorio anfibio por donde transitaba la piragua, al mando de Guillermo Cubillos, hace parte del complejo cenagoso de Zapatosa, el humedal continental más grande de agua dulce del país, con una extensión que alcanza las 70 000 hectáreas en los municipios de Chimichagua, Curumaní, Tamalameque y El Banco.
Esta postal fue captada una mañana de marzo de 2015, cuando el Instituto Humboldt daba marcha a un proyecto de planeación ambiental en las zonas operativas de Ecopetrol. Ese día, la ciénaga amaneció totalmente estática y sin una gota de brisa, formando un espejo de agua que luce inamovible.
Las playas de amor de Chimichagua, que el mayor representante de la cumbia dio a conocer en La piragua, aparecen al fondo de la imagen.


Venado de páramo (Odocoileus goudotii)

Parque Nacional Natural Chingaza, Cundinamarca

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Los cuernos del páramo

A menos de una hora de Bogotá inicia uno de los principales reservorios de agua de Colombia, es el Parque Nacional Natural Chingaza, con 76600 hectáreas de páramo distribuidas en 11 municipios de Cundinamarca y Meta.
En el pasado, este vasto ecosistema conformado por 20 lagunas, de donde proviene el 70 % del agua que consumen los habitantes de la capital, fue uno de los sitios donde los muiscas hacían sus pagamentos y rituales sagrados. En la laguna de Siecha fue extraída una de las balsas doradas de la leyenda de El Dorado.
Chingaza le sirve de hogar a diversas especies insignias del país como el oso andino, el cóndor de los Andes y el puma. Sin embargo, los animales que más hacen presencia en sus terruños paramunos son los venados de diversas especies, mamíferos saltarines que ya no le temen a la presencia humana.
Este venado de páramo macho (Odocoileus goudotii), con las astas cubiertas de pelo, fue avistado por científicos del Instituto Humboldt en 2015 durante un recorrido por el parque en compañía de representantes de la gobernación de Cundinamarca..
Esta especie habita en el norte de Sudamérica. En Chingaza convive con otros cérvidos como el venado de cola blanca y el venado colorado, mamíferos que incluso sorprenden a los turistas que acampan en esta área protegida repleta de agua.



Morichales de la Orinoquia

Trinidad, Casanare

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

La palma más acuática

Las sabanas inundables son uno de los ecosistemas más representativos de la Orinoquia. Sus bosques están constituidos por matas de monte, esteros y morichales, estos últimos gobernados por la palma de moriche (Mauritia flexuosa), que alcanza hasta los 25 metros de altura.
Los morichales engalanan los Llanos Orientales colombianos. Son sistemas fluviales que se forman en las zonas de corrientes tranquilas en pequeñas depresiones de planicies y valles; es decir, son palmas en medio del agua. Esta gigante está considerada como la más acuática de todas las palmas.
Estos ecosistemas, la única fuente de agua permanente para la fauna de la sabana, son indispensables para los indígenas y colonos de la región. Además de suministrarles peces y carne de monte de los animales que allí habitan, con los frutos, semillas y tallos de las palmas elaboran productos y artesanías que son parte de la economía local.
Esta postal de tonos naranjas y azules fue captada en 2016 por el Instituto Humboldt en las sabanas inundables de la reserva natural El Lagunazo, ubicada en el municipio de Trinidad (Casanare), donde se aprecia la imponencia de la palma de moriche, también conocida como aguaje, canangucha o cananguche.



Oso palmero (Myrmecophaga tridactyla)

Trinidad, Casanare

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Una madre incondicional

Más de 34 millones de hectáreas conforman la cuenca del Orinoco en Colombia, una región con una marcada tradición llanera que abarca la totalidad de los departamentos de Casanare, Arauca, Meta y Vichada. Es una de las zonas más biodiversas del país, con cerca de 8400 especies de plantas y animales registradas. De este total, 254 corresponden a mamíferos, los únicos con pelos y glándulas mamarias en todo el reino animal.
En 2016, el Instituto Humboldt acompañó el proceso de declaratoria de varias reservas de la sociedad civil en el municipio de Trinidad (Casanare), los investigadores quedaron maravillados con una de las muestras más tiernas de la naturaleza. Se trataba de una osa palmera (Myrmecophaga tridactyla) cargando a su cría en el lomo, una especie reconocida por ser una de las mejores madres del mundo de los mamíferos.
En esta postal se puede apreciar el gran tamaño de la cría sobre el lomo de su progenitora, una condición que no le parece incomodar para nada a la devota madre.
Esta especie, que habita en varios países de Sudamérica y Centroamérica, lleva a su cría en la espalda durante más de un año, tiempo en el que se desarrolla totalmente y queda lista para valerse por sus propios medios. El hocico alargado y convexo del oso palmero, también conocido como oso hormiguero gigante, le permite encontrar su principal alimento en la tierra, hormigas y termitas. Su cola, un prensil bastante peludo, es otra de las características físicas más llamativas de esta especie.


Cueva La Tronera

El Peñón, Santander

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

El corazón del mundo

En Colombia se han descrito 260 sistemas cársticos, ecosistemas como cuevas, cavernas, hoyos y abrigos rocosos que albergan algunos de los representantes de la biodiversidad nacional más desconocidos.
En 2016, el Instituto Humboldt y Colciencias dieron marcha al primer estudio de la biodiversidad subterránea en el municipio de El Peñón (Santander), que a su vez fue la primera expedición del proyecto Colombia BIO.
Los hallazgos fueron catalogados como asombrosos. Un total de ocho posibles nuevas especies de insectos, una nueva especie de pez ciego que habita en las cavernas y dos especies de murciélagos, registradas por primera vez como habitantes de cavernas.
Las cavernas El Caracol, La Tronera, Las Sardinas y Los Carracos fueron los principales epicentros del estudio, ecosistemas enterrados en lo más profundo de la tierra que dejaron perplejos a los investigadores.
La Tronera fue uno de los sitios que los científicos jamás podrán olvidar. Uno de sus accesos es conocido como el corazón del mundo debido a que la roca se abre en forma de corazón, comunicando el mundo exterior con los secretos que se ocultan bajo tierra. 
Por encima permanece oculta, ya que está cubierta por los densos bosques. Pero en su interior hay una profunda caverna subterránea bañada por el agua que fluye todo el tiempo así no esté lloviendo.


Hormigas arrieras

Aipe, Huila

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Las incansables obreras del suelo

Más del 20 % de la biodiversidad conocida en Colombia corresponde a animales con tamaños diminutos, organismos que si no fuera por los zumbidos o colores llamativos de algunos de sus representantes, pasarían totalmente desapercibidos.
Se trata de los insectos, un grupo de la fauna silvestre que en el país suma más de 11 760 especies registradas a la fecha, lo que incluye escarabajos, hormigas, mariposas, abejas y dípteros, como moscas y mosquitos.
En las expediciones del Instituto Humboldt, los investigadores agudizan sus sentidos para poder analizar y detallar a estos representantes del reino animal que gobiernan lo más profundo de los ecosistemas.
En el municipio de Aipe (Huila), mientras el Humboldt daba marcha a un proyecto sobre parcelas permanentes de monitoreo en el bosque seco tropical, un tronco de uno de los árboles espinosos arrojó una imagen que plasma el arduo trabajo de las hormigas en horas de la noche, insectos que en el país suman más de 870 especies.
Cuatro hormigas arrieras, de diversos tamaños, cargan en sus espaldas partes de la vegetación que llevan a su hormiguero para cultivar un hongo y alimentarse de él, una postal captada en 2016 donde se aprecia el fondo naranja característico del bosque seco.


Rana de cristal (Espadarana prosoblepon)

Carmen de Viboral, Antioquia

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

La tierna mirada de una rana de cristal

Con cerca de 850 especies registradas, Colombia ostenta el título del segundo país con mayor riqueza de anfibios, un grupo de la fauna silvestre representado por ranas o anuros, salamandras, tritones y cecilias.
En 2016, durante la primera expedición de Colombia BIO, proyecto del Instituto Humboldt y Colciencias, los investigadores lograron registrar la tierna mirada de una rana de cristal (Espadarana prosoblepon), con sus ojos negros como el ébano en dirección hacia el cielo.
Este hallazgo se hizo en el municipio del Carmen de Viboral (Antioquia), cerca del río Melcocho. La rana, con un cuerpo pintado de verde encendido y pequeñas pecas negras en su lomo y patas, estaba sobre un helecho y al parecer se disponía a saltar.
Espadarana prosoblepon es un anfibio con un tamaño que no supera los 28 milímetros. Se distribuye en Colombia y Ecuador y algunos sitios puntuales de Centroamérica, y aunque no está catalogada como amenazada, la deforestación la está dejando sin hogar.




Las palmas de cera de Tochecito (Ceroxylon quindiuense)

Cajamarca, Tolima

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Tochecito: el emporio de la palma de cera

No hay otro lugar en el mundo que cuente con tanta riqueza en palmas como Colombia. Con más de 259 especies identificadas, es el país con mayor diversidad de palmas en el planeta, de las cuales el 23 % son endémicas.
Dentro del grupo de especies únicas, la más representativa es la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), reconocida como símbolo patrio de Colombia en 1985, una especie que fue altamente impactada por la elaboración de ramos con sus hojas para las festividades de Semana Santa.
La población más abundante de esta palma está en la cuenca del río Tochecito, entre Cajamarca y Salento (Tolima y Quindío), donde sobreviven cerca de 600 000 individuos en 4500 hectáreas.
El geógrafo Alexander von Humboldt describió a Tochecito como un bosque sobre el bosque, un paraíso que con el paso del tiempo se ha visto afectado por la ganadería extensiva y quemas generadas por la deforestación.
El Instituto Humboldt recorrió parte de Tochecito en 2017 en una salida exploratoria que tuvo como objetivo proponer una expedición en sus dominios y así contar con mayores insumos para lograr su declaratoria como área protegida.


Currucutú común (Megascops choliba)

Cuenca del río Tomo, Vichada

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

El tierno currucutú en los llanos

Cerca de 2000 especies de aves revolotean por las más de 114 millones de hectáreas de Colombia, una cifra que lo convierte en el país con mayor riqueza de avifauna en todo el globo terráqueo.
Las hay de todos los colores, tamaños, formas, cantos y comportamientos. Las migratorias, 158 especies, pasan por el territorio nacional en algunas épocas del año para encontrar refugio, alimento y sitios de descanso en sus largos viajes. Por otro lado, 82 son únicas o endémicas.
En las expediciones de la biodiversidad del Instituto Humboldt, las aves figuran siempre entre los animales con mayores registros, hallazgos que en algunos casos sorprenden por la majestuosidad de su plumaje, las habilidades de caza o la ternura de sus miradas.
Así ocurrió con un búho currucutú común (Megascops choliba), avistado en la tercera expedición del proyecto Colombia BIO en 2017, por las tierras del Vichada, en una zona boscosa de la cuenca del río Tomo.
Esta especie habita en el centro y sur del continente americano, en ecosistemas diversos como bosques, selvas, sabanas, cerros e incluso sitios urbanos. Caza insectos y algunos roedores de noche, durante el día se queda camuflado entre vegetación.


Colombia BIO 2017

Cuenca del río Tomo, Vichada

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Una noche estrellada en la Orinoquia

Los paisajes llaneros no solo muestran su belleza bajo los rayos del sol. Aunque los amaneceres y atardeceres de colores naranjas son los más llamativos en la región, las horas de la noche esconden una magia ancestral y cosmológica.
Cuando hacen expediciones sobre biodiversidad, los investigadores del Instituto Humboldt poco duermen, ya que son conscientes de que en cualquier momento la naturaleza les dará alguna muestra digna de registrar. Además, el tiempo en campo, al ser limitado, debe ser aprovechado al máximo.
Así ocurrió en uno de los campamentos de la expedición Colombia BIO por las tierras del Vichada en 2017, en la cuenca del río Tomo. Una noche, algunos investigadores interrumpieron el procesamiento de datos y muestras para apreciar un cielo repleto de estrellas que les regalaba la jornada.
En la postal, los puntos luminosos de las estrellas contrastan con las luces rojas y azules de los dos sitios del campamento, donde también aparecen algunos científicos trabajando bajo la majestuosidad de la vía láctea.


Bosque de colorados (Polylepis quadrijuga)

Páramo El Consuelo, Belén, Boyacá

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Los colorados de Belén

La deforestación sigue saciando su hambre con los árboles centenarios de los bosques y selvas de Colombia, uno de los cinco países más impactados por este flagelo impulsado por tentáculos de la ilegalidad.
En los últimos 20 años, el territorio nacional perdió cerca de 2.8 millones de hectáreas de bosque, una hecatombe ambiental liderada por motores como el acaparamiento de tierras, la ganadería extensiva y la minería ilegal.
Sin embargo, en las expediciones lideradas por el Instituto Humboldt, los investigadores se han topado con algunos ecosistemas boscosos sin muestras de alguna intervención humana, un estado virginal en el máximo tope de su majestuosidad.
Así ocurrió en el páramo de El Consuelo, ubicado en el municipio de Belén, una de las zonas que abarcó la expedición Boyacá BIO de 2018, donde fue registrada una zona boscosa con árboles únicos del territorio nacional.
Se trataba de un relicto de bosque bastante extenso de árboles colorados (Polylepis quadrijuga), una especie nativa y endémica de la cordillera Oriental en Colombia que fue catalogada por los científicos como uno de los hallazgos más interesantes de la expedición.
Los colorados habitan en los ecosistemas de alta montaña, como el bosque altoandino y los páramos. Sus árboles alcanzan alturas de hasta ocho metros y cuentan con troncos retorcidos de color rojo intenso, razón de su nombre común.
En la postal del Instituto Humboldt se aprecia cómo las ramas de estos árboles forman figuras parecidas a ríos o caminos en el dosel, una característica que les permite no juntarse o enredarse.


Camaleón andino (Anolis heterodermus)

Páramo de Ocetá, Monguí, Boyacá

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

En la piel de un lagarto

Más de 700 especies de reptiles han sido registradas hasta ahora en Colombia, una cifra que ya lo convierte en el tercer país con mayor cantidad de tortugas, serpientes, lagartos y cocodrilos en todo el mundo.
Este es un número parcial que ha venido creciendo en los últimos años a través de las expediciones científicas en sitios que el conflicto armado evitaba recorrer, donde se han registrado incluso especies desconocidas para la ciencia.
En la expedición Boyacá BIO de 2018, uno de los reptiles que dejó ver su belleza en todo su esplendor fue el Anolis heterodermus, llamado comúnmente camaleón andino, aunque se trata de un lagarto. Este, en particular, fue registrado en el páramo de Ocetá, en el municipio de Monguí.
La piel de este lagarto es bastante peculiar, ya que cambia de color cuando siente alguna amenaza gracias a que tiene células llamadas cromatóforos que tienen esta capacidad. Como se mimetiza entre la vegetación para despistar a sus depredadores, las comunidades lo llaman camaleón.
Las escamas agrandadas y granulares, registradas por el fotógrafo del Instituto Humboldt, es otra de las características de la piel de este lagarto que en el mundo solo habita en Colombia y Ecuador.


Tortuga hedionda (Mesoclemmys gibba)

Caño Cristales, Meta

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Tortuga sobre un colchón rosado

El río de los siete colores o el río de los dioses. Así es conocido Caño Cristales, cuerpo de agua que zigzaguea por la serranía de La Macarena, en el departamento del Meta, y que ha sido catalogado como uno de los mayores tesoros biodiversos de Colombia.
La razón de sus nombres es que las plantas acuáticas que hay en su fondo cambian de color con la exposición de los rayos del sol, pasando de verde hasta tonos rosados y rojos bastantes intensos. Sus aguas lucen como un arcoíris, pero en realidad es un efecto visual causado por la vegetación.
En 2019, cuando el Instituto Humboldt y Cormacarena realizaban una caracterización de la fauna asociada a la Macarenia clavigera, una de las plantas endémicas del río que lo hace ver de color rojo, una tortuga apareció sobre un colchón de plantas rosadas.
Se trataba de una tortuga hedionda o galápago hediondo (Mesoclemmys gibba), reptil que se distribuye en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guayana Francesa, Perú, Surinam, Trinidad y Venezuela.
El registro de esta tortuga de cabeza angosta, caparazón ancho y aplanado y color café oscuro o negruzco, representa un gran hallazgo para los científicos ya que es uno de los reptiles de los que se tiene poca información en el país.
Se sabe que en Colombia habita en las cuencas del Amazonas y Orinoco, pero no se cuenta con información precisa sobre su hábitat, alimentación y biología. Aunque no está catalogada como amenazada, los investigadores advierten que la pérdida de hábitat la puede tener en peligro.


Caño San Silvestre

Barrancabermeja, Santander

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Cordones umbilicales de las ciénagas

Nace de la confluencia de los ríos Suárez y Chicamocha en Santander y desemboca sus aguas carmelitas en el río grande de la Magdalena. Baña a municipios como son San Vicente de Chucurí, Betulia, Los Santos, Barrancabermeja, Puerto Wilches, Sabana de Torres y Zapatoca.
Se trata del río Sogamoso, el mayor afluente del Magdalena en su tramo medio y uno de los titanes hídricos que fue recorrido por investigadores del Instituto Humboldt en 2020, cuando adelantaban un proyecto con Ecopetrol para conocer la riqueza íctica o de peces en la zona.
El caño San Silvestre, uno de los afluentes del Sogamoso, zigzaguea con calma entre los árboles del bosque húmedo. Es un cordón umbilical que conecta las ciénagas de El Llanito con San Silvestre, en Barrancabermeja.
Este caño sale de la ciénaga San Silvestre. Luego de algunos kilómetros llega a la de El Llanito para nutrirla, pero después coge camino hacia el río Sogamoso, donde desemboca sus aguas carmelitas.
Este es uno de los sitios donde sobrevive la pesca artesanal de las comunidades locales, a pesar de que sus peces son cada vez más escasos y pequeños.


Ciénaga del Llanito

Barrancabermeja, Santander

Crédito: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)

Una cuenca con corazón

La cuenca del río grande de la Magdalena surgió hace más de 80 millones de años con el levantamiento de las tres cordilleras andinas. Es un territorio con un área de drenaje superior a las 25 millones de hectáreas, de las cuales cerca de 1.2 millones son planicies inundables.
El Magdalena es sin lugar a dudas el mayor territorio anfibio de Colombia, con un corazón que late en sus 151 subcuencas tributarias, 233 especies de peces y más de 30 000 pescadores.
En la ciénaga de El Llanito, que hace parte de la subcuenca del río Sogamoso en el municipio de Barrancabermeja, las atarrayas de los pescadores decoran el panorama.
Esta práctica ancestral ha sobrevivido a pesar de la disminución en la talla de los peces y los impactos derivados por la llegada de la represa de Hidrosogamoso.
Esta postal, registrada por los investigadores del Instituto Humboldt en un proyecto suscrito con Ecopetrol, corrobora esa cultura anfibia que se niega a desaparecer por los azares del tiempo y las actividades económicas.