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Nuevos datos sobre la tortuga sabanera o galápago llanero, un reptil único de la Orinoquia colombo-venezolana

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 18 de agosto de 2021

Nuevos datos sobre la tortuga sabanera o galápago llanero, un reptil único de la Orinoquia colombo-venezolana




Tortuga sabanera o galápago llanero (Podocnemis vogli) Río Dagua, Vichada. Foto: Mónica A. Morales-Betancourt


  • •  Durante cuatro meses, justo en la estación seca, cinco científicos evaluaron el uso del hábitat y las características poblacionales de 149 tortugas sabaneras o galápagos llaneros en la Reserva Natural Privada Bojonawi, ubicada en el Vichada.
  • •  Los investigadores evidenciaron que esta especie es abundante y parece ser generalista de ecosistemas como los grandes ríos y la planicie inundable, un hallazgo pionero en el estudio de este reptil endémico de Colombia y Venezuela.
  • •  Las hembras, que presentaron tamaños más grandes, marcaron la parada en la laguna El Pañuelo, mientras que los machos abundaron en las inmediaciones del río Orinoco.


Una tortuga pequeña, con un caparazón liso y aplanado de color café, un hocico puntiagudo, una cola corta y algunas manchas amarillas en su cabeza, permanece oculta en algunos cuerpos de agua de la cuenca del río Orinoco, un vasto ecosistema ubicado en la extensa Orinoquia colombo-venezolana y decorado por extensas sabanas y morichales.

La ciencia la nombró en 1935 como Podocnemis vogli, pero es más conocida como tortuga sabanera, galápago llanero, galapaguita o gurruña. Alcanza tamaños cercanos a los 30 centímetros y un peso de más de cuatro kilogramos, y todo indica que es un reptil omnívoro con preferencia por las plantas y semillas, aunque también come insectos, pequeños invertebrados, peces y carroña.

Es un animal único o endémico de Colombia y Venezuela. Según Carlos A. Lasso, investigador del programa de ciencias de la biodiversidad del Instituto Humboldt, en el territorio nacional ha sido reportada en un área de 304 kilómetros cuadrados, que abarca varias subcuencas del Orinoco como las de los ríos Arauca, Casanare, Guaviare, Meta, Tomo, Bita, Inírida y Vichada.

“En Colombia, las hembras anidan entre octubre y enero, en la sabana y durante el atardecer y la noche. Allí primero expulsan un líquido por la cloaca con el que humedecen el terreno, y luego cavan con las patas traseras, ponen los huevos, los tapan y sellan la entrada con la presión de su peso. Realizan tres posturas, donde alcanzan a poner 42 huevos que tardan más de tres meses en eclosionar”.

Según el libro “Biología y conservación de las tortugas continentales de Colombia” del Instituto Humboldt, en el país el galápago llanero está clasificado como una especie de menor preocupación debido a su aparente abundancia. Pero Lasso y otros investigadores han evidenciado que su población está disminuyendo en algunos lugares debido a la caza.


La ciencia la nombró en 1935 como Podocnemis vogli, pero es más conocida como tortuga sabanera, galápago llanero, galapaguita o gurruña. Cría, Reserva Natural Bojonawi, Vichada. Foto: Mónica A. Morales-Betancourt.


“Los habitantes de la Orinoquia la cazan durante dos épocas del año: en sus meses reproductivos y en la Semana Santa debido a la prohibición del consumo de carne roja. La disminución de las tortugas charapa (Podocnemis expansa) y terecay (Podocnemis unifilis) ha generado que se capturen más galápagos llaneros, mientras que los juveniles son capturados ocasionalmente para su venta como mascotas en el mercado”.

Aunque la tortuga sabanera es endémica de la Orinoquia colombo-venezolana, en el territorio nacional hay varios vacíos sobre su información, como observaciones puntuales de su alimentación, comportamiento, estructura de las poblaciones e historia natural.

“Recientemente se han realizado estudios sobre poblaciones colombianas relacionadas con crías en cautiverio, taxonomía y biometría. Sin embargo, en las últimas décadas no se han adelantado investigaciones centradas en el uso del hábitat o la demografía de esta especie, tampoco sobre genética, un tema de gran interés, apunta Lasso.

Sabaneras en una reserva

Con el objetivo de llenar los vacíos respecto el uso del hábitat y poblaciones de esta especie, cinco científicos se adentraron en lo más profundo de la Reserva Natural Privada de Bojonawi (BPNR), ubicada en el departamento de Vichada, entre el enero y abril de 2017, justo en la temporada reproductiva de la sabanera.

Ana M. Sepúlveda Seguro, Vivian P. Páez y Marley T. Gómez Rincón, del Grupo Herpetológico y la Universidad de Antioquia, y Mónica A. Morales Betancourt y Carlos A. Lasso del Instituto Humboldt, fueron los encargados de liderar el estudio, que también contó con el apoyo financiero y logístico de la Fundación Omacha.

“Bojonawi está dentro de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Natural Tuparro y la Reserva de la Biosfera de la Unesco. Es una reserva ubicada a 15 kilómetros al suroeste de de Puerto Carreño que está relativamente bien conservada y protegida, lo que nos permitió documentar aspectos sobre la población de la tortuga sabanera”, mencionó Lasso.

Los investigadores seleccionaron tres macrohábitats acuáticos de la reserva para estudiar a las sabaneras: el cauce principal del río Orinoco, la laguna El Pañuelo y el caño El Tesoro, ecosistemas separados por aproximadamente 1,5 kilómetros.

“Cada uno de estos lugares cuentan con diferentes características fisicoquímicas, niveles de sedimentación, nutrientes, flujo de corriente, transparencia del agua y profundidad, aspectos esenciales para estudiar mejor el uso del hábitat de las tortugas”, precisó el investigador del Humboldt.

Para analizar a las tortugas, los expertos utilizaron métodos como trampas de embudo, redes de trasmallo y captura manual.

“Hicimos tres muestreos en los macrohábitats seleccionados. En cada uno instalamos 15 trampas de embudo en lugares poco profundos cerca de los sitios donde las tortugas toman el sol, las cuales fueron cebadas con pescado, carne, maíz, plátano y racimos de hojas de chigo”, cita el estudio publicado en la revista Latinoamericana de Herpetología.

Algunas tortugas detectadas visualmente entre las nueve de la mañana y las 11 de la noche, fueron capturadas de forma manual. “En la laguna El Pañuelo, esta captura se realizó en agua poco profunda desde un pequeño bote y en el canal El Tesoro cuando algunas personas practicaban snorkel o buceo. Por medio de redes de trasmallo fueron capturadas varias tortugas en la laguna”.


Tortuga sabanera o galápago llanero (Podocnemis vogli) Caño Cristales, Meta. Foto: Mónica A. Morales-Betancourt


Más de un centenar

En Bojonawi fueron capturadas 149 tortugas sabaneras: tres jóvenes, tres varones subadultos, 34 hembras subadultas, 67 machos adultos y 42 hembras adultas. De este total, solo 11 fueron recapturadas.

81 tortugas fueron capturadas por medio de trampas de embudo, su mayoría en la laguna El Pañuelo. “No encontramos diferencias en las distribuciones de tamaño de las tortugas con estas trampas en los tres macrohábitats”, revela el estudio.

La captura manual arrojó 28 tortugas y 40 con la red de trasmallo en la laguna de El Pañuelo. Según los científicos, las proporciones de sexos difirieron entre los macrohábitats: abundancia de machos en el río Orinoco y de hembras en la laguna.

Lasso apunta que por primera vez se corroboró un marcado dimorfismo sexual en esta especie: las hembras capturadas fueron más pesadas, grandes y anchas que los machos, con un tamaño máximo de 30 centímetros y un peso corporal de tres kilogramos.

El libro de las tortugas continentales del Humboldt aseguraba que el dimorfismo sexual de esta especie era poco aparente, aparte de una mancha amarilla en el hocico de los machos. “En nuestro estudio el tamaño de las hembras fue mucho mayor: 30 centímetros frente a los 27 de los machos”.

Nueve hembras de 22 centímetros tenían huevos en diferentes etapas de calcificación. En cuanto a los recorridos de la especie, los expertos identificaron una distancia lineal media de 380 metros, siendo los machos los que se movieron más, hasta dos veces más que las hembras.

Todas las tortugas identificadas fueron marcadas, pesadas, medidas, sexadas y fotografiadas antes de su liberación en los hábitats naturales. El sexaje se determinó analizando la forma de la placa ósea anal, con una forma de "V" típica en las hembras y una "U" en los machos, quienes además cuentan manchas amarillas en la cabeza.

“Para este estudio inspeccionamos la reproducción de las hembras por medio de la ecografía de Bondway, que con una sonda examina la región inguinal para detectar la presencia de huevos en desarrollo”, dice el artículo de la revista Latinoamericana de Herpetología.


Todas las tortugas identificadas fueron marcadas, pesadas, medidas, sexadas y fotografiadas antes de su liberación en los hábitats naturales. Tortuga sabanera o galápago llanero (Podocnemis vogli) Río Tomo, PNN El Tuparro, Vichada. Foto: Mónica A. Morales-Betancourt


¿Qué dicen los resultados?

Para Lasso, Morales, Sepúlveda, Páez y Gómez, este estudio durante la temporada reproductiva de 2017 en la reserva no mostró una marcada segregación en términos de uso del macrohábitat para la tortuga sabanera.

“Otros estudios informan que esta especie tiene preferencia por lagunas y canales poco profundos, algo que no evidenciamos en este estudio. Esta discrepancia puede estar relacionada con causas como la época del año del trabajo de campo, los métodos de captura y el muestrear diferentes hábitats”.

Por ejemplo, por primera vez fue reportada una relativa abundancia de la especie en un cuerpo de agua grande como el río Orinoco, un hallazgo pionero en el estudio de esta tortuga en Colombia y Venezuela.

“Los estudios basados en otros métodos de muestreo no detectaron a esta tortuga en hábitats de aguas corrientes, lo que podría dar una impresión errónea de que evita grandes ríos. Esto se debe a que las otras investigaciones se realizaron en sitios como los llanos de piedemonte o llanuras inundadas estacionalmente, mientras que nuestro estudio fue en la planicie aluvial del río Orinoco.

Según Lasso, este estudio también es pionero en mostrar que en algunos lugares las tortugas sabaneras pueden estar presentes en cantidades sustanciales y grandes hábitats ribereños. “La especie es abundante dentro de la reserva y parece ser generalista de hábitats, incluyendo el uso de grandes ríos”.

Sin embargo, el investigador del Humboldt aclara que el bajo número de recapturas alcanzadas durante el reciente estudio, impidió la estimación de las densidades reales en cada macrohábitat.

Respecto a la preferencia de los machos por ecosistemas como el río Orinoco y de las hembras por la laguna, los expertos consideran que puede estar relacionada por los sitios ideales para la anidación de este último lugar.

“Las trampas de embudo capturaron con éxito tortugas de gran tamaño pero pocos juveniles. La red de trasmallo fue más eficiente, ya que solo en la laguna, durante seis horas de muestreo, capturamos aproximadamente 50 por ciento del número total de individuos muestreados, su mayoría juveniles y pocos adultos”.

Aunque la ciencia ha demostrado que esta tortuga está principalmente activa durante el día, el reciente estudio mostró por primera vez un forrajeo nocturno de la especie, hallazgo evidenciado por medio del método de captura manual.

Los cinco científicos concluyen que se necesita un monitoreo más extenso e intensivo para documentar las tasas específicas de supervivencia de las diferentes clases, detectabilidad y dinámica de la población.

“Un conocimiento básico de las características del ciclo de vida y la población es esencial para predecir cómo los cambios en la población debido a impactos naturales o humanos pueden afectar su distribución, uso del hábitat y permanencia”.


Tortuga sabanera o galápago llanero (Podocnemis vogli) Río Bita, sitio Ramsar, Vichada. Foto: Mónica A. Morales-Betancourt


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¿Cómo restaurar los páramos afectados por el pino pátula?

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 27 de julio de 2021

¿Cómo restaurar los páramos afectados por el pino pátula?




Las plantaciones forestales de especies exóticas como el pino Pinus patula, pueden generar limitaciones en la regeneración natural de la vegetación nativa de los páramos. Foto: Mauricio Aguilar.


  • •  Las plantaciones forestales de especies exóticas como el pino Pinus patula, pueden generar limitaciones en la regeneración natural de la vegetación nativa de los páramos.
  • •  Sin embargo, aún se desconocen las medidas de gestión necesarias para desarrollar un proceso de restauración ecológica exitoso en las zonas paramunas afectadas por plantaciones forestales de este árbol.
  • •  Tres investigadores del Instituto Humboldt y la Universidad de Nariño, hicieron varios experimentos y tratamientos en el páramo de Rabanal, ubicado en Boyacá, uno de los más perjudicados por este pino.
  • •  Eliminar los residuos post aprovechamiento forestal del pino pátula de los páramos incrementa la riqueza relativa de las especies nativas, ya que esta acción libera espacio sobre el suelo, proporcionando áreas donde las plantas nativas pueden llegar, germinar y establecerse.


Los páramos colombianos, reservorios hídricos que abarcan más de 2.9 millones de hectáreas y están distribuidos en 36 complejos, no se han salvado de la llegada de plantaciones forestales exóticas que han deteriorado sus recursos naturales.

Por ejemplo, en el páramo de Guacheneque, ubicado en el municipio de Villapinzón y donde nace cristalino el río Bogotá, fueron sembrados varios pinos en la década de los 90, árboles foráneos que no hacen parte de los ecosistemas de alta montaña del país y causaron una pérdida de vegetación nativa como los frailejones.

Estas especies exóticas generan transformaciones en los páramos andinos como: pérdida de la biodiversidad, acidificación de los suelos, alteración del régimen hídrico, disminución de oferta de hábitat para la fauna y una reducción de germinación, establecimiento y crecimiento de las plantas nativas.

Sin embargo, aún se desconoce la respuesta de los sitios paramunos después del aprovechamiento forestal de las especies exóticas. Este efecto ha sido estudiado en sabanas, bosques, ecosistemas costeros y piedemontes, donde se reportan procesos erosivos, inundaciones, alto riesgo de mortalidad sobre la vegetación e incendios.

Este panorama llevó a Edinson Sesquilé Escobar y Mauricio Aguilar Garavito (Instituto Humboldt) y Sebastián Ruiz Santacruz (Universidad de Nariño), a estudiar con mayor detalle cómo se puede realizar una restauración ecológica en las zonas paramunas afectadas por las plantaciones de pino pátula (Pinus patula).

Los investigadores realizaron experimentos dentro del Parque Natural Regional Páramo de Rabanal, área protegida del departamento de Boyacá que figura entre las más afectadas por la plantación de este pino. Por ejemplo, en el predio Peña de la Virgen, se aprovecharon estos árboles de la manera tradicional por más de 27 años.


Eliminar los residuos post aprovechamiento forestal del pino pátula de los páramos incrementa la riqueza relativa de las especies nativas, ya que esta acción libera espacio sobre el suelo, proporcionando áreas donde las plantas nativas pueden llegar, germinar y establecerse. Foto: Mauricio Aguilar




Dos áreas específicas dentro del páramo Rabanal, con cinco años y 10 años de post-tala de esta especie de pino, fueron los lugares seleccionados para realizar diversos ensayos como ver el los efectos en la eliminación de los residuos del aprovechamiento forestal del pino y la remoción de la vegetación preexistente.

“También analizamos cómo sería el panorama después del aprovechamiento forestal en cinco y 10 años; la aplicación de una enmienda orgánica al suelo; plantación del ciro, un arbusto nativo (Baccharis bogotensis); y los impactos sobre la riqueza de especies y la cobertura del estrato herbáceo en estas áreas de Rabanal”, cita el estudio publicado en la más reciente edición de la revista Biodiversidad en la práctica.

Esta investigación fue realizada en el marco del Proyecto “Páramos: Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte”, que fue financiado por la Unión Europea y ejecutado por el Instituto Humboldt.

Experimentos

La primera área del páramo estudiada abarcó 2044 metros cuadrados y tenía plantaciones de pino con un tiempo de aprovechamiento de cinco años. La segunda fue de 656 metros cuadrados y árboles de esta especie aprovechados hace 10 años.

Los investigadores hicieron experimentos en un diseño factorial con bloques de parcelas en la primera zona, con los siguientes tratamientos: no aplicar ningún tratamiento, eliminar los residuos post-aprovechamiento forestal del pino (troncos, cortezas, ramas, palos, aserrín y acículas), la aplicación de enmienda orgánica al suelo y remover la vegetación preexistente.

En la segunda, los científicos experimentaron en zonas con plantaciones de pino y ciro Baccharis bogotensis, donde se realizaron tratamientos como eliminar o no los residuos del aprovechamiento.

“Hicimos un tercer experimento con el establecimiento de un nuevo set de bloques de parcelas establecidas en un área con 5 y 10 años post aprovechamiento forestal, dónde se utilizaron los mismos tratamientos que en las otras áreas”, cita el artículo de la revista del Instituto Humboldt .

En estas zonas, los expertos midieron índices como riqueza, abundancia y cobertura relativa de la vegetación herbácea y arbustiva, y establecieron 120 subparcelas para realizar la evaluación y seguimiento de las áreas experimentales.

El monitoreo a la vegetación en los tres experimentos dentro del páramo de Rabanal fue realizado en dos etapas: la primera entre octubre y noviembre de 2017, a 10 meses de los tratamientos, y la segunda en agosto de 2019, a los 30 meses.


Aunque eliminar los residuos de pino y remover la vegetación preexistente puede favorecer la riqueza de especies propias de páramo, esta acción conjunta no mejora el porcentaje de cobertura porque genera pérdida de vegetación. Foto: Mauricio Aguilar.


Resultados

Los investigadores evidenciaron que eliminar los residuos del aprovechamiento forestal del pino, no remover la vegetación preexistente y aplicar una enmienda orgánica al suelo, es un tratamiento adecuado para mejorar la riqueza relativa de especies en áreas con cinco años de post aprovechamiento forestal.

“Sin embargo, el solo hecho de eliminar los residuos del pino y no realizar ninguna otra acción, es un tratamiento básico que repercute en el incremento de la riqueza de especies”, revela el estudio.

Aunque evidenciaron una mayor cobertura de la vegetación en parcelas con el residuo del pino, los patrones de vegetación no son los mismos porque la cobertura es dominada por muy pocas especies herbáceas generalistas como Phytolacca bogotensis, y otras que no son necesariamente especies de páramo o nativas.

Por otra parte, las parcelas donde se eliminaron los residuos post aprovechamiento del pino están asociadas a especies propias del páramo, como Carex bonplandii, Espeletia argentea, Espeletiopsis rabanalensis (fraylejón endémico del páramo de Rabanal), Paspalum bonplandianum, Agrostis scrabifolia, Paepalanthus columbiensis, Arcytopllylum nitidum, entre otras.

“Hay un efecto positivo en eliminar los residuos del pino, aplicar enmienda orgánica y la combinación entre ambas acciones. Por lo tanto, estas acciones contribuyen al aumento de la cobertura de herbáceas, frailejones y arbustos nativos del páramo luego de cinco años de aprovechamiento forestal”, revelan los investigadores.

En los sitios con 10 años post aprovechamiento del pino, eliminar el residuo es clave para mejorar la riqueza relativa luego de 30 meses con una cobertura dominante de especies herbáceas, frailejones y rosetas de páramo.


Paepalanthus columbiensis, Foto: Mauricio Aguilar.


La gran conclusión del estudio es que eliminar o retirar los residuos del pino pátula de los páramos incrementa la riqueza relativa de las especies nativas. Esta acción libera espacio sobre el suelo, lo que proporciona una mayor área efectiva para que puedan llegar, germinar y establecerse los propágulos que se están dispersando. Además es una acción muy económica y que permite recuperar cierta parte del material vegetal que se deja en campo como residuo.

“Esta actividad de restauración puede ejercer efecto sobre la riqueza y la cobertura incluso 10 años después del aprovechamiento forestal. Corroboramos que las parcelas sin eliminación del residuo de pino tienen la menor riqueza de especies”.

Por otra parte, aunque eliminar los residuos de pino y remover la vegetación preexistente puede favorecer la riqueza de especies propias de páramo, esta acción conjunta no mejora el porcentaje de cobertura porque genera pérdida de vegetación.

“Las acciones de remoción de la vegetación en páramo deben focalizarse sólo en remover las gramíneas exóticas y otras plantas potencialmente invasoras, así como los residuos del aprovechamiento forestal”.

En los tratamientos donde se aplicó la enmienda orgánica al suelo, los investigadores evidenciaron una ligera mejora en cobertura y riqueza. “El Fertisol TM es un agregado que incentiva la formación radicular en las primeras etapas de crecimiento, aporta fosfatos, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y boro”.

La plantación de ciros (B. bogotensis) no presentó un efecto estadísticamente significativo ni en la riqueza o cobertura relativa, y además se evidenció el 100 % de mortalidad de los individuos sembrados, concluyendo que las condiciones actuales de este páramo no son aptas para plantar esta especie.

“Para las acciones de restauración que incluyan revegetación, se recomienda comprobar que las especies a plantar tengan los rangos ambientales del área experimental, sean del paisaje actual, cuenten con los atributos para superar las condiciones tensionantes y provengan de viveros ubicados de áreas cercanas y con condiciones de páramo”.

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Viveros comunitarios, aliados para restaurar los páramos de Colombia

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 16 de junio de 2021

Viveros comunitarios, aliados para restaurar los páramos de Colombia




Las bolsas deben llenarse antes de realizar el trasplante para asegurar que las plantas no duren mucho tiempo por fuera de la tierra. Foto: Ledy Trujillo


  • •  En cinco páramos del país, las comunidades locales se han encargado de propagar y sembrar especies de plantas nativas para después utilizarlas en procesos de restauración ecológica en sus ecosistemas de alta montaña.
  • •  Viveros de páramos para la restauración ecológica es una herramienta de consulta para la propagación de estas especies vegetales.
  • •  En esta nueva publicación encontrará los pasos para diseñar e implementar un vivero de páramo y lograr la propagación de plantas adecuadas para este territorio.


Cuando los páramos son sometidos a procesos de degradación continuos es necesario intervenir para acelerar o iniciar el proceso de recuperación. Una de las estrategias para la restauración de los ecosistemas es la revegetalización mediante la siembra de plantas que permitan restablecer la funcionalidad y los servicios que presta el páramo como la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono del suelo, entre otros. Este manejo de la vegetación requiere de la propagación de plantas nativas, a través de lo que se conoce como viveros.

Los viveros son el lugar adecuado para propagar, multiplicar y lograr que las plantas que serán usadas en el proceso de siembra, se adapten y sobrevivan durante los primeros meses o años de crecimiento antes de ser llevadas al lugar en donde se plantarán definitivamente. Aunque pareciera que un vivero es fácil de mantener, estos deben ser creados pensando en las condiciones ambientales de su entorno y en las especies de plantas que requiere un proceso de restauración. Las plantas de alta montaña crecen muy lento debido a las bajas temperaturas, por lo que el tiempo transcurrido desde la germinación de las semillas hasta tener una plántula puede ser entre uno y cuatro años.

La implementación de acciones de restauración ecológica contribuye a la disminución de los efectos ocasionados por disturbios en el páramo como la ganadería, la agricultura, las plantaciones forestales de pino y eucalipto, así como la colonización de especies invasoras y la minería.

En las pasadas décadas se ha evidenciado la necesidad de desarrollar proyectos de restauración ecológica cada vez más integrales en donde se involucren viveros principalmente de plantas nativas de la alta montaña. Es por esto que el Instituto Humboldt por medio del Proyecto Páramos: Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte financiado por la Unión Europea presenta la publicación Viveros de páramo para la restauración ecológica.


Plántula de Retrophyllum rospigliosii creciendo en un sustrato de cascarilla de arroz.
Foto: Ledy Trujillo. Archivo: Bosques & Semillas.


“Este libro es una construcción de conocimiento a través del intercambio de saberes entre investigadores y viveristas comunitarios, en el que se aborda el paso a paso a la hora de poner en marcha un vivero de alta montaña”, aseguró Patricia Velasco-Linares, directora de Bosques & Semillas y autora principal del libro.

Además, es una herramienta de consulta para los habitantes de los páramos, estudiantes, profesionales e investigadores enfocados a la propagación de especies nativas, con el objeto de mejorar las practicas de reproducción de plantas de alta montaña necesarias para la restauración de este ecosistema.

El Proyecto antes mencionado ha impulsado la labor de los viveristas comunitarios que, además de ser líderes locales en la protección de sus territorios y el mantenimiento de los servicios ecosistémicos, son emprendedores que lideran viveros de alta montaña como alternativa económica. Aquí compartimos algunas de sus historias:

Algunos rostros de la restauración ecológica de los páramos


Mireya Pérez

Vivero Guardianes de la Montaña, Batallón de Alta Montaña Nro. 2. Ejército Nacional, vereda Tobal, municipio El Espino, Boyacá.

El interés de Mireya por el viverismo nace de la curiosidad de saber cómo germinar frailejones. Pronto se convirtió en una pasión y en un camino de formación constante. Los cursos de viverismo tomados en el Proyecto Páramos cambiaron su perspectiva en relación con las actividades que venía desarrollando en el vivero.
Actualmente, quiere incursionar en los negocios verdes, estableciendo una red de viveros al interior del departamento de Boyacá enfocados en la propagación de especies vegetales de páramo.

Andrés Ospina

Vivero Asogrigan, vereda La Nevera, municipio de Palmira, Valle del Cauca.

La curiosidad de Andrés lo llevó a interesarse por aprender sobre las plantas frutales de clima frío y así empezar a ensayar la propagación. “Comenzamos con uchuvas y papayuelas. Pero también me interesaba conocer la mayor variedad de plantas posible, que pudieran servir de alimento para las personas, sobre todo en una región donde ya nadie siembra nada”. Luego, y con el espacio del vivero, empezó a hacer ensayos de propagación de plantas del bosque y del páramo, prestando atención a las especies y sus ciclos de reproducción.

Al ver que era posible propagar plantas del bosque, y dada la demanda de insumos para proyectos de restauración, vio una oportunidad para generar empleo remunerado pero, además, un espacio para reconocer el territorio y compartir experiencias con otros interesados.

Sus expectativas se centran en la propagación y cultivo de la diversidad de plantas del páramo y el bosque alto andino, para que puedan tener uso alimenticio, medicinal, forestal y estético. Además, se propone transformar dos hectáreas de potreros en un ecosistema que incluya una composición de plantas seleccionadas, para entender mejor el proceso de desarrollo en condiciones similares a las que se enfrentan en procesos de restauración.

Los viveros de páramo tienen la potencialidad no solo de suministrar material de calidad para la restauración ecológica, sino de ser centros de encuentro, educación ambiental y emprendimiento para las comunidades rurales.

El sueño de los viveristas de alta montaña es continuar con sus iniciativas que preservan estos ecosistemas claves en la lucha contra el cambio climático.

Descarga aquí Viveros de páramos para la restauración ecológica.



Las plantas se pueden agrupar por la forma en la que se desarrollan durante su ciclo de vida:

Rosetas con tallo: Las hojas se distribuyen de forma circular en el tallo, como es el caso típico de frailejones grandes. Rosetas sin tallo: Sus hojas también salen de forma circular, pero como no presentan tallo salen al nivel del suelo. Usualmente estas plantas tienen estructuras subterráneas, protegidas del frío donde almacenan agua y nutrientes. Arbustos: Plantas leñosas que alcanzan hasta los cinco metros de altura y se ramifican cerca de la base.

Arbolitos: Individuos leñosos con tallo claramente definido, que superan los cinco metros. Pueden formar pequeños bosques localmente.

Hierbas: Plantas de bajo porte, no leñosas o poco lignificadas, de manera que tienen consistencia blanda.

Bejucos o trepadoras: Plantas con un tallo largo y flexible que les permite crecer entre los árboles para alcanzar la luz. Pueden ser leñosas o herbáceas.

Bambusoides: Especies cuyas plantas tienen forma de bambú, lignificadas, de poca altura y clonales.

Cojines: Plantas que crecen a ras del suelo, forman un colchón o tapete que puede verse plano, convexo o semiesférico. Macollas: Las hojas son planas semejantes a penachos o grupos densos de tallos con hojas rígidas, puntiagudas, tubulares o enrolladas.

Para conocer más sobre las plantas de páramo puedes consultar Bitácora de Flora. Segunda edición.

Galería de Víveros


Preparando los esquejes de las plantas que se van a propagar.
Foto: Bosques & Semillas.



Siembra de semillas de plantas nativas en canaletas
Foto: John Bernal




Marcaje de plántulas con palillo que indica que ya se contabilizó su germinación.
Foto: John Bernal.

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Universos diminutos: plantas sobre los árboles

Hablemos de las plantas que crecen en arboledas de bosque antiguo

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FOTO TOMADA FLICKER MATEO HDEZ.

Instaladas en las alturas, las plantas epífitas son refugio de ranas, escarabajos y gusanos; despensa de alimento para osos de anteojos, monos, ardillas u hormigas; y estaciones estratégicas de polinización.  Con la guía de Mateo Hernández, naturalista y colaborador del Instituto Humboldt, nos instalamos en la espesa arboleda que refugia a esta silenciosa y subestimada vegetación que reclama reconocimiento y prestigio por encima de la función ornamental que comúnmente las identifica.

Las plantas epífitas –aquellas que crecen sobre otras– germinan en las altas montañas y están representadas en tres grandes grupos: las orquídeas, los helechos y las bromelias o quiches. Dichas especies tropicales, nativas de los bosques secos y húmedos colombianos, son de habitual comercio en tiendas de flores o plazas de mercados, también son usadas para el adorno de jardines residenciales exteriores e interiores.

Para los expertos en temas de plantas, las epífitas son el ejemplo de trabajo colaborativo, mientras en el campo sus habitantes tienden a tacharlas de aprovechadas. “Es muy común que los campesinos cuando las ven las llamen parásitas, creyendo que al crecer sobre los árboles les succionan la savia, como vampiros que se alimentan de sangre”, manifiesta Mateo.

En términos botánicos, hay diferencia entre una planta epífita y otra parásita: “las primeras se agarran de sus raíces al árbol y toman lo que cae directamente en la corteza sin robar nutrientes. Por el contrario, las segundas incrustan un órgano, el haustorio, en los tejidos de su planta hospedera para alimentarse”, menciona Hernández.

Las plantas epífitas son más comunes en bosques maduros, de más de 100 años de antigüedad, que hoy escasean en el país. Así lo explica Mateo: “al viajar por Colombia te encuentras bosques que probablemente no alcanzan el centenar de años debido a la sobre explotación y sobre población a la cual los hemos expuesto; con la desaparición de los viejos bosques se están acabando las epífitas, hoy, prácticamente, hallas las sobras de lo que antes hubo en cantidades”.

Situación para no desatender, pues las epífitas, más que ornamentales por su belleza exótica, son responsables de aportar gran parte de la diversidad biológica a los bosques maduros. En el caso de las bromelias, las rosetas de hojas tienen disposición cóncava para acumular agua, la cual es consumida por la planta junto con los nutrientes disueltos a través de escamas dispuestas en las hojas; esta es una forma única de hacerlo en la naturaleza pues lo común es que las plantas utilicen sus raíces en esta actividad. “El charquito que se forma en la base de las hojas de las bromelias se transforma en un estanque en miniatura al que acuden gusanos, tijeretas, escarabajos, larvas de moscas y un sinfín de animales que viven allí dentro”, afirma Mateo.

Pero eso no es todo, hasta las coloridas ranas venenosas, capaces de vivir sobre los 20 metros de altura, se mudan al interior de las bromelias, depositan huevos y crían sus renacuajos, transformándolas en miniecosistemas acuáticos no convencionales, alejados de los comunes afluentes que prestan igual servicio.

Por su parte, monos o ardillas dependen del agua acumulada en las rosetas en temporadas secas; pájaros carpinteros y trepatroncos, especialistas en cazar escarabajos, las visitan en busca de alimento; los colibríes las polinizan y los osos de anteojos les extraen el corazón o palmito que traen dentro. Estos son ejemplos claros de una sociedad que convive y fluye naturalmente.

Por otro lado, las epífitas son muy atractivas por los colores exóticos, no en vano la orquídea es una flor emblema y una de las familias de plantas más grande del mundo junto a las asteráceas. Son, justamente, sus formas, tamaños, colores y olores los que atraen polinizadores.

Según Mateo “En Colombia hay un grupo de abejas, muchas de ellas de color verde esmeralda, muy importantes en la polinización de numerosas especies de árboles y las mismas orquídeas; se les conoce como las abejas de las orquídeas. Los machos rascan los perfumes presentes en las flores y, en este proceso, se les adhiere el polen; luego, al visitar otras flores, transfieren este último a otras orquídeas, ayudándoles a polinizarse y, a su vez, ellos atraen abejas hembras con los perfumes recolectados”. Este es un proceso gana-gana donde unas no existirían sin las otras, e incluso, sin su presencia, se vería comprometida la existencia de árboles tropicales del bosque antiguo.

Las condiciones que los bosques maduros ofrecen para que las semillas de epífitas germinen no se encuentran en arboledas jóvenes donde la intensidad de la luz es mayor, el ambiente seco y los troncos lisos: “hasta un 20 % de las plantas presentes en un bosque viejo pueden ser epífitas. Cuando empiezas a cortarlo se reduce el espacio donde pueden crecer y el bosque pierde un gran pedazo de su biodiversidad”, aclara Hernández.

Con el tiempo, otros árboles de rápido crecimiento se toman el bosque perturbado, siempre y cuando no se lo intervenga más. Aunque la arboleda pueda alcanzar el tiempo necesario para llegar a su talla adulta, las plantas epífitas que antes habitaban ese espacio se recuperan en forma muy lenta y a veces no vuelven a llegar en absoluto. Mateo afirma que: “Es más fácil hallar una que otra bromelia pero no orquídeas, menos las especies grandes, esas han desaparecido”.

Dice Mateo que es muy probable que en las distintas etapas de deforestación y reforestación ocurridas en los cerros orientales del Bogotá, zona donde se ubica la sede Venado de Oro del Instituto Humboldt, se hayan perdido cantidades inimaginables de plantas epífitas, entre ellas orquídeas.

Y, aunque hay en marcha un proceso de restauración ecológica que intenta recuperar la fauna y flora nativas de los cerros, el bosque es aún joven para que las epífitas florezcan; al respecto, opina Mateo: “posiblemente toque ir a buscar unos ejemplares en otros lugares para reintroducirlas en el momento adecuado”, porque, además, el inventario actual demuestra una existencia reducida de este tipo de flora, representada sobre todo por grandes quiches que crecen sobre los pinos y acacias.

Pero aún sobreviven algunas plantas epífitas que habitan la zona de los cerros orientales bogotanos. Lo confirma Mateo:“Lo que más puedes ver en esos lados del Venado de Oro son los helechos  (Pleopeltis macrocarpa) y los quiches (Tillandsia pastensis, Tillandsia biflora, Tillandsia fendleri). En cuanto a orquídeas las hay terrestres, pues ninguna de las epífitas sobrevivió a la transformación de este pedacito de los cerros; muy probablemente hubo Masdevallias y Odontoglossum, incluyendo la flor insignia de Bogotá, el Odontoglossum luteopurpureum, además de otras 50 especies que pudieron haber crecido hace varios siglos, cuando los cerros estaban completamente cubiertos con vegetación nativa”.

Acerca de Mateo Hernández, nuestro guía en epífitas

Mateo Hernández es biólogo empírico y autodidacta, en su niñez lo educaron sus padres en casa, práctica que se conoce como homeschooling. Desde niño es amante de la naturaleza, que exploraba en la finca que habitó en Subachoque a los 12 años de edad. Cuando se refiere a este aspecto cuenta que“Había un bosque nativo y todos los días me metía en él y encontraba orquídeas, pájaros que nunca había visto y que trataba de identificar con libros que traía conmigo”.

Al llegar a su mayoría de edad rehusó a ingresar a la universidad, incluso cuenta que para ese momento ya estaba terminando de escribir sus dos primeros libros: uno con la Asociación Bogotana de Ornitología y otro con un profesor del Colegio Nueva Granada. “Hay que decir que en los últimos 30 años, desde que yo era un niño hasta el momento presente, han aparecido un montón de publicaciones muy buenas sobre la biodiversidad de Colombia y las especies que hay en el país… guías de campo nacionales o locales sobre mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces, insectos, plantas, etc. Además, hemos vivido el surgimiento de internet, la herramienta más poderosa para compartir toda esta información.  A pesar de los avances, es claro que todavía falta muchísimo camino que recorrer para lograr ver publicada la historia natural de tantísimas especies de fauna y flora. Muchas guías traen fotografías, nombres y complejas descripciones técnicas sobre la morfología y distribución de las especies tratadas, pero poco más. Aparte de las imágenes a color, es poco lo que el público general puede encontrar de información atractiva en estos trabajos, aún demasiado técnicos”, enfatiza Mateo.

En una vida de trabajo espera contribuir para que esta situación cambie. La historia natural de muchísimas especies de plantas y animales colombianos, luego de siglos de observaciones y estudios, sigue conociéndose muy poco, a veces casi nada. “Cada vez que salgo al campo, anoto incesantemente en mi cuaderno datos sobre polinizadores, horas a las que se abren las flores, temporadas de producción de frutos, animales que consumen hojas de una planta específica y muchísimos datos más, entre los cuales es completamente posible que algunos quizás nunca hayan sido registrados antes. Luego elaboro esta información, presentándola en forma –creo– concisa, buscando la forma de hacerla lo más atractiva que sea posible para el público interesado”, finaliza el naturalista.

Si quiere conocer al detalle estas especies y otras del trabajo de Mateo con plantas epífitas, visite su colección de fotografías en Flicker, con información complementaria, reunida tras 10 años de expediciones a cielo abierto y que a futuro promete nutrirse con otras especiales como las palmas, hierbas y árboles.

 

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Herramienta de decisión para la gestión de áreas afectadas por invasiones biológicas en Colombia

Esta publicación incorpora en la primera parte una actualización de la base conceptual sobre las invasiones biológicas y la restauración ecológica. En la segunda sección, y como elemento central de la publicación, se propone una revisión diagnóstica sobre la gestión de especies y biomas en el país y una propuesta de herramienta para tomadores de decisión frente a la gestión de áreas afectadas por invasiones biológicas. En la última parte se incorporan estudios de caso de investigación y gestión en áreas afectadas por invasiones biológicas.

 

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