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Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 05 de mayo de 2021

Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá




Más de 300 especies de animales fueron registradas en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, en el departamento del Meta. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


  • •  Durante ocho días, investigadores del Instituto Humboldt y la Fundación Omacha, bajo la coordinación de Cormacarena y acompañados por la comunidad local e indígenas sikuani, estudiaron los ecosistemas de la altillanura y recorrieron 277 kilómetros del río Tillavá en el departamento del Meta.
  • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
  • •  Delfines rosados, nutrias gigantes, águilas harpía, peces, tortugas, serpientes, murciélagos y macroinvertebrados acuáticos, dejaron ver su belleza en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca.
  • •  Por tratarse de un sitio donde convergen ecosistemas de la Orinoquia y la Amazonia, la fauna silvestre de este lugar del Escudo Guayanés es bastante diversa.


  • Un clima atípico puso en aprietos la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, una zona con más de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán en el departamento del Meta, puntualmente en la vereda Rubiales.

    Los 14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena, encargados de recorrer los principales ecosistemas de la cuenca, se encontraron con un panorama gris, húmedo y lluvioso al inicio de la salida de campo, un viaje biodiverso que se extendería hasta finales del mes de abril.


    La cuenca del río Tillavá abarca cerca de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán (Meta). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los expedicionarios tenían la certeza de que había temporada seca en la zona, como es normal durante el mes de abril y dado el seguimiento que se hizo diariamente desde finales de marzo.

    Sin embargo, el 14 de ese mes, día en el que llegaron a la finca La Elisa de la vereda Rubiales para montar el campamento, los expertos vieron que la zona estaba gobernada por las lluvias y los ríos desbordados en las sabanas y bosques de galería.

    Las cámaras trampa captaron una gran variedad de mamíferos, entre ellos este puma (Puma concolor). Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    “Fuimos testigos de los coletazos del cambio climático. A pesar de que el mes de abril está catalogado como el más seco en este territorio de la Orinoquia, con apenas lluvias incipientes, estas se adelantaron debido a la alta precipitación en las cordilleras cuyos ríos drenan a la Orinoquia”, afirma Carlos A. Lasso, investigador senior del Instituto Humboldt y coordinador científico de la expedición.

    Según Lasso, las lluvias en las cordilleras causaron ascensos significativos en los niveles de los ríos Orinoco, Vichada y finalmente el Tillavá, “el cual, por un simple balance de flujos, aumentó considerablemente su nivel en la última semana previa a la expedición”.


    14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena lideraron la primera expedición por la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    La primera noche de la salida de campo tuvo un común denominador: las lluvias y el río desbordado, lo que obligó a mudar el campamento de sitio.

    Para Lasso, la angustia en las miradas de los investigadores era evidente, ya que con estas condiciones sería muy complicado estudiar las poblaciones de la fauna que habitan en este sitio donde convergen la Orinoquia y la Amazonia.


    Los investigadores registraron tres individuos de delfín rosado (Inia geoffrensis) en el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Con lluvia sería muy difícil instalar las cámaras trampa para monitorear los mamíferos y montar las redes para los murciélagos. Además, complicaría los recorridos en lancha por el río para observar nutrias, aves y delfines rosados”.

    El investigador del Instituto Humboldt precisó que el primer día estuvieron prácticamente encerrados en el campamento por el aguacero, “aunque esa noche empezamos a trabajar algunos grupos”.

    Una danta de la especie Tapirus terrestris fue registrada por las cámaras instaladas en varios sitios boscosos. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    Con el permiso de la naturaleza

    Contra todos los pronósticos, el segundo día de la expedición amaneció con un cielo azul libre de nubes, un permiso de la naturaleza para que los investigadores observaran los tesoros naturales que esconde la cuenca.

    “Este nuevo panorama nos acompañó durante la mayoría del tiempo de los ocho días de la expedición por el Tillavá, trabajo que hace parte de un convenio suscrito entre Cormacarena y el Instituto Humboldt, con el apoyo de la Fundación Omacha. Aunque no faltaron algunas lluvias tenues, eso no evitó que pudiéramos analizar la biodiversidad del territorio”, dijo Lasso.


    Más de 300 especies de animales fueron registradas por los expertos en la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Acompañados por 10 personas de las comunidades locales y de la etnia sikuani, los expertos del Humboldt y Omacha se adentraron en lo más profundo de la zona para estudiar el estado de las poblaciones de varios animales y el uso que les dan a los ecosistemas.

    “Aunque el delfín rosado (Inia geoffrensis) y la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) son las especies que fueron priorizadas para esta alianza por la biodiversidad del Tillavá, también es necesario analizar otros animales que habitan en la cuenca y los cuales tienen relación directa con ellos, es decir que puede ser su presa o base de la cadena trófica”, apuntó el investigador del Humboldt.


    Cerca de 85 especies de peces fueron detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Además de agudizar sus sentidos para encontrar a los delfines y nutrias en el río y sus ecosistemas aledaños, los expedicionarios estaban listos para estudiar otros representantes de la fauna silvestre.
    “El ideal era registrar otros animales como peces, crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, serpientes, tortugas, cocodrílidos, aves y mamíferos”.


    Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en la cuenca del Tivallá. En la foto un pez de la especie Apistogramma sp.. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    Resultados que asombran

    El recorrido total por el río Tillavá y algunos ecosistemas que lo rodean fue de aproximadamente 277 kilómetros, un viaje en donde los investigadores de la Fundación Omacha realizaron 47 recorridos para estudiar los delfines y las nutrias, cada uno con un promedio de 2,5 kilómetros.

    La información recopilada durante los ocho días de la primera expedición arrojó más de 300 especies de animales en la cuenca, datos que según Lasso son preliminares porque actualmente son analizados detalladamente y además vendrán más salidas de campo.


    Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt y coordinador científico de la expedición por el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Sin embargo, registrar esta cantidad de especies en un tiempo relativamente corto nos revela un aparente buen estado de los ecosistemas de la cuenca del Tillavá, un territorio de la altillanura del Escudo Guayanés totalmente desconocido donde convergen la Orinoquia y la Amazonia”.

    Para analizar las poblaciones de delfines, los investigadores también recorrieron parte del caño Rubiales y lograron muestrear hasta la confluencia entre el Tillavá, Planas y Vichada. Sin embargo, solo pudieron observar tres individuos.


    En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    “Este es un resultado interesante que requiere de mayor análisis. Al parecer hay una población aislada de esta especie en el lugar, algo que los estudios de la Fundación Omacha corroborarán próximamente”, precisa Lasso.

    La comunidad de la zona manifestó que ha avistado cerca de 30 delfines rosados en la zona, un dato que será corroborado en las futuras expediciones durante épocas más secas.


    Cinco especies de tortugas fueron registradas en la expedición por el río Tillavá. Es la primera vez que es avistada la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis) en esta zona (foto de la izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En cuanto a la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), los investigadores se encontraron con un hallazgo único en todo Sudamérica: una nutria depredando a una iguana, un cuadro que la ciencia nunca había registrado.

    “Esta es la primera vez que se registra esto en Colombia y en Sudamérica. Es un avistamiento inédito que nos permite mostrar que la nutria no solo se alimenta de peces, como muchos pescadores piensan y por eso la atacan”, afirma Lasso.

    En la expedición, los investigadores trataron de buscar evidencias sobre la presencia de las nutrias gigantes en las letrinas o lagunas, algo que no llegó a buen término por el desbordamiento del río causado por las lluvias.


    Los investigadores identificaron las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La naturaleza se impone

    En la cuenca del río Tillavá, los investigadores evidenciaron una alta presencia de peces: cerca de 85 especies detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento.

    “Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en esta zona. Los primeros muestreos de peces, crustáceos y otros macroinvertebrados acuáticos se hicieron en los morichales de altillanura”, precisó Lasso.


    El balance de anfibios y reptiles en la cuenca sumó 39 especies, una de ellas la Boa constrictor. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según el investigador, estos hallazgos le permiten considerar que en la cuenca pueden haber más de 150 especies de peces, “una hipótesis que abordaremos en las otras salidas de campo que haremos en la época de salida de aguas y/o época seca”.

    Los macroinvertebrados acuáticos no se quedaron atrás. En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos.


    Aproximadamente 120 especies de aves fueron avistadas en los ecosistemas acuáticos y terrestres de la cuenca. En la foto una arpía menor (Morphnus guianensis). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    En cuanto a tortugas, la expedición arrojó la presencia de cinco especies, una de las cuales no tenía registro para esta zona del país: la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis), uno de los reptiles más apetecidos por los traficantes de fauna silvestre.

    “Identificamos las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero (por registros históricos), además de anacondas y una serpiente acuática. El balance de anfibios (ranas) y reptiles en la cuenca sumó 39 especies”, anota el investigador del Humboldt.

    El pecarí de collar (Dicotyles tajacu), una de las especies de mamíferos captada por las cámaras trampa. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    En los ecosistemas terrestres y acuáticos del Tillavá fueron observadas aproximadamente 120 especies de aves como el águila harpía, una cifra que los investigadores estiman podría alcanzar las 200 en las futuras expediciones.

    “Volveremos a expedicionar la zona en una época más seca, un factor que seguramente nos permitirá registrar muchas más especies de animales en la cuenca”.


    17 especies de murciélagos fueron registradas en la expedición, como Phyllostomus elongatus (derecha) y Mesophylla macconnelli (izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    ¡Territorio de mamíferos!

    Por tratarse de un territorio con ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia, la cuenca del río Tillavá alberga una alta diversidad de mamíferos, tanto de gran porte como medianos y pequeños.

    A través de la instalación de cámaras trampa, trabajo liderado por la Fundación Omacha, y redes en los bosques, los expedicionarios identificaron 33 especies de mamíferos como roedores, marsupiales, pumas, armadillos y murciélagos.


    La cuenca del río Tillavá alberga ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El primer análisis de murciélagos en la cuenca arrojó como resultado 17 especies, hallazgos que fueron posibles por las colaboraciones de las comunidades locales e indígenas.

    “Rubén Darío Quiñones, un llanero de pura cepa amante de los mamíferos y quien escribe canciones y poesías dedicadas a la naturaleza, fue uno de los guías locales que más nos ayudó en el estudio de estos animales”, dijo Nicolás Reyes, curador de mamíferos del Humboldt, otro de los expertos que acompañó la expedición.


    El Instituto Humboldt, Cormacarena y la Fundación Omacha realizarán más expediciones por el río Tillavá. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según Reyes, este guía venció uno de los mayores miedos en la expedición. “Antes de empezar los recorridos nos contó que les tenía fobia a los murciélagos. Sin embargo, culminado el trabajo nos contó que les perdió miedo y ahora guarda una gran admiración por estos curiosos y hermosos seres”.

    Las cámaras trampa instaladas por la Fundación Omacha estarán durante dos meses más en la cuenca de Tillavá, por lo cual se espera que la cantidad de especies de mamíferos sea mucho mayor.


    Las comunidades locales fueron claves en la primera expedición por el río Tillavá. Rubén Darío Quiñones (centro), un llanero de pura cepa, apoyó el estudio de mamíferos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Esta es apenas una pequeña muestra de la riqueza que alberga la cuenca. Cuando la pandemia nos permita organizar las otras salidas de campo, contaremos con muchos más insumos para elaborar un estudio más detallado sobre los delfines, perros de agua y el listado de la biodiversidad presente, los usos del hábitat e incluso las amenazas”, puntualizó Lasso.

    El convenio entre el Instituto Humboldt y Cormacarena arrojará un estudio con el listado de la biodiversidad acuática y su relación con el delfín rosado y la nutria en la cuenca del río Tillavá, además del uso de hábitat, poblacional y de amenazas de estas dos especies.

    “El objetivo es elaborar un documento detallado con el estado del conocimiento sobre el delfín rosado y la nutria en la cuenca, un trabajo que contará con los aportes de las personas locales de la zona”.


    Con redes de niebla, los expertos estudiaron a los murciélagos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

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    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 30 de abril de 2021

    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados



    El Magdalena es el río más representativo de Colombia, un cuerpo hídrico que late y suena a cultura, música, literatura y biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    • •  Una nueva publicación del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM) revela que en la cuenca habitan 233 especies de peces de agua dulce, de las cuales 158 son endémicas de este territorio.
    • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
    • •  La cuenca del río más importante del país, una serpiente carmelita que inspira a escritores, compositores y poetas, tiene 43 especies de peces que fueron introducidas y afectan la biodiversidad.
  • •  Los investigadores proponen varias estrategias de conservación y manejo para que el recurso íctico del Magdalena no siga palideciendo.


  • Gabriel García Márquez tuvo en las aguas carmelitas del río Grande de la Magdalena, el sistema fluvial más representativo del norte de los Andes, una de sus mayores fuentes de inspiración. Lo recorrió varias veces en barco durante sus épocas de estudiante, cuando partía de Zipaquirá para regresar a Aracataca, su Macondo.

    En ‘El amor en los tiempos del cólera’, novela publicada en 1985 que narra el romance de Florentino Ariza y Fermina Daza, García Márquez plasmó a la perfección cómo la serpiente que atraviesa todo el centro del país y le entrega sus aguas al océano Atlántico, ha palidecido por la mano del hombre.

    Al final de la obra, cuando Fermina y Florentino concretan su idilio de amor en un viaje por el Magdalena a bordo de la Nueva Felicidad, el río ya había perdido la magia biodiversa que el protagonista misterioso y enamoradizo presenció en su primer recorrido por el cuerpo de agua, cuando partió de su pueblo para pasar su depresión amorosa.


    En El Banco, el río Magdalena se encuentra con el Cesar para formar un paisaje hídrico que inspiró a José Barros a componer La Piragua. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “Fermina no vería los animales de sus sueños: los cazadores de pieles habían exterminado los caimanes; los loros con sus algarabías y los micos se habían ido muriendo a medida que se les acababan las frondas; y los manatíes de grandes tetas que amamantaban a sus crías en los playones eran una especie extinguida”, escribió Gabo.

    En los últimos 50 años, los niveles de deforestación en la cuenca del Magdalena han superado el 70 por ciento. Entre tanto, la pérdida de sus áreas de humedales y ciénagas excede el 80 por ciento, impactos que han generado un incremento del 34 por ciento en las tasas de erosión desde la década pasada.

    “El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global, con una producción de 710 toneladas por kilómetro cuadrado al año; el cuerpo hídrico transporta cerca de 180 millones de toneladas de sedimentos anuales”, revela el libro ‘Peces de la cuenca del río Magdalena: diversidad, conservación y uso sostenible’ del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM).

    Según el documento, elaborado por 58 investigadores nacionales e internacionales, la agonía del Magdalena se debe a que el 77 por ciento de la población colombiana está asentada alrededor de la cuenca, un sitio que aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y genera 70 por ciento de la producción de energía hidráulica y 70 por ciento de las cosechas agrícolas nacionales.

    Los habitantes de la cuenca del río Magdalena, que alberga más de 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables, viven de la pesca. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “En los últimos 40 años, estos indicadores económicos han acelerado la degradación ambiental del territorio. Según el estudio global de cuencas fluviales del Instituto Mundial de los Recursos, la cobertura de bosques primarios no supera el 10 por ciento, mientras que la minería descarga 100 toneladas de mercurio cada año”, cita el libro.

    Los peces de agua dulce, presentes en los ríos, quebradas, lagos, lagunas, ciénagas, embalses y jagüeyes de la cuenca, palidecen por la acelerada intervención antrópica. “Esto fue lo que nos motivó a crear una publicación dedicada a analizar el pasado, presente y futuro de estos organismos del territorio anfibio más importante del país: el río Magdalena”, dijo Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

    La robusta publicación, que hace parte de la Serie de Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia del Instituto Humboldt (http://repository.humboldt.org.co/handle/20.500.11761/35752), aborda cómo los principales conflictos ambientales de la cuenca han impactado los peces, información que sirvió para proponer varias estrategias de conservación y manejo que requiere el recurso íctico.

    “Estamos seguros de que esta información científica les servirá a todos los sectores de la vida nacional, tanto ambiental, académico y educativo como a las diferentes instancias nacionales y regionales, para tomar medidas efectivas y así proteger al río Grande de la Magdalena, una red que recorre la historia del país, sus culturas, costumbres, idiosincrasia y riqueza de recursos naturales”, afirmó García.


    Las aves que revolotean por el imponente y carmelito río Magdalena dependen de la gran variedad de peces que allí habitan. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Tesoros únicos

    La geografía de la cuenca del Magdalena surgió hace más de 80 millones de años con el inicio del levantamiento de las tres cordilleras andinas. Es un territorio con un área de drenaje de 257.000 kilómetros cuadrados conformado por 151 subcuencas tributarias y 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables.

    En el mundo no hay otro río rodeado por condiciones climáticas y atmosféricas que provienen del Caribe, Orinoco, Amazonas y Pacífico, una serpiente de aguas carmelitas de 1.612 kilómetros que nace en la laguna Magdalena, en el macizo colombiano, y termina en Bocas de Ceniza, en el océano Atlántico.

    En el Magdalena habitan 233 especies de peces de siete órdenes y 33 familias, cifra que corresponde al 14,5 por ciento de la diversidad de peces agua dulce en Colombia. Es la tercera cuenca hidrográfica más rica en estos organismos, después del Amazonas y Orinoco.


    Las playas de amor de Chimichagua en el Cesar, son uno de los ecosistemas más representativos del Caribe colombiano y de la cuenca del río Magdalena. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    De este total, 158 especies son únicas de esta parte del país, es decir que el 68 por ciento de la riqueza en peces es endémica y no habita en ninguna otra parte del mundo. Según Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Humboldt y uno de los editores del libro, el Magdalena es uno de los sitios con mayor endemismo de ictiofauna en América del Sur y el primero en Colombia.

    “Es la única cuenca con tres cordones montañosos, la cual es bañada dos veces al año por el agua que arrastran los vientos de la zona de convergencia tropical. Es un sitio que provee de escenarios climáticos y paisajísticos diversos a los que los peces han respondido”.

    Entre las especies de peces endémicos están el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), bocachico (Prochilodus magdalenae), blanquillo (Sorubim cuspicaudus), barbul (Pimelodus yuma), rivulín del Magdalena (Rivulus magdalenae), pataló (Ichthyoelephas longirostris), Brycon rubricauda, Hemibrycon cardalensis, Chaetostoma thomsoni, Trichomycterus mogotensis, Trichomycterus banneaui, Astroblepus onzagaensis y Astroblepus grixalvii.

    “30 de estas especies nativas son migratorias. El bocachico, bagre rayado, blanquillo y barbul desarrollan desplazamientos desde las planicies o ciénagas hacia los canales fluviales. En las épocas de verano, cuando las aguas bajan de nivel, generan las conocidas subiendas de ejemplares”, dice la publicación.

    Los investigadores consideran que el alto número de peces únicos del Magdalena se debe al aislamiento y enclave entre las cordilleras andinas, fenómenos que causaron un proceso de especiación sin precedentes en Sudamérica. “La cuenca cuenta con los niveles más altos de endemismo en muchas especies de la región Neotropical”, apunta Lasso.


    233 especies de peces habitan en la cuenca del río Magdalena, de las cuales 158 son endémicas o únicas de este territorio. Una de ellas es el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Con 164 especies, la subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces. Le siguen el bajo-medio Cauca (118), Sogamoso (116), alto y bajo Magdalena (112 y 87 respectivamente), Cesar (76), alto Cauca (73) y San Jorge (64).

    “En el Magdalena medio está la mayor cantidad de peces endémicos, con 27 especies identificadas, seguida por la subcuenca de Sogamoso con 16 especies. Estas dos regiones concentran los mayores valores de riqueza relativa de especies únicas”, informa Lasso.

    Los ríos y quebradas son el mayor refugio para los peces, ecosistemas donde los investigadores han registrado 123 especies. Le siguen en importancia las ciénagas, embalses, jagüeyes, lagunas de montaña y finalmente algunas cavernas.

    “En las zonas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar, la inundación que se presenta dos veces al año conecta lateralmente los ecosistemas y facilita la dispersión y recolonización de los peces”, afirman los investigadores.

    La cuenca del río Magdalena está catalogada como uno de los ecosistemas con mayor cantidad de endemismos en el mundo. El bocachico (Prochilodus magdalenae) es una de sus joyas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los peces del río Grande de la Magdalena utilizan varios recursos para alimentarse, como microalgas, microcrustáceos, larvas, pupas de insectos, invertebrados, frutos, semillas, flores, anfibios, reptiles y aves.

    “La dieta de estas especies depende de características morfológicas como la posición de la boca, tipo de dientes, longitud del intestino, tamaño del estómago e incluso los ojos en posición dorsal, peces que comúnmente se alimentan de plancton”, indica Lasso.

    81 especies de peces del Magdalena son carnívoras, 53 son omnívoras y 32 son detritívoras, grupo en el que se encuentran peces chupadores de raíces sumergidas y del fango. Entre tanto, solo cuatro son peces planctófagos.

    “En las ciénagas y embalses se presentan todos los gremios tróficos. Las ciénagas de El Jobo, Luruaco y Zapatosa (bajo Magdalena) y Simití, El Llanito, Guarinocito, Canaletal y Cachimbero (Magdalena medio), se caracterizan por presentar especies omnívoras y detritívoras”, cita el libro.

    Los científicos que participaron en la publicación del Instituto Humboldt, Universidad de Antioquia y EPM precisan que hay pocos estudios sobre la diversidad genética y estructura poblacional. “Identificamos estudios solo para 14 especies nativas, pero la mayoría se centra en peces de interés pesquero. A la fecha se desconoce la distribución de la diversidad y estructura genética para la mayoría”.


    La subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces, con 164 especies registradas. Chaetostoma thomsoni es una de las especies típicas de este ecosistema. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Amenazados

    Lasso afirma que las especies de peces de agua dulce del Magdalena figuran entre las más amenazadas del país y en los Andes tropicales. Las razones: la acelerada degradación y transformación del hábitat, la contaminación hídrica y especies introducidas.

    “Este río ha cambiado desde la época de la conquista de América por las actividades del hombre, al igual que los pobladores ribereños, usos para cultivos, navegación y comercio. Los bienes y servicios que conforman la oferta ambiental también han sufrido drásticas alteraciones”, cita el documento.

    Los Libros Rojos de peces dulceacuícolas de Colombia catalogan a 22 especies de peces del Magdalena como amenazadas, listado que encabezan el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), en Peligro Crítico, y el pataló (Ichthyoelephas longirostris) y Brycon labiatus, en la categoría de En Peligro.


    En todo el mundo, la arenca (Triportheus magdalenae) solo habita en la cuenca del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Sin embargo, una evaluación adicional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reveló que 113 especies endémicas de la cuenca del Magdalena están dentro de alguna categoría de amenaza.

    En este estudio, el capaz (Pimelodus grosskopfii) figura en Peligro Crítico. Por su parte, siete especies están En Peligro (Ancistrus tolima, Ancistrus vericaucanus, Austrofundulus myersi, Brycon labiatus, Gymnotus ardilai, Parodon alfonsoi y Pseudoplatystoma magdaleniatum), 10 vulnerables y 85 casi amenazadas.

    “Las medidas de manejo para la conservación de los peces de la cuenca del río Magdalena se han centrado únicamente en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando a un lado al 73,8 por ciento de esta riqueza de la cuenca”, precisa la investigación.


    Los paisajes del río Magdalena son tan mágicos y diversos como su biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Varias actividades humanas son los principales motores de las amenazas de los peces de la cuenca. Además de la deforestación, el documento revela que 294 municipios vierten aguas residuales sin tratamiento, hidrocarburos, metales pesados, materia orgánica y otros contaminantes que tienen en jaque a todas sus formas de vida.

    “Por ejemplo, la industria de los hidrocarburos hace evidente la contaminación en el río desde 1922 con la construcción de la refinería en Barrancabermeja: entre 1986 y 2003 se registraron 840 derrames y 940 voladuras del oleoducto Caño Limón-Coveñas”, precisa la investigación.

    En su paso por 11 departamentos, el río Magdalena recibe vertimientos con metales pesados utilizados por la minería. El HIMAT e Ingeominas encontraron en sus aguas concentraciones altas de metales como mercurio, plomo, cadmio, hierro y cinc.

    Según el Estudio Nacional del Agua de 2019, el 52 por ciento de la cuenca presenta una mala calidad de agua mala, 40 por ciento es regular y ocho por ciento es muy mala. Es decir que los peces viven, nadan, se alimentan y reproducen en ecosistemas con una calidad bastante precaria.


    Los peces del Magdalena le brindan alimentación a sus pobladores y demás representantes de la fauna colombiana. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Acorralados por invasores

    En Colombia han sido identificadas 43 especies de peces introducidas y todas hacen presencia en la cuenca del río Magdalena: 13 fueron trasplantadas de otras cuencas y 30 son exóticas u originarias de otros continentes.

    “Todas estas especies son de interés para la acuicultura y las pescas comercial y deportiva. Desde 2012, se han registrado 13 introducciones nuevas y casi todas ampliaron su distribución geográfica”, revela Lasso.

    En el listado de especies exóticas introducidas figuran la mojarra o guapote amarillo (Parachromis friedrichsthalii), pez luchador de Siam (Betta splendens), pez cebra (Danio rerio), carpa dorada (Carassius auratus), carpa común (Cyprinus carpio) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), entre otras.


    Más de 100 especies de peces endémicas del río Magdalena se encuentran dentro de alguna categoría de amenaza. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El libro del Magdalena indica que en la actualidad se cultivan 15 especies introducidas: seis exóticas en 121 municipios y nueve trasplantadas en 92 municipios, la gran mayoría policultivos. “La falta de controles de seguridad, más la liberación intencionada, siembras y escapes, son las razones que explican la distribución actual”.

    Para los investigadores, la llegada de invasores exóticos pone el alto riesgo la biodiversidad de los peces del Magdalena. “Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad, ya que reducen el recambio de especies nativas entre los ecosistemas y generan su extinción por depredación, parásitos, patógenos o competencia por hábitat y alimento”.

    Por ejemplo, en 2010 los científicos Caraballo y Gandara describieron cómo la pesquería artesanal del embalse del Guajaro se vio afectada por la introducción de la tilapia nilotica (Oreochromis niloticus), especie que afectó la abundancia de la arenca (Triportheus magdalenae), un pez emblemático de la zona.

    Recientemente, el pangasius (Pangasionodon hypophthalmus) prendió las alarmas debido a que podría convertirse en una amenaza para otros peces como el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum).


    La contaminación hídrica, pérdida y transformación de sus hábitats, desarrollo y especies invasoras, tienen en peligro a los peces del Magdalena como a la Argopleura magdalenensis. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Territorio anfibio

    El desarrollo de los pueblos en Colombia siempre ha estado ligado al agua. Los pobladores de la cuenca del Magdalena han sobrevivido de la pesca desde el periodo comprendido entre los siglos V y I antes de Cristo.

    “De las más de 233 especies de peces del Magdalena, 65 son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Sin embargo, alrededor de 40 especies son usadas en la acuariofilia y 28 para la recreación o pesca deportiva”, afirma la publicación.


    Las medidas de manejo para la conservación de los peces del Magdalena se han centrado en las especies de interés pesquero. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La pesca artesanal en el Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores, actividad con una amplia variedad de artes que ha sido catalogada como una sobrepesca responsable del agotamiento de los peces.

    “Esta teoría no tiene en cuenta la magnitud de los impactos que la agricultura, los sectores industriales y domésticos generan sobre los recursos. Por tanto, el no cumplimiento de la reglamentación de artes y tallas inspirados en las pesquerías hace que los pescadores artesanales estén sujetos a una imagen negativa”, dice el estudio.

    Los investigadores encontraron que entre 1975 y 2016, la producción pesquera en la cuenca del Magdalena pasó de 81.653 a 26.132 toneladas. “Estos cambios en la producción han afectado de forma directa la seguridad alimentaria de los pescadores, algo que resalta la importancia regional y local que posee la pesca artesanal en la cuenca”.


    El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En 2019, los desembarques alcanzaron las 14.312 toneladas de peces con cinco especies dominantes, todas migratorias: bocachico, bagre rayado, blanquillo, nicuro o barbul y capaz. “Estas especies están acompañadas por una introducida ya establecida: la tilapia. Los sitios donde más es aprovechado el servicio ecosistémico asociado a la pesca son Barrancabermeja, Magangué, Plato, Caucasia, El Banco, Honda y Puerto Boyacá”.

    Sin embargo, los depredadores principales, como el bagre rayado, son cada vez más escasos y pequeños. Para los expertos, la reducción de la biomasa de los peces piscívoros y carnívoros causa un incremento en la de los consumidores secundarios y una reducción en la de la población productora (detritívoros).


    La cuenca del río Magdalena aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “De esta forma se evidencia que la cascada trófica constituye el primer indicador de una pesquería no sostenible y conlleva a una sobrepesca del ecosistema. Las acciones clásicas de manejo pesquero dirigidas hacia una pesca selectiva, no van a resolver la sostenibilidad de las pesquerías artesanales de la cuenca Magdalena”.

    El renacer de la pesca, según los expertos, debe estar enfocado en garantizar la conectividad de los planes de inundación con los ríos y en restaurar la salud de los ecosistemas. “Esto debe involucrar a los pescadores, quienes empíricamente avalan un enfoque ecosistémico que garantice la sostenibilidad de la pesca”.

    Protección tenue

    En la década de 1970, Colombia tomó las primeras medidas para el manejo de las principales especies de peces de interés comercial, las cuales hoy se mantienen con algunas actualizaciones.

    En la última década, las acciones han tenido una orientación ligada a conservar la biodiversidad de los ecosistemas y evitar la pérdida de recursos naturales en áreas transformadas por el desarrollo, con la participación activa de las comunidades locales.

    65 especies de peces del río Magdalena son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “En cuanto a la cuenca del río Magdalena, el manejo y conservación se puede clasificar en cinco categorías: ecosistemas acuáticos y terrestres; peces con y sin interés pesquero; planificación y gestión; proporción menor al licenciamiento ambiental; y fortalecimiento de instituciones”, evidenciaron los autores del libro.

    Pero advierten que estas decisiones se han focalizado más en las especies de interés pesquero y no tanto en la conservación de la biodiversidad. “Se han centrado en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando de lado el 73,8 por ciento de las especies de peces de la cuenca”.

    La creación de áreas protegidas ha permitido blindar algunas de las especies de peces del Magdalena, pero la mayoría están sobre los 2.000 metros sobre el nivel del mar, cuando la riqueza se concentra en zonas por debajo de los 1.000 metros de altura.


    La cuenca del Magdalena ya perdió cerca del 80 por ciento de sus humedales y ciénagas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Estas áreas tampoco incluyen zonas de importancia para la reproducción y crianza de peces y no son lo suficientemente representativas para la conservación de las especies amenazadas”, apuntó Lasso.

    Los expertos precisan que la acuicultura para el repoblamiento se ha convertido en un motor indirecto en la pérdida de biodiversidad. “Esta tiene que ser medida de última instancia y solo debería hacerse si el ecosistema está en buen estado, teniendo en cuenta la pureza y variabilidad genética de los peces y su supervivencia”.

    En cuanto a las especies de peces introducidas, Lasso alerta que Colombia no tiene ninguna política de manejo o mitigación, “cuando sus poblaciones ya se han establecido bastante en la cuenca”.


    El río Magdalena fue una de las principales fuentes de inspiración de Gabriel García Márquez. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Nueva visión

    La nueva publicación del Instituto Humboldt y la Universidad de Antioquia indica que las figuras e instrumentos de conservación han sido insuficientes por no tomar en cuenta las dinámicas ecológicas de los peces.

    “No se ha considerado la integridad de los ecosistemas de agua dulce como la principal medida para la conservación de sus peces. En ríos de zonas tropicales con grandes planicies de inundación, deberían aplicarse mecanismos como las Plataformas Multi-Actores (PMA’s), estructuras de gobernanza formales e informales destinadas a reunir diferentes sectores y actores para abordar problemas específicos”.


    La pesca artesanal en el río Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Algunos pescadores de la cuenca del Magdalena han puesto en marcha medidas promovidas desde la gobernanza local para blindar a los peces y sus ecosistemas. Tal es el caso de La Mesa del Bagre, plataforma creada por los pescadores del bagre (Pseudoplatystoma magdaleniatum) con ayuda de una ONG.

    “Esta unión logró que la AUNAP avalara la implementación de varias medidas concertadas para conservar el bagre rayado y mejorar las condiciones de los bagreros de la cuenca media del río Magdalena”, informa el libro.

    Adicionalmente, desde las comunidades se están gestionando aproximadamente 15 Unidades Integrales de Mejoramiento Pesquero en la zona del bajo y medio Magdalena, para así manejar y regular estos recursos.

    La agonía del río Magdalena está acabando con la cultura anfibia de la cuenca. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Para Lasso, además del protagonismo de las comunidades locales para conservar la riqueza en peces, es necesario generar medidas que protejan la cuenca de forma integral y que sus cuerpos de agua tengan una conectividad acuática y terrestre.

    “En Colombia es necesario que la aproximación del Sistema Nacional Ambiental se realice dentro un marco que conecte las montañas con los planos bajos inundables y el mar. La gestión de todo este territorio inundable o anfibio, como el Magdalena, no puede seguir abordándose por separado”.

    Los peces depredadores del río Magdalena son cada vez más escasos y pequeños. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El investigador del Humboldt también considera prioritario recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales, además de garantizar la conectividad entre ellos. “Más del 70 por ciento de la conectividad entre el río y las ciénagas en el bajo Magdalena se ha interrumpido en los últimos 20 años, lo que causó una pérdida en la capacidad de amortiguación”.

    Los autores creen que el manejo sostenible de los recursos acuáticos de agua dulce requiere un enfoque ecosistémico en la ordenación pesquera, ampliar los esfuerzos gubernamentales para incentivar a los pescadores a ser partícipes de la gestión de los ecosistemas e invertir en monitoreo y vigilancia con las comunidades locales.

    “Es urgente la creación de una estrategia a nivel nacional que integre y articule las diferentes medidas, instrumentos y órganos de manejo para la conservación de la cuenca y sus recursos acuáticos”.

    Pterygoplichthys undecimalis es uno de los peces que solo habitan en las carmelitas aguas del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según los expertos, esta política debe tener un enfoque ecosistémico a escala de cuenca, con un carácter incluyente y objetivos de conservación a escala regional y a largo plazo. “Esto les permitirá a todos los actores trabajar de forma conjunta y articulada partiendo de la conservación de las especies de peces y su biodiversidad”.

    También proponen la conservación de procesos ecológicos como las migraciones, captura de carbono, transporte de sedimentos, dispersión de semillas de los bosques riparios y el pulso de inundación.

    “La creación o declaración de corredores fluviales podría proteger varios ecosistemas claves y procesos ecológicos como la migración de peces, ya que la mayoría son comerciales y requieren de la gestión y manejo de estos corredores fluviales que utilizan durante todo su ciclo de vida”.

    Por último, los investigadores advierten que recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales y la conectividad entre ellos, no será una tarea fácil ni traerá soluciones de corto plazo. “Pero en algún momento debemos comenzar. ¿Por qué no hacerlo ahora?”.

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    Las Robles: dos hermanas que pintan de verde Villa de Leyva con el árbol de su apellido



    Aura (izquierda) y Yaneth (derecha) Robles Pardo, dos auxiliares de investigación del Herbario del Instituto Humboldt, pintan de verde los cerros de Villa de Leyva. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    • •  Aura y Yaneth Robles Pardo, quienes llevan más de 20 años en el Instituto Humboldt, decidieron aplicar el conocimiento que tienen sobre plantas en un proyecto de restauración ecológica en su municipio natal.
    • •  En varias zonas del cerro Marmolejo, afectadas por los incendios forestales y la deforestación, las hermanas han sembrado cerca de 500 robles con semillas que ellas mismas propagan en su casa.
    • •  Las bellotas, como son conocidas las semillas de esta especie, las recogen de dos árboles grandes que tienen en su casa y de algunos que hay en el claustro de San Agustín donde funcionan las Colecciones Biológicas del Humboldt.
  • •  Hoy, en el Día Nacional del Árbol, lo invitamos a conocer la historia de Las Robles, como son conocidas estas boyacenses enamoradas de la flora colombiana.

  • Villa de Leyva es un municipio de Boyacá que parece suspendido en el tiempo. Las calles del centro histórico siguen empedradas, caminos que fueron utilizados por los españoles para el paso de sus caballos. Las viviendas, todas pintadas de blanco, conservan las ventanas y puertas de antaño.
    Este pueblo, fundado en 1572, es uno de los sitios más turísticos de todo el país. Miles de personas de todo el mundo lo visitan para conocer sus emblemáticos monumentos como la parroquia Nuestra Señora del Rosario, el museo con fósiles del periodo Cretácico o los Pozos Azules. Semana Santa y el festival de cometas en agosto, son fechas en las que no le cabe un alma más.

    Villa de Leyva aún conserva su aspecto colonial de antaño. Las calles empedradas y casas pintadas de blanco deleitan a turistas nacionales e internacionales. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Sin embargo, el paso del tiempo sí ha causado estragos en parte de sus dominios, que suman 12.659 hectáreas. Desde la conquista española, sus bosques empezaron a mermar y el paisaje fue tomando forma de desierto. Aunque aún conserva tesoros naturales como el cerro Marmolejo e Iguaque, la laguna sagrada de los muiscas, las huellas humanas contra el verde son evidentes.
    Desde pequeñas, las hermanas Aura Eugenia y Alba Yaneth Robles Pardo, fueron testigos de cómo empezó a palidecer el verde de Villa de Leyva, su municipio natal. Se criaron en una casa rural de una vereda del pueblo repleta de árboles, donde sus padres, Germán María e Isabel, criaron a siete hijos en medio de la naturaleza, los cultivos y los cerdos.

    La mayoría de los bosques de los cerros de Villa de Leyva no han logrado sobrevivir al paso del tiempo. El paisaje característico de este municipio boyacense es el desierto. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    “Como fuimos criados en el campo, sentimos un gran amor por todo lo que tiene que ver con la naturaleza, en especial por las plantas. Salir a caminar por los cerros de Villa de Leyva a finales de los años 70 y comienzos de los 80 era algo muy bonito, porque estaban llenos de árboles y vegetación. Pero con el paso de los años, todo eso empezó a desaparecer por los incendios forestales y la deforestación”.
    Cuando terminaron el bachillerato, mientras veían como el bosque desaparecía, las hermanas Robles, como las llaman en Villa de Leyva, cogieron caminos distintos. Yaneth inició su vida laboral con un arquitecto, ya que se había graduado como dibujante técnica en el colegio. “Allí estuve dos años. Luego me fui para Guainía a trabajar en un colegio, donde estuve dos meses”.

    Las hermanas Aura Eugenia (izquierda) y Alba Yaneth (derecha) Robles Pardo nacieron en Villa de Leyva. Cuando eran pequeñas recorrían los cerros del pueblo aún llenos de verde. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Por su parte, Aura aceptó la propuesta de una conocida para trabajar en las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, donde reposan algunos de los mayores tesoros de la biodiversidad colombiana.
    “Entré en 1996, cuando las colecciones funcionaban en la Real Fábrica de Licores. Mi trabajo consistía en montar partes de plantas en unas cartulinas, material que conformaba el Herbario Federico Medem Bogotá. En esa época me pagaban 300 pesos por montar una planta y como 100 pesos por hacer la etiqueta”.
    El amor por las plantas que tenía desde niña le permitió hacer un buen trabajo, a pesar de que no contaba con la experiencia para montarlas. “El 1 de marzo de 1997 me dieron contrato laboral en el Instituto Humboldt, el inicio de un viaje de más de 25 años que me ha enamorado más de nuestra flora, en especial de las orquídeas”.

    Yaneth Robles lleva 20 años trabajando en el Herbario del Instituto Humboldt, colección ubicada en Villa de Leyva donde reposan las principales muestras de las plantas colombianas. Foto: Paola Sánchez (Instituto Humboldt).

    Caminos cruzados
    Aunque cada una trabajaba en un sitio distinto, ambas seguían viviendo en la misma casa paterna repleta de plantas y flores. Solo estuvieron separadas durante los dos meses que Yaneth estuvo en las selvas del Guainía.
    “Aunque no nacimos al mismo tiempo, ya que nos separan dos años (Aura tiene 46 y yo 48 años), parecemos como gemelas. Desde pequeñas desarrollamos una unión muy especial y nos apoyamos en todo lo que necesitemos”.

    Aura Robles ingresó a las Colecciones Biológicas del Humboldt en 1996, un viaje de 25 años donde se enamoró más de la flora nacional, en especial de las orquídeas. Foto: Paola Sánchez (Instituto Humboldt).

    La vida les tenía preparada una sorpresa: sus caminos laborales se cruzaron para que trabajaran en el mismo sitio: el herbario de las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, que hoy alberga más de 114.000 ejemplares de plantas de Colombia.
    En 2001, la coordinadora de las colecciones le propuso a Yaneth un trabajo en el área de entomología, donde se estudian los insectos. “Allí solo estuve tres meses. Luego pasé al herbario a trabajar como asistente de botánica junto a mi hermana, armando las obras de arte con las plantas”.
    El Instituto Humboldt les permitió mezclar sus tres amores: las plantas, el arte y la hermandad. “Desde el colegio tuve afinidad para hacer cosas manuales, por lo cual montar plantas junto a mi hermana es un regalo de vida. Lo único que nos dio duro fue el computador para hacer las bases de datos. Nuestros compañeros nos enseñaron el manejo de la tecnología”, dice Yaneth.

    Las Robles, como son conocidas estas hermanas, han participado en varias de las expediciones de biodiversidad del Instituto Humboldt. Fotos: Felipe Villegas y Paola Sánchez (Instituto Humboldt).

    Las hermanas Robles se definen como toderas en el herbario. Ambas salen con frecuencia de Villa de Leyva para participar en las expediciones en campo y recolectar las muestras de las plantas. En la oficina las prensan, meten en el horno para se sequen y montan con hilos en cartulinas blancas de 30 por 40 centímetros.
    “También nos encargamos de sistematizar y catalogar la información, revisar que los ejemplares no estén dañados y atender a las personas que visitan el herbario”, dice Aura. Yaneth, como es costumbre, la complementa: “nos encargamos de mostrarles todos los tesoros que esconde el herbario tanto a los académicos como al público en general. Las visitas de los niños son muy especiales”.

    En 2017, Las Robles dieron marcha a un proyecto de reforestación en varias zonas de los cerros de Villa de Leyva. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Curtidas de verde
    Aunque el amor por las plantas lo llevan en sus venas, las Robles empezaron a nutrirse con toda la sabiduría de los botánicos que trabajaban en la colección y de los investigadores que lideraban las expediciones por la biodiversidad colombiana.
    En una salida al Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos, en la vasta Amazonia, Aura aprendió bastante sobre la biodiversidad de plantas de este ecosistema y vivió en carne propia lo difícil que es estudiar la naturaleza.
    “Fue mi primera expedición, una de las experiencias más bonitas, pero a la vez duras de mi vida. Yo no sabía que tocaba llevar a campo, por lo cual llevé ropa no apta como botas bajitas. Caminamos más de 12 horas para llegar al sitio de muestreo y nos tocaba dormir en el suelo. Sin embargo, ver y analizar las plantas de la Amazonia borró el sufrimiento”.

    Con ayuda de sus familiares y amigos, estas hermanas han sembrado cerca de 500 robles en los cerros de Villa de Leyva, los cuales cuidan casi a diario. Fotos: archivo Aura y Yaneth Robles.

    Yaneth, quien ha viajado menos que Aura, recuerda una expedición en Santander. “Tenía mucho susto de no poder rendir. Por eso permanecí todo el tiempo junto a Humberto Mendoza, botánico de esa época, para aprender más sobre plantas y estar pendiente de todo lo que necesitara. El frío en los páramos fue terrible”.
    En todas las salidas y en el montaje a diario de las plantas, el amor por la flora se desbordó en las hermanas Robles. Para Aura, son los organismos que le dan vida a los demás seres. “Son las que nos permiten respirar y comer”. Yaneth la vuelve a complementar: “si no hay plantas no hay aves, mamíferos o insectos. Todo es una cadena o un ecosistema alrededor de las plantas”.
    Afirman que se complementan muy bien en el trabajo. “Siempre hemos estado muy unidas, por lo cual nos apoyamos mucho cada vez que lo necesitamos. Aunque algunos han dicho que no deberíamos andar de arriba para abajo, nuestro trabajo habla por sí solo. Nunca hemos recibido una queja por eso”.

    Las semillas o bellotas las adquieren de los robles que hay en el claustro de San Agustín y los que tienen en el patio de su casa. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Robles en Villa
    Con más de 20 años de experiencia sobre el mágico mundo de las plantas, las hermanas Robles decidieron dar marcha a una iniciativa ambiental propia que deje huella en Villa de Leyva y lo pinte un poco más de verde.
    Todo empezó en 2017, cuando Tomás, el único hijo de Aura, se iba a graduar del colegio y tenía que presentar un proyecto para recibir el cartón. “Él propuso uno sobre siembra de semillas de Robles, en honor a nuestro apellido, pero no se lo aceptaron”, recuerda.

    El amor por las plantas y la naturaleza de las hermanas Robles empezó desde muy niñas, cuando recorrían los cerros de Villa de Leyva para bañarse en sus ríos. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Como las dos hermanas habían recogido centenares de semillas de robles para el proyecto, decidieron escalar la iniciativa a nivel municipal. “Fuimos a donde el alcalde para que nos diera permiso de sembrar en unos predios públicos. Nos dio luz verde para iniciar nuestro proyecto de reforestación”, dice Aura.
    Las Robles, con ayuda de su familia, construyeron un pequeño vivero en el patio de la casa para empezar a propagar las cerca de 500 semillas de roble o bellotas que habían recolectado en el cerro Marmolejo, el ecosistema que las vio crecer.

    Las Robles buscan restaurar las zonas de Villa de Leyva más afectadas por incendios forestales y deforestación. Foto: archivo Aura y Yaneth Robles.

    “Las bellotas las vamos metiendo en bolsas con tierra. A medida que van creciendo, llevamos los arbolitos al cerro para sembrarlos, siempre en sitios afectados por incendios forestales o la deforestación”, apunta Yaneth.
    Las hermanas ya suman cerca de 500 robles sembrados en el cerro, individuos que hoy ya superan los dos metros de altura. “En noviembre del año pasado recogimos muchas bellotas y hoy en día estamos sembrando aproximadamente 160 arbolitos más. Todos los insumos para este proyecto vienen de nuestro bolsillo”, menciona Aura.
    Los robledales no quedan a la deriva. Cada tres días, antes de ir a trabajar, las hermanas madrugan para regar los árboles, actividad que realizan sin falta los fines de semana. Según las Robles, no pueden sobrevivir solos porque Villa de Leyva es un sitio muy seco.

    Además de trabajar juntas en las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, Las Robles viven en la misma casa donde se criaron y ahora tienen su propio proyecto ambiental. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    “Sembrar no es solo ir un día y dejar los arbolitos. Necesitan de mucho tiempo y cuidado, en especial en las épocas secas. Lo bonito de estas experiencias es cuidar todo lo que se ha sembrado”.
    Además de pintar de verde el cerro de su pueblo con las siembras, las Robles están blindando varios nacimientos de agua. “La idea es regenerar los bosques para que vuelva a surgir el agua y regresen las aves. Esta iniciativa, que ha contado con la ayuda de nuestra mamá, quien adora las plantas, de la familia y algunos amigos, es nuestro granito de arena a la biodiversidad”, precisan las dos hermanas.
    Para Yaneth, este proyecto familiar es un agradecimiento a toda la naturaleza que tuvieron el privilegio de ver cuando eran niñas. “En ese cerro aprendimos a nadar y comimos las frutas nativas de los árboles. Es un agradecimiento con la naturaleza porque nos permitió vivir una vida muy bonita y sana”.

    En el Instituto Humboldt, Las Robles son conocidas como las que mejor montan las plantas del país antes de ingresar al Herbario. Foto: Paola Sánchez (Instituto Humboldt).

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    Avistan por primera vez en Colombia a una nutria gigante depredando una iguana




    Entre 1940 y 1970, las nutrias gigantes (Pteronura brasiliensis) fueron cazadas intensamente para el comercio internacional de pieles. Foto: cortesía Fernando Trujillo (Fundación Omacha).


    • •  Este hallazgo fue registrado por investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena en la cuenca del río Tillavá, en el departamento del Meta.
    • •  Según Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt, este es un dato inédito en toda Sudamérica, único hábitat de la nutria gigante (Pteronura brasiliensis).
    • •  En algunas regiones de Colombia, los pescadores consideran a estas nutrias como una seria competencia por el recurso pesquero. En otros sitios se ven afectadas por el tráfico ilegal de fauna silvestre.


    La primera expedición de biodiversidad por los ecosistemas de la cuenca del río Tillavá en su paso por el municipio de Puerto Gaitán (Meta), arrojó un hallazgo único en Colombia y en toda Sudamérica.

    Investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena avistaron a la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) depredando a una iguana (Iguana iguana) en el río. Algo nunca antes registrado.

    “Esta es la primera vez que registramos a este mamífero cazando y alimentándose de una iguana en Colombia, ya que es una especie que se alimenta más que todo de peces”, dijo Carlos Andrés Aya, investigador de la Fundación Omacha.

    Video: Una nutria gigante devorando a una iguana fue avistada en el río Tillavá, un hallazgo único en Sudamérica. Crédito: Carlos Aya (Fundación Omacha).


    Carlos A. Lasso, investigador del programa de ciencias de la biodiversidad del Instituto Humboldt, aseguró que este hallazgo también es único en toda Sudamérica, hábitat de esta especie de mamífero en todo el mundo.

    “Este avistamiento es un caso inédito nunca antes observado en América del Sur. Ver como una nutria gigante sale del agua y caza a la iguana es un dato de suma importancia para la ciencia”.

    Ambos investigadores afirman que esta evidencia sirve como un mensaje directo a los pescadores, quienes en algunas ocasiones atacan a las nutrias porque supuestamente se alimentan solo de peces. “Esto demuestra que también comen iguanas”.


    El río Tillavá, en el departamento del Meta, es uno de los hábitats de la nutria gigante. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    La nutria gigante mide entre 1,5 y dos metros de largo, de los cuales hasta 65 centímetros corresponden a su cola. Su pelaje es de color café oscuro y tiene manchas de color claro amarillento en el cuello, con un patrón único por cada individuo. Sus ojos son grandes y cafés y el hocico está redondeado.

    Según la Fundación Omacha, es uno de los carnívoros más grandes de Sudamérica y se ubica en el tope de la cadena alimenticia con otros predadores, como el jaguar y el caimán. “En Colombia existe evidencia de su presencia en la mayoría de departamentos de la Amazonia y el Orinoco”.

    Estas nutrias fueron cazadas intensamente para el comercio internacional de pieles entre 1940 y 1970. “En algunas regiones, los pescadores las consideran como una seria competencia por el recurso pesquero, y en otros sitios se ven afectadas por el tráfico ilegal de fauna silvestre”, apunta Omacha.

    Biodiversidad del Tillavá

    Desde el pasado 14 de abril, 12 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena, acompañados por personas de las comunidades, estudian la biodiversidad del río Tillavá en Puerto Gaitán.

    “Se trata de un convenio firmado entre el Humboldt y Cormacarena (con apoyo de Omacha), que tiene como objetivo estudiar las poblaciones de delfín rosado, nutria gigante y otros animales que habitan en la zona, como crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, tortugas, cocodrilos y mamíferos”, aseguró Lasso.


    Investigadores del Humboldt, Omacha y Cormacarena analizan la población de nutrias gigantes y delfines rosados en el río Tillavá. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    Con los resultados de las expediciones por el río Tillavá, el Instituto Humboldt le hará entrega a Cormacarena de un estudio que contará con el listado de la biodiversidad acuática y su relación con el delfín rosado y la nutria gigante, además del uso de hábitat, poblacional y de amenazas de las especies.

    “Colombia y el departamento del Meta contarán con un documento detallado sobre el estado del conocimiento de la biodiversidad de esta cuenca, trabajo que contará con los aportes de las personas locales de la zona”, precisó el investigador del Humboldt.

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    Las seis principales amenazas de los cangrejos de agua dulce únicos de Colombia

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 22 de abril de 2021

    Las seis principales amenazas de los cangrejos de agua dulce únicos de Colombia




    81 por ciento de los cangrejos de agua dulce en Colombia son endémicos. Cuatro científicos estudiaron cuáles son sus principales amenazas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    • •  Con 111 especies registradas, Colombia es el segundo país con mayor riqueza de cangrejos de agua dulce en el mundo, listado que incluye 90 especies endémicas o únicas del territorio nacional.
    • •  Científicos del Instituto Humboldt, el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional y el Acuario de Connecticut, analizaron cuáles son las principales amenazas que enfrentan estos animales frente al cambio climático y la intervención antrópica..
    • •  Deforestación, minería, actividades agropecuarias, carreteras, represas y especies introducidas aparecen en el estudio publicado en el libro Recent Advances in Freshwater Crustacean Biodiversity and Conservation.


    El levantamiento de las cordilleras andinas causó una gran explosión de biodiversidad en Colombia, constituyéndose en centro de origen de un gran número de especies. Un grupo de organismos logró colonizar prácticamente todos los ambientes de agua dulce y sus zonas aledañas, tanto los de las cumbres alto andinas, vertientes de los ríos de los Andes, Amazonia, Orinoquia, Caribe y Pacífico e incluso ecosistemas cavernícolas.

    Se trata de los cangrejos de agua dulce, organismos que a pesar de jugar un papel muy importante en la cadena trófica de los ecosistemas acuáticos al acelerar el proceso de descomposición de material orgánico y ser bioindicadores de la calidad del agua, han pasado desapercibidos y solo son vistos como materia prima para la elaboración de bebidas afrodisíacas en sitios como las plazas de mercado.

    En el mundo han sido identificadas aproximadamente 350 especies de cangrejos de agua dulce, de las cuales cerca de 111 habitan en Colombia (familias Pseudothelphusidae y Trichodactylidae), es decir que alberga el 32 por ciento de esta riqueza natural mundial.


    El cangrejo sabanero (Neostrengeria macropa) es una de las 90 especies de cangrejos de agua dulce únicas de Colombia. Foto: cortesía Darwin Ortega.


    Esta cifra convierte al territorio nacional en el segundo país con mayor cantidad de estos cangrejos en el mundo, título que ostenta China con 244 especies a nivel global. Sumado a esto, Colombia es el país con mayor número de cangrejos endémicos (90 especies), es decir que no habitan en ninguna otra parte del planeta.

    “El 81 por ciento de los cangrejos de agua dulce en Colombia son endémicos (90 especies). Estos altos niveles de endemismo se deben a que sus hábitats fueron separados mediante barreras geográficas, lo que aisló las poblaciones y produjo la especiación”, dijo Carlos A. Lasso, investigador del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.

    Según el Libro Rojo de cangrejos dulceacuícolas de Colombia, documento elaborado por Lasso y Martha R. Campos, docente del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, 26 especies están en alguna categoría de amenaza: 25 En Peligro y una Vulnerable a la extinción.

    Sin embargo, el documento revela que más de 40 especies de estos cangrejos en Colombia cuentan con datos insuficientes, algo que impide conocer su grado de amenaza o estado de conservación.

    “Los cangrejos de la familia Pseudothelphusidae son los más amenazados. Esto se debe a que habitan en ríos y quebradas de piedemonte y montaña, lugares que se han visto afectados por la deforestación y contaminación causada por la agricultura intensiva, minería y desarrollo urbano”, cita el Libro Rojo.


    Neostrengeria macropa solo habita en algunos cuerpos de agua del altiplano cundinamarqués. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Nuevo estudio

    Los investigadores David M. Hudson, Gillian Phillips, Lasso y Campos analizaron las principales amenazas que enfrentan los cangrejos de agua dulce endémicos de Colombia, flagelos que están asociados al cambio climático y las actividades antrópicas

    Según los académicos, desde hace décadas estos cangrejos se han visto altamente impactados por flagelos como la deforestación, agricultura, acuicultura, minería y el desarrollo en sistemas ribereños impulsados por el hombre, además de las consecuencias y coletazos del cambio climático.

    “A esto se suma la introducción de especies de cangrejos exóticos, como el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), que ahora compiten con las especies endémicas y a que pueden ser hospedadores de parásitos como trematodos pulmonares. Tal es el caso del cangrejo de agua dulce de la sabana de Bogotá: Neostrengeria macropa y otras especies de Antioquia”.


    Los cangrejos de agua dulce endémicos de Colombia cuentan con varias amenazas generadas por las actividades humanas. Foto: cortesía Darwin Ortega.


    Aunque los científicos aseguran que Colombia ha avanzado en la protección de estas especies, advierten que una resolución aprobada en 2019 por la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) clasifica al cangrejo sabanero (Neostrengeria macropa) como un recurso pesquero, a pesar de estar listado como una especie en peligro de extinción.

    Los investigadores aplicaron varios modelos para conocerlas principales amenazas de estas especies, hallazgos que fueron plasmados en un capítulo del libro Recent Advances in Freshwater Crustacean Biodiversityand Conservation.

    “Con estos modelos, que incluyeron altitud, precipitación y temperatura, identificamos la distribución y los hábitats de Hypolobocera bouvieri, y los relacionamos con varios escenarios futuros de cambio climático a partir de 2070”, cita el libro.

    Los verdugos

    En su estudio, los investigadores determinaron que los cangrejos de agua dulce endémicos, en particular Hypolobocera bouvieri, cuentan con enemigos poderosos detonados por la sobrepesca, pérdida de hábitat, aumento de la densidad de población humana, fragmentación de los ecosistemas, especies introducidas y contaminación.

    “Todos los riesgos pueden verse agravados por el cambio climático, en particular los relacionados con las interacciones de las especies y los micro hábitats que restringen la migración de muchos organismos aislados. En este estudio analizamos las principales amenazas”, precisan Hudson y sus colaboradores.

    1.El desarrollo

    Para los expertos, el desarrollo en los sistemas ribereños y costeros han provocado profundos cambios en el uso de la tierra, lo que a su vez ha impactado los sistemas dulceacuícolas, estuarinos y marinos.

    Un análisis de 2015 realizado por Campos y Lasso mostró que muchas especies consideradas en peligro de extinción presentaban un alto riesgo debido al desarrollo urbano y al aumento de la densidad de población humana.


    En varias plazas de mercado venden bebidas elaboradas con el cangrejo sabanero, organismo que también se ha visto afectado por la introducción de especies invasoras. Foto: Instituto Humboldt.


    “Tal es el caso de los pseudotelfúsidos y trichodactlidos que viven en áreas a lo largo de la cuenca del río Magdalena y ríos que drenan o desembocan en la costa del Caribe. Los pseudotelofúsidos están en riesgo en todas las áreas montañosas andinas que son deseables para el desarrollo”, afirman los científicos.

    El estudio revela que las áreas de alta biodiversidad en Colombia están altamente amenazadas por su posible transformación en lugares de desarrollo, algo que deja a las especies nativas vulnerables a la pérdida y extinción del hábitat.

    “En el mundo, los humanos viven desproporcionadamente cerca de los cursos de agua, modificando las zonas ribereñas y descargando nutrientes, sedimentos y contaminantes. Los arroyos y ríos son más vulnerables a estos efectos”, precisa el documento.

    2.Deforestación

    Según el estudio, la pérdida de bosque en los últimos 50 años en Colombia tiene en aprietos a los crustáceos de agua dulce que habitan en las partes altas por la disminución de las zonas de amortiguamiento ribereñas.

    “La deforestación agrava los problemas ambientales debido a la escorrentía y sedimentación de la erosión, impidiendo así los amortiguadores ribereños y los niveles de calidad del agua”, indican los académicos.


    La deforestación también genera impactos en las especies de cangrejos de agua dulce endémicos de Colombia. Foto: Jhon Barros.


    El análisis revela que la deforestación en el valle del río Magdalena ha contribuido en gran medida a la deforestación mundial, una región que también está amenazada por la minería de oro, extracción de petróleo y cultivo de aceite de palma africana.

    “La demanda mundial de aceite de palma está convirtiendo los bosques tropicales en plantaciones de este cultivo, una actividad que está programada para una expansión significativa”.

    3.Minería y petróleo

    Por albergar importantes depósitos de minerales y combustibles fósiles, los recursos hídricos de Colombia y las especies que allí habitan han sido víctimas de las consecuencias de la explotación de estos recursos. A los expertos les preocupan los efectos de esa actividad en la reproducción de los cangrejos.

    La contaminación desatada por la minería también preocupa a los científicos, ya que la extracción ilegal de oro produce a nivel regional una alta contaminación por mercurio en los cuerpos de agua dulce, elemento de alta toxicidad para los cangrejos.

    “Se estima que el nueve por ciento de la deforestación total en Colombia se atribuye a la minería de oro, que en su mayoría se da de manera ilegal. Esta actividad puede provocar un aumento del contenido de mercurio en las poblaciones de peces y crustáceos y pasar el contaminante por la cadena alimenticia a los humanos y otros vertebrados”, precisa Campos.

    La extracción de sal también afecta los recursos naturales. El estudio de los cuatro científicos asegura que la escorrentía de esta actividad puede causar un aumento de la salinidad de los suelos y el agua dulce. “Los organismos que allí habitan a menudo no están preparados para mantener un equilibrio interno si se exponen a salinidades fuera de su rango de tolerancia normal”.

    4. Agricultura y acuicultura

    El paisaje colombiano viene presentando un acelerado cambio debido a las actividades agropecuarias. Los bosques de las tierras bajas son reemplazados por plantaciones de diversos cultivos y extensas sabanas antrópicas con pastos para el ganado.

    “Los efectos históricos de la tala han dejado cicatrices en el paisaje y alterado los demás recursos naturales como el agua y suelo, es decir que también afecta las poblaciones de organismos de agua dulce”, menciona Lasso.


    La contaminación de los ríos, desatada por las actividades humanas, deja sin hábitat a los cangrejos de agua dulce. Foto: Jhon Barros.


    Por su parte, algunas granjas acuícolas están cultivando especies para ayudar a aliviar la presión de la pesca o mejorar la alimentación, lo que ha abierto la puerta a la llegada de peces e invertebrados no nativos de ciertos valles fluviales.

    “Algunas entidades gubernamentales regionales introdujeron dos crustáceos no nativos de Colombia: la langostilla de río de Luisiana (Procambarus clarkii) y un camarón de río gigante (Macrobrachium rosenbergii)”, afirma Campos.

    El estudio indica que la pesca continental cayó de 60.000 toneladas en 1975 a 10.000 toneladas en 2014 debido a la sobrepesca que actúa en sinergia con otros efectos antrópicos. “Los cangrejos son a menudo objeto de pesquerías artesanales que, según los métodos de consumo, pueden infectar con parásitos a los humanos”.

    5.Carreteras y represas

    El desarrollo de las redes de carreteras y ferrocarriles y la construcción de presas hidroeléctricas en Colombia, ha aumentado la fragmentación del hábitat y representa una amenaza adicional para las especies endémicas de los cuerpos de agua dulce.

    “Por ejemplo, la construcción del puente terrestre interoceánico (ferrocarril, carretera, canal y oleoducto) probablemente tendrá un impacto ambiental importante y resultará en una mayor deforestación”, evidencian los cuatro académicos.

    También aseguran que la instalación de tratamiento de aguas residuales subdesarrolladas en gran parte del país significa que muchas áreas tienen problemas importantes con los efluentes residuales no tratados.

    “Los desechos plásticos están inundando ríos y arroyos e introduciendo sustancias químicas que afectan la fisiología de la vida acuática”, enfatiza el documento.

    6.Especies foráneas

    Hudson y colaboradores precisan que el garantizar la seguridad alimentaria de la población humana puede producir una mayor presión sobre los crustáceos de agua dulce y otras especies.

    “La tasa de introducción de especies en ecosistemas de agua dulce ha aumentado en todo el mundo debido a la crisis alimentaria que padecen algunas regiones, algo que tiende a devaluar las acciones de conservación”.

    Otra amenaza latente es el aumento de la conectividad y las presiones antrópicas. El análisis científico encontró que estos factores presionan a las especies de agua dulce por la contaminación, destrucción de hábitats subterráneos y el turismo descontrolado.

    Caso puntual

    Hypolobocera bouvieri ocupa un amplio rango de distribución en las cadenas montañosas de las cordilleras central y oriental en Colombia. Sin embargo, los análisis mostraron que su distribución podría extenderse en el futuro.

    “El área disponible para esta especie podría aumentar por los cambios en la temperatura generados por el calentamiento global. La cordillera de los Andes se ve afectada por la variabilidad climática impulsada por la Oscilación del Sur de El Niño (ENOS), algo que afectará aún más lagos andinos”.


    Cuatro científicos evidenciaron que los cangrejos de agua dulce endémicos se ven altamente amenazados por seis actividades. Foto: cortesía Darwin Ortega.


    Para los expertos, estos cambios podrían expandir el área de distribución de Hypolobocera bouvieri si se eliminan las restricciones de temperatura de niveles más bajos, “algo que probablemente no ocurriría con especies endémicas que tienen un rango restringido”.

    Por último, los autores del estudio recomiendan que es necesario realizar otras investigaciones para especies de cangrejos ampliamente distribuidas. “Es probable que la situación sea más crítica para los organismos de distribución restringida que están en riesgo de eventos estocásticos como derrames industriales”.
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    En busca de los delfines rosados y nutrias gigantes del Meta

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 15 de abril de 2021

    En busca de los delfines rosados y nutrias gigantes del Meta




    Dos de las especies más emblemáticas de Colombia serán estudiadas en el municipio de Puerto Gaitán. Fotos: Mónica Morales (Instituto Humboldt) y Fernando Trujillo (Fundación Omacha).


    Con cerca de 520 especies registradas, de las cuales 58 son endémicas, Colombia está catalogado como el sexto país en el mundo con mayor representación de mamíferos, animales que habitan en diversos ecosistemas como las densas selvas húmedas, bosques andinos y secos, sabanas, humedales e incluso mares.

    Sin embargo, este tesoro biodiverso palidece a pasos agigantados debido a las actividades impulsadas por el hombre, como la deforestación, cacería indiscriminada, pérdida y transformación de los hábitats naturales para la agricultura y ganadería y minería ilegal, acciones que detonan el cambio climático.

    Según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB), más de 42 especies de mamíferos ya corren un alto riesgo de desaparecer en el territorio nacional: seis están en peligro crítico, ocho en peligro y 24 son vulnerables a la extinción. Sumando a esto, 103 especies están listadas en los apéndices Cites por el grado de amenaza generado por el comercio.


    El delfín rosado, un mamífero que alcanza a medir hasta 2,8 metros de largo, se ha visto fuertemente impactado por las actividades antrópicas. Foto: cortesía Fernando Trujillo (Fundación Omacha).


    El delfín rosado (Inia geoffrensis) y la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), dos de los animales más carismáticos y emblemáticos que habitan en varios de los ecosistemas acuáticos más representativos del país, hacen parte de los listados de mamíferos amenazados por causa de la mano del hombre.

    Los pescadores figuran entre los principales verdugos del delfín rosado en Colombia, un mamífero que alcanza a medir hasta 2,8 metros de largo y pesar más de 220 kilos. Según la Fundación Omacha, estos animales son atrapados en los ríos por medio de mallas de monofilamento, cacería o envenenamiento, “debido a que los pescadores lo conciben como una fuerte competencia para el recurso pesquero”.

    Por su parte, las nutrias gigantes, con tamaños entre los 1,5 y 2 metros de longitud, han recibido golpes contundentes por parte de los cazadores, una hecatombe que tuvo su auge a mediados del siglo pasado para comercializar sus pieles en el mercado internacional.

    “Estas nutrias fueron cazadas intensamente entre 1940 y 1970, por lo cual la cacería figura como la causa más importante de la gran disminución de la especie. Además, en sitios como el río Mirití Paraná (Amazonas) y la parte media del río Meta (Orinoco), los pescadores las consideran una seria competencia por el consumo de peces, y en Vichada se presenta el mercado ilegal de venta de crías como mascotas”, informó Omacha.


    Las nutrias gigantes han recibido impactos por parte de cazadores y la degradación de sus hábitats. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).Omacha).


    Estudiar para conservar

    El departamento del Meta, un hervidero de biodiversidad que alberga ecosistemas amazónicos, andinos y de la Orinoquia, representa uno de los principales hogares para las nutrias gigantes y delfines rosados.

    Ante esto, el Instituto Humboldt y la Corporación para el Desarrollo Sostenible de la Macarena (Cormacarena) decidieron unir esfuerzos para estudiar las poblaciones de estos mamíferos en la cuenca del río Tillavá.

    A través de un convenio, que durará aproximadamente nueve meses de este año, las entidades aunarán esfuerzos técnicos, científicos y financieros para dar marcha a un estudio de estas especies, además de sus interrelaciones con los otros recursos hidrobiológicos y humedales de la zona.

    Los expertos elaborarán un documento detallado sobre el estado del delfín rosado y la nutria en la cuenca. Video: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    “La nutria, también llamada perro de agua, y las toninas o delfines rosados, fueron priorizadas por Cormacarena por tratarse de especies sombrillas, emblemáticas y fundamentales para la conservación en el departamento del Meta”, dijo Carlos A. Lasso, investigador del programa de ciencias de la biodiversidad del Instituto Humboldt y coordinador científico del convenio.

    La evaluación de las poblaciones de delfines rosados y nutrias en el río Tillavá será realizada por medio de varias salidas de campo y expediciones de biodiversidad, un trabajo que contará con el apoyo de la Fundación Omacha, experta en el estudio de estas dos especies.


    La cuenca del río Tillavá en Meta será el epicentro del estudio de delfines rosados y nutrias gigantes. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    “Esto nos permitirá recolectar datos como la presencia o ausencia de estos mamíferos, densidad poblacional y cantidad de madrigueras o letrinas (en el caso de las nutrias). Realizaremos dos grandes expediciones en distintas épocas climáticas este año por el río Tillavá: ascenso o subida de aguas y aguas altas”, aseguró Lasso.

    Además de establecer el estado poblacional de estas dos especies, los expertos determinarán cómo es la interacción con los ecosistemas y los recursos hidrobiológicos asociados. “Por ejemplo, las nutrias y delfines tienen una interacción trófica con los peces, razón por la cual estudiaremos esas relaciones”, precisó el investigador del Humboldt.

    Primera expedición

    Entre el 14 y 23 de abril, el Instituto Humboldt y Cormacarena realizarán la primera salida de campo a las zonas aledañas del río Tillavá en Puerto Gaitán, 10 días en los que esperan recolectar los primeros datos para el estudio de estos mamíferos.

    “En esta expedición participaremos 12 investigadores de las entidades del convenio y la Fundación Omacha, además de cerca de 10 personas de las comunidades quienes son grandes conocedores de la biodiversidad en la zona”, manifestó Lasso.

    Las nutrias y delfines no serán las únicas especies que serán estudiadas. Expertos del programa ciencias de la biodiversidad y de las colecciones biológicas de mamíferos, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos del Instituto Humboldt y Fundación Omacha, irán mucho más allá.


    La nutria es una de las especies más emblemáticas y fundamentales para la conservación del departamento del Meta. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    “Otros animales que habitan en la zona, como crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, tortugas y cocodrilos, serán analizados detalladamente”.

    Al final del convenio, el Instituto Humboldt le hará entrega a Cormacarena un estudio que contará con el listado de la biodiversidad acuática y su relación con el delfín rosado y la nutria en la cuenca del río Tillavá, además del uso de hábitat, poblacional y de amenazas de estas dos especies.

    “El objetivo es elaborar un documento detallado con el estado del conocimiento sobre el delfín rosado y la nutria en la cuenca, un trabajo que contará con los aportes de las personas locales de la zona”.

    Insignia de la Amazonia y Orinoquia

    El delfín rosado (Inia geoffrensis) es una de las especies más emblemáticas de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco, únicos sitios donde habita en Colombia. Ríos como Amazonas, Caquetá, Apaporis, Mirití Paraná, Cahuinarí, Putumayo, Meta, Guayabero, Vichada, Tomo, Guaviare, Orinoco, Bita y Arauca, además de varios lagos, son algunos de sus refugios.

    Los indígenas de ambas regiones lo han bautizado con diversos nombres: los puinave lo llaman muña, los huitoto jíamana, los sikuani panabü y los tikuna omacha. Por su parte, las comunidades de colonos lo reconocen como bufeo (Amazonas) o tonina (Orinoco).


    Instituto Humboldt, Cormacarena y Fundación Omacha analizarán las poblaciones de delfines rosados y nutrias en el río Tillavá. Foto: cortesía Fernando Trujillo (Fundación Omacha).


    “Es el delfín de río más grande. Tiene un cuerpo robusto y flexible y un hocico largo y estrecho con más o menos 106 dientes, y se caracteriza por contar con una coloración gris oscura en las crías y gris con rosado en los adultos”, informó la Fundación Omacha.

    Una de las peculiaridades de esta especie es que cuando realizan actividad física, su coloración rosada se incrementa para así regular la temperatura. De acuerdo con Omacha, comienza a fluir más sangre a los vasos sanguíneos periféricos aumentando el tono rosado.

    “Esta especie se encuentra asociada con frecuencia a sistemas donde confluyen varios ríos, ya que estas áreas tienen concentraciones de peces. A diferencia de la mayoría de los delfines de mar, en el Inia geoffrensis las vértebras cervicales están libres, lo que les permite rotar la cabeza de un lado a otro”, aseguró la Fundación.


    La primera expedición por el río Tillavá contará con la participación de científicos, investigadores y comunidades locales. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    Según Omacha, actualmente se reconocen tres especies de delfines rosados: Inia boliviensis en Bolivia; Inia araguaiaensis en el río Araguaia en Brasil e Inia geoffrensis con dos subespecies: I. geoffrensis geoffrensis en la Amazonia e I. geoffrensis humboldtiana en la Orinoquia.

    La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) tiene listado al delfín rosado como una especie amenazada En Peligro de extinción por factores como los conflictos con los pescadores y la minería ilegal en los ríos amazónicos.

    Una carnívora gigante

    Los ríos que zigzaguean por los departamentos de la Amazonia y Orinoquia colombiana le brindan refugio a uno de los carnívoros más grandes de Sudamérica, un mamífero que se ubica en el tope de la cadena alimenticia junto a predadores como el jaguar y el caimán.

    Se trata de la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), también conocida como perro de agua, lobón y lobo colón. Según informa la Fundación Omacha, de sus casi dos metros de largo, cerca de 65 centímetros corresponden a la cola, la cual es aplanada hacia la punta.

    “Pueden pesar entre 25 y 32 kilos. Su pelaje es de color café oscuro y tiene manchas amarillentas en el cuello, con un patrón único por cada individuo. Los dedos de las manos y pies están unidos por una membrana”.


    Los expertos también analizarán la población de crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, tortugas y cocodrilos. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    Es un mamífero de ojos bastante grandes y hocico redondeado ha sido reportado en varias zonas de la Orinoquia y Amazonia colombianas, como los ríos Tomo, Tuparro, Bita, Orinoco, Meta, Arauca, Caquetá, Cahuinarí, Apaporis, Inírida y Guaviare.

    La cacería indiscriminada del siglo pasado mermó bastante sus poblaciones. Hoy en día está amenazada por los pescadores, traficantes de fauna y algunas comunidades indígenas. “En la selva Mataven, al sur del Vichada, y en el bajo río Inírida en Guainía, enfrenta una amenaza directa por los indígenas de la zona, ya que afirman que las nutrias gigantes son un enemigo por comer demasiado pescado y ensucian las aguas de los ríos y caños con sus heces”, indica Omacha.

    Por eso, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza tiene listada a Pteronura brasiliensis como una especie En Peligro de extinción.

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    Inicia estudio de las plantas y saberes ancestrales del principal yerberito de Bogotá

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 13 de abril de 2021

    Inicia estudio de las plantas y saberes ancestrales del principal yerberito de Bogotá




    Foto 1: El Instituto Humboldt y el IPES trabajan con los comerciantes de la Plaza Samper Mendoza para conocer la biodiversidad de plantas que allí son vendidos. Crédito: Rizoma.




    Hierba santa para la garganta, la ruda para el que estornuda, la albahaca para la gente flaca, el apasote para los brotes y el vetiver para el que no ve. Esas fueron algunas de las plantas medicinales que Celia Cruz inmortalizó en su “Yerberito moderno”, un son cubano que le rindió homenaje a los saberes ancestrales de su pueblo.

    Sin embargo, la Guarachera de Cuba no fue la única que pudo conocer y contar con su yerberito. Desde 1935, Bogotá empezó a consolidar su principal mercado de hierbas en el pleno corazón del centro de la capital, un sitio a donde sus habitantes acuden para aliviar alguna de sus dolencias físicas o emocionales: la Plaza Distrital de Mercado Samper Mendoza.

    Este rincón de la localidad de Los Mártires, ubicado en la carrera 25 con calle 22A, inició con la construcción de cuatro graneros y un depósito para comercializar la “mercancía verde” que llegaba en trenes provenientes de Sogamoso y Barbosa. En esa época, es decir hace 86 años, el mercado campesino era conocido como la plaza del Nordeste.


    Foto 2: La Plaza Samper Mendoza es el principal yerberito de plantas y hierbas en la capital del país. Crédito: Rizoma.


    “En 1956 funcionó como parqueadero de buses de transporte urbano y a partir de 1958 el terreno pasó a ser propiedad de la Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS), entidad que bautizó este lugar como Plaza Distrital de Mercado Samper Mendoza”, aseguró Instituto para la Economía Social (IPES), entidad que tiene a su cargo las 19 plazas públicas de Bogotá.

    Según el IPES, los comerciantes de hierbas que vendían sus productos frente a las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) fueron reubicados en la plaza hace más de 25 años. “En octubre de 2013 ingresaron más de 60 familias de campesinos e indígenas provenientes de Coyaima (Tolima), quienes comercializaban la hoja de tamal al lado de la carrilera ubicada detrás de la plaza de Paloquemao”.

    Hoy en día, este yerberito cachaco cuenta con más de 300 comerciantes provenientes de diversas regiones del país, quienes venden sus plantas y hierbas durante las horas de la noche y la madrugada. “La Plaza Distrital de Mercado Samper Mendoza cuenta con 138 locales fijos y 40 módulos de hoja de tamal, además de una plazoleta de comidas”, informó el IPES.


    Foto 3: Cerca de 300 comerciantes de diferentes partes del país comercializan hierbas y plantas en esta plaza de la localidad de Los Mártires. Crédito: Rizoma.


    La biodiversidad de la plaza

    Aunque la plaza Samper Mendoza es ampliamente conocida como el mayor epicentro de hierbas y plantas medicinales en Bogotá, aún no cuenta con un inventario que revele las especies que son comercializadas y datos como su procedencia y características biológicas.

    El IPES se dio cuenta que la ciudad tiene un potencial importante para generar valor en este mercado de hierbas de la Plaza de Samper Mendoza, “desde el conocimiento ancestral, las historias de vida y el conocimiento científico de la biodiversidad que allí se encuentra; una potencialidad que puede ser desarrollada hacia nuevos productos, servicios y experiencias”, dijo su director Libardo Asprilla.

    Ante esto, el 13 de enero de este año el Instituto Humboldt y el IPES suscribieron un convenio que tiene como objetivo conocer la biodiversidad presente en el mercado de hierbas de la plaza y rescatar los saberes ancestrales de sus comerciantes.


    Foto 4: El Instituto Humboldt elaborará un catálogo divulgativo con la información de 80 especies mayoritariamente nativas presentes en la plaza. Crédito: Rizoma.


    “Este convenio, que hemos dado a conocer entre los comerciantes como Sembrando saberes en la plaza Samper Mendoza, busca aunar esfuerzos técnicos, científicos, financieros y administrativos para identificar los usos sostenibles de la biodiversidad y los saberes ancestrales, y así ayudar a la reactivación económica en las plazas de mercado distritales, empezando con la Samper Mendoza”, afirmó Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

    Esta identificación de usos y propiedades de la biodiversidad estará enfocada en el mercado itinerante de hierbas, que ocurre las noches de los días lunes, martes, jueves y viernes, cuando se congregan cerca de 300 comerciantes procedentes de diversas regiones del país.

    Según Ana María Garrido, investigadora del Humboldt, la plaza cuenta con una gran heterogeneidad de vendedores, tanto personas de Bogotá, campesinos de diferentes regiones del país, e indígenas del Tolima que comercializan hojas de envolver. “Es un sitio con muchos saberes ancestrales y diversas plantas de varios sitios del territorio nacional”.


    Foto 5: A la fecha, los expertos han identificado 310 especies de plantas comercializadas en la plaza. Crédito: Rizoma.


    Además de conocer la gran amalgama de plantas que se comercializan en este rincón del centro de la capital, el convenio pretende visibilizar a la plaza Samper Mendoza como uno de los tesoros bogotanos, algo que incluirá el conocimiento tradicional y la identidad de sus comerciantes.

    Con toda la información recolectada, las dos entidades elaborarán varios productos que a futuro beneficiarán a los comerciantes, como un catálogo de las plantas con mayor potencial comercial, las historias de vida de los vendedores y un diagnóstico de las principales cadenas de valor orientadas al turismo y la gastronomía.

    “Con esta colaboración entre el IPES y el Instituto Humboldt, pretendemos que la Plaza Distrital de Mercado Samper Mendoza se convierta en un piloto sobre cómo la biodiversidad y el arraigo cultural permiten potenciar el turismo y el patrimonio en Bogotá. Buscaremos que los aprendizajes de este proyecto se repliquen en otras plazas de distritales”, anotó el director de esa entidad.

    Catálogo de especies

    Un producto estrella de esta alianza entre el Humboldt y el IPES será un catálogo divulgativo con la información de 80 especies mayoritariamente nativas presentes en la plaza, un insumo que tendrá información sobre los usos, origen, estado de conservación y endemismos.

    “Estas especies serán escogidas a través de varios criterios establecidos por el Instituto Humboldt y los campesinos y comerciantes de la Samper Mendoza, un ejercicio que partirá de la investigación de todas las plantas y hierbas vendidas en este lugar”, afirmó Garrido.


    Foto 6: El Instituto Humboldt y el IPES dialogan con los comerciantes de la plaza para conocer sus historias de vida. Crédito: Rizoma.


    A la fecha, los expertos del Humboldt y el IPES han identificado 310 especies de plantas comercializadas en la plaza, una cifra que para la experta representa cerca del cuatro por ciento del total de plantas útiles registradas en Colombia.

    “En el país se han registrado cerca de 7.000 plantas catalogadas como útiles, de las cuales más de 300 están en la Samper Mendoza. Esta cifra demuestra que una pequeña manzana del centro urbano capitalino concentra una gran parte de la biodiversidad vegetal nacional”, precisó la investigadora del Humboldt.

    Del total de especies identificadas, 129 son nativas y 181 exóticas. Para Garrido, este número de plantas nativas es bastante significativo, ya que generalmente se conoce que las plazas de mercado albergan únicamente plantas aromáticas introducidas, como el orégano, la albahaca y el romero.

    “Otro de los hallazgos biodiversos preliminares que hemos encontrado en los recorridos nocturnos en la plaza y en la revisión de fuentes secundarias fue la presencia de tres especies endémicas o únicas del territorio nacional: el borrachero, el guasquín y la mazorca de agua”, dijo Germán Torres, uno de los botánicos que está participando en la investigación.


    Foto 7: Esta alianza busca crear un mapa sobre la ruta que hacen las plantas hasta llegar a la plaza. Crédito: Rizoma.


    Según Torres, el guasquín es una planta que se encuentra en los departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Meta y Santander, en sitios entre los 1.800 y 4.000 metros sobre el nivel del mar, que es utilizada para curar la inflamación, úlceras, forúnculos y la faringitis.

    Por su parte, la mazorca de agua, que se encuentra en Cundinamarca, es usada como medicina para dar tratamiento a enfermedades infecciosas. El borrachero es aprovechado para tratar problemas relacionados con el aparato respiratorio y fue una planta sagrada para diferentes culturas indígenas.

    En la plaza no solo se venden plantas que fueron cultivadas por los campesinos y citadinos; se han encontrado una gran cantidad de especies silvestres, lo que demuestra que este tipo de plantas están contribuyendo a la economía de la capital del país.

    Las voces de la plaza

    Durante los seis meses que durará el convenio, el Instituto Humboldt y el IPES dialogarán con los comerciantes para conocer sus historias de vida, relatos que serán difundidos a través de las redes sociales y canales de comunicación de ambas entidades.

    “El ideal es exaltar las historias de vida de los personajes más icónicos de esta plaza bogotana. Realizaremos entrevistas con diferentes personas para escuchar sus voces y seleccionar algunas que divulgaremos en video, historietas o fotorreportajes”, precisó Alejandra Osejo, investigadora del Humboldt.


    Foto 8: Los comerciantes de la plaza son los protagonistas en este estudio de biodiversidad liderado por el Humboldt y el IPES. Crédito: Rizoma.


    En los primeros trabajos sociales, los investigadores han evidenciado que las plantas de la plaza provienen de por lo menos 33 municipios del país, un dato preliminar que será estudiado a profundidad durante los próximos meses.

    De los 300 vendedores que trabajan en el mercado itinerante de hierbas, 37 son nativos de Bogotá. Según ambas entidades, muchos de ellos recolectan las plantas en los cerros orientales, cerca de los caños y ríos, potreros abandonados o jardines y huertas urbanas.

    El componente social del convenio también busca identificar el viaje que realizan las diferentes plantas hasta que son vendidas en la plaza, un trabajo que se basará en la creación de un mapa con la ayuda de las comunidades para que los comerciantes cuenten de dónde vienen las plantas que comercializan y si son de clima cálido, templado o frío.

    “Para conocer esta ruta ya instalamos un panel en la plaza para que los comerciantes nos cuenten de dónde vienen las plantas que comercializan y si son de clima cálido, templado o frío”, anotó Osejo.

    Los comerciantes contarán con información de primera mano para potenciar las plantas que venden en la plaza. Para esto, el Humboldt y el IPES trabajan en el diagnóstico de cuatro cadenas de valor: gastronomía, coctelería y bebidas con hierbas, turismo cultural y salud y bienestar.


    Foto 9: En varios paneles instalados en la plaza, los comerciantes cuentan de dónde vienen las plantas que comercializan. Crédito: Rizoma.


    “Vamos a mirar cómo las diferentes especies que identificamos en el catálogo de plantas pueden tener un potencial en las cadenas de valor, algo que permitirá atraer nuevos clientes a la plaza en el futuro. El IPES priorizó el sector de gastronomía, por lo cual trabajaremos con diversos actores estratégicos”, enfatizó el director del Humboldt, Hernando García.

    Para el IPES, este convenio se convierte en la primera fase de una apuesta más ambiciosa que pretende seguir aprovechando el conocimiento sobre la biodiversidad del mercado de las hierbas de la Plaza Samper Mendoza.

    “El objetivo es poder replicar y escalar el diseño de nuevos productos, servicios y experiencias que beneficien a comerciantes de otras plazas de mercado a través de innovaciones en la gastronomía y el turismo de experiencias, una oportunidad más para seguir aportando a la reactivación de la economía de la ciudad”, recalcó Asprilla.

    Luz verde de la comunidad

    El movimiento en la plaza Samper Mendoza únicamente se da bajo la luz de la luna, horas de la noche y la madrugada donde los comerciantes ofrecen plantas y hierbas a los habitantes de Bogotá.

    Hacia las 5 de la mañana, cuando venden los productos, algunos comerciantes regresan a sus sitios de residencia como los municipios de Chipaque, San Antonio de Tequendama, Tenjo, Tabio y Chía.

    Socializar los objetivos del convenio con el IPES durante las horas laborales de los vendedores era una de las mayores preocupaciones para los funcionarios de ambas entidades, ya que entendían el cansancio y el corre corre que viven en las madrugadas.


    Foto 10: El ideal es replicar este piloto de biodiversidad en las otras plazas distritales de Bogotá. Crédito: Rizoma.


    “Realizar un taller con toda la comunidad en esas horas era algo imposible. Por eso pensamos en otras formas para que conocieran el proyecto, como llegar a cada uno de los puestos para contarles de qué se trataba la iniciativa sin afectar su trabajo”, recuerda Osejo.

    Dos carritos con tintos, aromáticas, arepas y empanadas, fueron los mecanismos para “llegarle” a la gente de la plaza. “A cada vendedor les contamos los alcances del proyecto y les entregamos postales con frases como ‘todos somos sembrando saberes’. Les tomamos fotos con una cámara polaroid y se las pegamos en las postales para que se identificaran como parte de la iniciativa”.

    Sumado a esto, los investigadores instalaron paneles con diferentes aspectos y preguntas sobre la iniciativa por toda la plaza y el mapa de la ruta de las hierbas. “Fue un ejercicio que nos abrió las puertas para entablar una relación cordial con la comunidad y así dar inicio a la cocreación del proyecto”, manifestó Garrido.


    Foto 11: Los comerciantes contarán con información de primera mano para potenciar las plantas que venden en la plaza. Crédito: Rizoma.


    A varios comerciantes se les está entregando unas bitácoras para que escriban relatos como los recuerdos especiales con las plantas, la rutina en la plaza y una receta de cocina. Con esto se busca publicar una serie de crónicas con las historias de sus comerciantes.

    Todos los lunes y jueves de los próximos meses, en horas de la madrugada, los funcionarios del Humboldt y el IPES estarán en la plaza Samper Mendoza trabajando mancomunadamente con los vendedores en los diversos productos del convenio, el cual terminará a finales de junio.

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    Entre el 30 de abril y el 3 de mayo: ¡A reportar la biodiversidad colombiana sin poner en riesgo su salud!

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 13 de abril de 2021

    Entre el 30 de abril y el 3 de mayo: ¡A reportar la biodiversidad colombiana sin poner en riesgo su salud!




    Habitantes de seis ciudades de Colombia participarán en el City Nature Challenge, reto naturalista que tiene como objetivo reportar la biodiversidad urbana. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).




    En 2016, la Academia de Ciencias de California y el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles dieron marcha al City Nature Challenge, un evento concebido para que la población reporte la biodiversidad que habita en las ciudades en las plataformas de ciencia ciudadana, como Naturalista (https://colombia.inaturalist.org/).

    El primer City Nature Challenge fue realizado únicamente en las ciudades estadounidenses de Los Ángeles y San Francisco, donde más de 1.000 personas registraron cerca de 1.600 especies de plantas y animales durante una semana.

    “Fue tanta la emoción e interés de personas de otras ciudades que decidimos que no podíamos quedarnos con esta diversión solo para dos sitios. Por eso, en 2017 el Reto Naturalista Urbano se hizo en todos Estados Unidos y en 2018 se convirtió en un evento internacional”, informaron los creadores de este evento anual de ciencia participativa.


    Colombia es el país con mayor cantidad de especies de aves en el mundo. Estos animales son los que más registran los ciudadanos en las plataformas de ciencia participativa. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Más de 17.000 personas de 68 ciudades participaron en el primer City Nature Challenge internacional de 2018, quienes realizaron más de 441.000 observaciones de 18.000 especies, de las cuales 599 fueron catalogadas como raras, en peligro o amenazadas. Bogotá fue la primera ciudad colombiana en unirse al encuentro de biodiversidad mundial.

    En 2019, el evento superó las expectativas al reunir 35.000 personas de 159 ciudades, ciudadanos que publicaron en la plataforma Naturalista más de 963.000 observaciones de 31.000 especies. En esta ocasión, la cuota colombiana estuvo a cargo de Bogotá y Medellín.

    La pandemia del coronavirus puso en aprietos a la cita anual con la biodiversidad en 2020, debido a las cuarentenas obligatorias decretadas a nivel mundial. Sin embargo, los organizadores decidieron realizarlo sin poner en riesgo la salud de los ciudadanos con el llamado a hacer registros desde las ventanas de las viviendas o en sitios donde no corrieran riesgo de contagio.


    Habitantes de más de 400 ciudades del planeta participarán en el City Nature Challenge de este año. Foto: John Bernal (Instituto Humboldt).


    “A la luz de la covid-19 hicimos algunas modificaciones en Reto Naturalista Urbano de 2020 para ayudar a mantener seguros a nuestros organizadores y participantes, como convertirlo en una colaboración y no una competencia. Las personas documentaron de forma segura la biodiversidad de cualquier forma que pudieran, incluso desde la seguridad de sus propios hogares”, informaron los creadores del evento.

    La crisis sanitaria no desmotivó a la población mundial. Todo lo contrario, ya que las cifras de participación siguieron en aumento: más de 41.000 personas de 244 ciudades registraron 815.000 observaciones de 32.000 especies. Habitantes de Cali y Pereira hicieron parte del ejercicio biodiverso.

    Seis ciudades colombianas

    Aunque el coronavirus sigue causando estragos en el planeta, este 2021 se realizará una nueva versión del City Nature Challenge entre el viernes 30 de abril y el lunes 3 de mayo, con el anuncio de los resultados el 10 de mayo.

    “Hemos decidido continuar con el City Nature Challenge según lo programado, pero instamos a todos los participantes a seguir las pautas de salud pública proporcionadas por los gobiernos locales. La seguridad individual y la salud pública son nuestra máxima prioridad”, informaron la Academia de Ciencias de California y el Museo de Historia Natural.


    Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo. Cada día son más los ciudadanos que ayudan a estudiar los recursos naturales a través de los reportes que publican en las plataformas de ciencia ciudadana. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Cerca de 41.000 personas de 400 ciudades de los seis continentes ya se inscribieron en el reto urbano de este año, seis de las cuales son colombianas: Bogotá, Bucaramanga (Santander), Cali (Valle del Cauca), Florencia (Caquetá), Pereira (Risaralda) y el Valle de Aburrá (Antioquia).

    El Instituto Humboldt, encargado de postular a Bogotá y acompañar a las demás ciudades participantes, apoyará a varios grupos comunitarios y entidades ambientales en el desarrollo del evento durante los cuatro días.

    “Antes de la pandemia, para el Reto Naturalista Urbano seleccionábamos varios sitios en la ciudad y hacíamos una convocatoria masiva de observadores. Este año, el llamado principal es a cuidarnos”, dijo Carolina Soto, líder de la línea de diálogo de saberes y ciencia participativa del instituto.


    Debido a la pandemia del coronavirus, el autocuidado debe ser el protagonista durante los cuatro días del City Nature Challenge. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Los naturalistas y amantes de la naturaleza de las seis ciudades colombianas que participen en este encuentro de biodiversidad deben ser conscientes que la prioridad debe ser el autocuidado y el cumplimiento de todos los protocolos de bioseguridad.

    “Los participantes deben evitar realizar los avistamientos de forma masiva. Lo más recomendable es reportar la biodiversidad desde la ventana o en sitios cercanos a las viviendas, pero si deciden asistir a uno de los ecosistemas urbanos como los humedales, es mejor hacerlo en familia o en grupos muy pequeños, todos cumpliendo con las recomendaciones sanitarias”, precisó Soto.

    La pandemia hizo cambiar la organización de este evento en la capital del país. Según Soto, en las pasadas jornadas la Fundación Dodo (liderada por Maritta Lozano), el Grupo Ecomunitario (Juan Carlos Caicedo), la Fundación Humedales, la Fundación Cerros de Bogotá, el Gimnasio Femenino, Colegio de la Salle, Colegio Hacienda los Alcaparros, el Museo de Ciencias de la Universidad del Bosque, la Universidad Javeriana (Facultad de Ecología), el Museo de historia Natural de la Universidad Nacional , la Universidad Distrital, la Secretaría de Ambiente, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, el Jardín Botánico, y el Humboldt, hacían diversos eventos con la comunidad para realizar observaciones con la ciudadanía.


    Ciudadanos de Bogotá, Bucaramanga, Cali, Florencia, Pereira y el Valle de Aburrá participarán en el Reto Naturalista Urbano de este año. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Este año decidimos no realizar estos eventos ni seleccionar los lugares para evitar las aglomeraciones. Lo que hacemos es invitar a las personas para que participen, pero sin poner en riesgo a nadie, al igual que capacitar de manera virtual a la gente para que aprenda a manejar la plataforma Naturalista, donde se reportan las observaciones”.

    Durante los cuatro días del reto urbano 2021, el Instituto Humboldt se encargará de ayudar a divulgar los resultados registrados en Naturalista en tiempo real a través de sus redes sociales, tanto en Bogotá como en las otras cinco ciudades. “Lo que hacemos como instituto es motivar a la ciudadanía para que participe, pero de forma responsable”.


    Los ciudadanos podrán hacer sus observaciones de biodiversidad desde las ventanas o en sitios cercanos a sus viviendas. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Para Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt, una de las mejores formas para estudiar la biodiversidad es conectar a la ciencia con las comunidades, un ejercicio que se fortalece con ejercicios como el Reto Naturalista Urbano y el Global Big Day.

    “Todos los registros de la biodiversidad publicados por la ciudadanía en las plataformas le permiten al público experto y no experto conocer más sobre las especies y poder contribuir a generar información que pueda aportar a la toma de decisiones. Los reportes ciudadanos y la ciencia al alcance de todos son de suma importancia para seguir estudiando la biodiversidad”.

    Así puede participar

    Según Soto, los habitantes de Bogotá, Bucaramanga, Cali, Florencia, Pereira y el Valle de Aburrá son los únicos que podrán participar en el City Nature Challenge de Colombia, ya que fueron los sitios que se inscribieron.

    “Participar es bastante sencillo. El primer paso es descargar la aplicación de iNaturalist desde la AppStore o Google Play, para así crear una cuenta propia y registrarse. “Luego hay que agudizar los sentidos para encontrar vida silvestre en sitios cercanos a las viviendas, como plantas, animales, hongos o cualquier otra evidencia de vida, como huellas por ejemplo”.


    El City Nature Challenge es un evento enfocado en documentar la vida silvestre presente en las ciudades a través de la plataforma Naturalista. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Con los celulares o cámaras profesionales, los observadores pueden fotografiar sus hallazgos biodiversos y subirlos a la plataforma. “Toda esta información debe ser publicada en su cuenta de Naturalista, donde un proyecto sombrilla que se abre el 30 de abril y se cierra el 3 de mayo medirá los reportes y facilitará hacer la curaduría a las especies, con ayuda de Naturalistas expertos como Mateo Hernández, uno de los mayores curadores de Naturalista, y los observadores de los grupos comunitarios”.

    Cada vez que uno de los reportes de las seis ciudades que participan en el reto es publicado en la plataforma, por la ubicación geográfica se adhiere al proyecto macro. “El ciudadano no tiene que hacer nada difícil, solo publicar su reporte. Incluso si alguna persona que no sabe del evento y hace una observación en las ciudades colombianas del reto, participa”.


    Los participantes del City Nature Challenge deben acatar todos los protocolos de bioseguridad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En Bucaramanga, los encargados de liderar este evento de 2021 son: Jardín Botánico Eloy Valenzuela, Asociación Colombiana de Ciencias Biológicas Bucaramanga, Sociedad Ornitológica del Nororiente Andino, Colegio Reggio Amelia, Biótica consultores Ltda. y las alcaldías de Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Floridablanca.

    Jorge Enrique Mogollón Moreno es el líder en Cali; en Florencia estarán la Corporación Universitaria Minuto de Dios, Universidad Surcolombiana y la Asociación de Grupos Ambientales de El Pital; en Pereira la Universidad Tecnológica de Pereira y la Facultad de Ciencias Ambientales; y en el Valle de Aburrá el Jardín Botánico de Medellín, Parque de la Conservación, Parque Explora, Corporación Parque Arvi, Universidad Ces, Universidad Eafit y LaSavia-Jardinería & Botánica.


    Los humedales son algunos de los ecosistemas que más recorren los ciudadanos para observar su biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    No corra riesgos

    El Instituto Humboldt le hace un llamado a los habitantes de estas seis ciudades para que participen en el reto de biodiversidad urbana en Colombia, pero sin olvidar que la prioridad debe ser cuidar su salud.

    Es mejor evitar ir en grupos grandes a recorrer los ecosistemas urbanos. Lo más recomendable es hacerlo en familia, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad como el uso de tapabocas, guardar la distancia y la desinfección de manos. El autocuidado debe estar presente siempre.


    El Instituto Humboldt recomienda recorrer los principales ecosistemas urbanos en grupos pequeños y acatar los protocolos de bioseguridad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En el caso de quedarse en casa durante el reto, los ciudadanos pueden registrar la biodiversidad que ven desde la ventana o la puerta de sus viviendas. “Es impresionante toda la naturaleza que nos rodea y que casi nunca apreciamos. Si agudizamos nuestros sentidos aparecerán estos hallazgos. Esta es la mejor forma de participar en el reto y no arriesgar nuestra salud”, dijo Soto.

    La experta precisa que todos los reportes deben ser de la vida silvestre, es decir no sobre los animales domésticos como perros y gatos. “Además de animales y plantas silvestres, los ciudadanos pueden publicar hallazgos como huellas”.


    Durante los cuatro días del City Nature Challenge, el Instituto Humboldt reportará cifras de las observaciones de biodiversidad publicadas por la ciudadanía. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


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    Así afectó el confinamiento por la pandemia los registros de biodiversidad de los ciudadanos en Colombia

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 10 de abril de 2021

    Así afectó el confinamiento por la pandemia los registros de biodiversidad de los ciudadanos en Colombia




    El Instituto Humboldt analizó los datos biodiversos publicados por los colombianos en dos plataformas de ciencia ciudadana durante los días de la cuarentena más estricta. Foto: cortesía Cristian Flores.




    La pandemia de la covid-19 pareció aumentar la conciencia pública mundial sobre la biodiversidad y la importancia de su monitoreo. Durante los confinamientos estrictos, los ciudadanos reportaron imágenes sorprendentes de mejoría en el estado de algunos ecosistemas y de animales transitando con calma por zonas urbanas, aparentemente debido a la ausencia humana.

    Colombia no fue la excepción. La ciudadanía inundó las redes sociales con fotografías y videos que dejaron perplejo a más de uno, como de playas de Santa Marta y Cartagena con aguas cristalinas y delfines, zorros deambulando por Bogotá, osos mieleros por las carreteras y un revoloteo de aves; sin embargo, aún queda la duda de si estos hallazgos fueron resultado de cambios en los comportamientos de la fauna o de los observadores.

    Varios de estos hallazgos fueron publicados en las dos plataformas más usadas de ciencia ciudadana sobre biodiversidad en el país: Naturalista y eBird, sitios que se han convertido en los espacios ideales para que los científicos ciudadanos hagan sus aportes para ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad nacional.


    Debido a las restricciones de la cuarentena, los ciudadanos reportaron la biodiversidad desde sus ventanas o en sitios cercanos a sus viviendas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En los últimos años, las plataformas de ciencia ciudadana han permitido acumular grandes cantidades de datos en lugares restringidos para muchos expertos, un panorama que ha permitido responder preguntas, apoyar la toma de decisiones e incluso describir especies hasta ahora desconocidas para la ciencia o que se creían extintas.

    Once investigadores del Instituto Humboldt se dieron a la tarea de analizar los reportes publicados por los colombianos en ambas plataformas para averiguar si estos datos permitirían describir los efectos de la ‘antropopausa’ en la biodiversidad del país, es decir durante la primera cuarentena estricta del año pasado para combatir la pandemia del coronavirus.

    “Comparamos la distribución de registros según la huella humana, los comportamientos de muestreo y la composición de especies en ambas plataformas durante la fase más estricta del confinamiento por covid-19 en 2020 y los mismos períodos entre 2015 y 2019”, cita el artículo publicado en la revista Biological Conservation.

    Lina María Sánchez Clavijo, Sindy Martínez Callejas, Orlando Acevedo Charry, Angélica Díaz Pulido, Bibiana Gómez Valencia, Natalia Ocampo Peñuela, David Ocampo Rincón, María Helena Olaya Rodríguez, Juan Carlos Rey Velasco, Carolina Soto Vargas y Jose Manuel Ochoa Quintero, fueron los encargados de analizar los registros ciudadanos en ambas plataformas.

    “Antes de usar estos datos para probar hipótesis sobre el impacto de las actividades humanas en nuestro ambiente, debemos tener en cuenta los efectos del confinamiento en el comportamiento de los observadores que contribuyen con sus registros a las plataformas”, dice el artículo.


    El humedal Córdoba en Bogotá alberga la mayor cantidad de especies de aves. Fue uno de los sitios más observados desde la ventana durante la cuarentena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Inicia el análisis

    El estudio del Instituto Humboldt inició con el análisis de los registros publicados en Naturalista y eBird durante la cuarentena estricta y obligatoria en Colombia, del 24 de marzo al 11 de mayo del año pasado, cuando se cerraron fronteras internacionales, cancelaron viajes nacionales y estuvo completamente restringida la circulación de personas y vehículos.

    “Los datos de Naturalista provienen del proyecto “Naturalistas Urbanos desde Casa (NUC), un bio-blitz llevado a cabo entre el 25 de marzo y 25 de abril que invitó a las personas a registrar la biodiversidad alrededor de sus hogares durante el confinamiento preventivo”, afirman los investigadores.

    Para la plataforma eBird, la más importante para reportar observaciones de aves, los expertos tomaron como base los datos recolectados durante el Global Big Day, un evento anual que en 2020 coincidió con la fase más estricta del confinamiento en Colombia, por lo cual muchos observadores de aves debieron pajarear desde sus casas.


    Durante el mes más estricto de la cuarentena del año pasado, 1.146 ciudadanos publicaron 8.734 registros de biodiversidad en la plataforma Naturalista. Foto: cortesía Cristian Flores.


    “El Global Big Day ha sido muy publicitado desde 2017, lo que ha generado niveles de participación que superan a cualquier otro evento de ciencia ciudadana en Colombia. Este aumento en la participación conduce a picos anuales para la participación en eBird en términos de número de listas de chequeo, registros, observadores, cobertura de sitios y especies”.

    Durante el mes más estricto de la cuarentena del año pasado, 1.146 ciudadanos publicaron 8.734 registros de biodiversidad en la plataforma Naturalista. Durante el Global Big Day, 2.574 observadores de aves enviaron 7.699 listas de chequeo.

    Aunque los investigadores catalogaron esta participación como sustancial, los análisis mostraron disminuciones comparados con años anteriores en Naturalista, ya que, en el mismo periodo de 2019, esta plataforma registró en Colombia 2.372 participantes con 20.674 observaciones.

    Todo lo contrario ocurrió con los “pajareros” en eBird, ya que en el Global Big Day de 2019 participaron 2.313 observadores de aves, quienes enviaron 7.173 listas de chequeo.


    Las aves son los animales que más reportan los ciudadanos en las plataformas de ciencia ciudadana. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Alta participación en zonas transformadas

    Las observaciones en Naturalista y las listas en eBird están georreferenciadas, lo que les permitió a los investigadores cuantificar el grado de perturbación asociado a los lugares donde se hicieron los registros.

    “Mapeamos estos puntos y extrajimos su valor correspondiente de una capa de Índice de Huella Humana, que combina el uso del suelo, densidad de población rural, distancia a las carreteras y asentamientos, fragmentación de la vegetación natural, entre otros”.

    La mayoría de registros durante la cuarentena de 2020 provino de zonas urbanas o altamente transformadas. El análisis del Humboldt mostró menos observaciones en áreas menos impactadas, como las del oriente de Colombia.

    “En ambas plataformas, las observaciones realizadas en 2020 provinieron de lugares con niveles altos de transformación humana. Sin embargo, el cambio entre 2019 y 2020 fue mucho más drástico en los registros de eBird que en los de Naturalista”, cita el artículo.

    Baja en la cantidad de especies

    El número de especies reportadas por los ciudadanos durante la cuarentena estricta de 2020 registró una baja considerable, en especial en la plataforma Naturalista.

    “Los científicos ciudadanos contribuyeron registros de 1.292 especies durante la cuarentena en Naturalista, es decir 34 por ciento menos que las reportadas en 2019. Sin embargo, fue un 11 por ciento más que en 2018”.


    Durante el Global Big Day de 2020, 2.574 observadores de aves enviaron 7.699 listas de chequeo. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La disminución de especies en eBird fue menos notoria. En el día analizado de 2020, los “pajareros” registraron 1.435 especies de aves, un 9 por ciento menos que el número de 2019.

    El análisis también arrojó una disminución en el número de especies amenazadas y endémicas reportadas entre 2019 y 2020. Para Naturalista, las amenazadas pasaron de 112 a 27 y las endémicas de 257 a 109. En eBird, este panorama fue de 154 a 129 especies amenazadas y de 56 a 47 endémicas.

    Es muy probable que estas disminuciones en la cantidad de especies reportadas en ambas plataformas se deban tanto al sesgo por zonas altamente intervenidas en los muestreos, como a disminuciones en el esfuerzo o cambios en el comportamiento de los observadores.

    Por ejemplo, en Naturalista los investigadores encontraron que menos participantes registraron más de cinco observaciones de biodiversidad durante el confinamiento con respecto al mismo período durante 2019.

    Los usuarios de eBird, hicieron listas más cortas y cambiaron su estrategia de muestreo de conteos en recorridos a conteos estacionarios.

    ¿Qué dicen los resultados?

    Entre los principales hallazgos del estudio están que los registros de biodiversidad en las plataformas de ciencia ciudadana se concentraron en regiones altamente transformadas y que se presentaron menores esfuerzos en el muestreo.

    “Aunque algunos lugares remotos fueron muestreados en 2020, evidenciamos un fuerte cambio hacia la observación de aves en áreas urbanizadas en respuesta al confinamiento, algo que coincide con el patrón general encontrado para los datos de eBird durante abril en otras regiones del mundo”.


    Aunque la participación ciudadana durante la cuarentena fue sustancial, los análisis mostraron disminuciones comparados con años anteriores. Foto: cortesía Jorge Muñoz.


    Para los investigadores, muchos observadores de aves probablemente optaron por seguir la recomendación de hacer sus listas desde casa, reduciendo el alcance espacial de los datos para 2020 en comparación con años anteriores.

    A los expertos no les sorprendió encontrar menos especies amenazadas y endémicas en las muestras de 2020, ya que estas generalmente tienen menor detectabilidad y rangos geográficos reducidos.

    “Por ejemplo, todas las aves endémicas detectadas durante el Global Big Day de 2019 y no durante 2020 solo se pueden encontrar en localidades de difícil acceso en la Sierra Nevada de Santa Marta, Valle de Magdalena, costa noroeste del Pacífico y Parque Nacional Munchique”.

    Según los científicos del Humboldt, estos datos de ciencia ciudadana complementan los estudios de biodiversidad realizados por universidades e institutos de investigación en regiones naturales y vírgenes.


    Algunos de los resultados que arrojó el estudio en las plataformas de ciencia ciudadana de los investigadores del Instituto Humboldt.


    “Los conjuntos de datos proporcionados por iniciativas de ciencia ciudadana son un gran complemento para estudiar el impacto de la huella humana en las especies comunes y adaptadas a perturbaciones. Sin embargo, todavía existen dificultades tecnológicas asociadas con el uso de plataformas digitales en las regiones rurales, por lo cual necesitamos idear nuevas estrategias para involucrar personas en estas áreas para participar de manera más constante”.

    En el artículo recomiendan fomentar una mayor diversidad de actores para crear proyectos que ayuden a responder preguntas ecológicas relevantes en los procesos de toma de decisiones. “Hay que promover mejores prácticas para recopilar, curar, procesar, analizar e interpretar datos de ciencia ciudadana”.

    Por último, los 11 expertos precisan que, para aumentar el potencial de la ciencia ciudadana para monitorear especies raras o áreas naturales, se requiere construir y fortalecer redes más diversas de observadores que puedan promover aún más la descentralización, democratización y efectividad en la investigación y monitoreo de la biodiversidad en Colombia.
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    Carne de monte: la única alternativa que tienen muchas comunidades rurales e indígenas para sobrevivir

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 08 de abril de 2021

    Carne de monte: la única alternativa que tienen muchas comunidades rurales e indígenas para sobrevivir.




    Muchas comunidades del país no tienen más opción que obtener alimento de la fauna silvestre. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).




    Partes de babillas, tortugas y lapas son exhibidas en carretillas en algunas de las más de 20 casetas con techos de lata de la plaza de mercado El Paujil, ubicada a lo largo de una calle polvorienta de la ciudad amazónica de Inírida, capital del departamento de Guainía.

    Los dueños de los restaurantes situados al frente de la plaza figuran entre los principales clientes de la carne de monte, materia prima con la que preparan platos gastronómicos que hacen parte de la idiosincrasia de las comunidades indígenas.

    La venta de carne de estos animales silvestres inicia en lo más profundo de la selva, donde los indígenas los cazan para luego transportarlos en canoas y embarcaciones de pequeño porte por las aguas negras y carmelitas de ríos como Guainía y Guaviare.


    En la plaza de mercado El Paujil, ubicada en Inírida, se venden varios animales silvestres que han sido consumidos tradicionalmente por las comunidades indígenas. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Las embarcaciones terminan su largo viaje en el muelle de Inírida, donde los indígenas urbanos y rurales negocian los precios de la fauna silvestre, que también incluye peces como mojarras, bagres, yamus, sierras, palometas, bocachicos, amarillos y cachamas.

    A simple vista pareciera que este rústico lugar realiza una actividad ilegal, ya que la normatividad ambiental prohíbe la comercialización, tenencia y transporte de los ejemplares de la fauna silvestre. Pero no es así. La plaza de El Paujil está ubicada dentro del resguardo indígena del mismo nombre, por lo cual es un territorio que se rige por la legislación especial y propia de los indígenas, que permite la caza de la fauna silvestre para su consumo y sustento.

    Este consumo de carne de monte no es exclusivo de las tierras del Guainía. Para muchas comunidades de las zonas más apartadas y remotas del territorio colombiano, la fauna silvestre es la única opción que tienen para sobrevivir, debido a la pobreza extrema y a la falta de otras alternativas.


    La carne de babilla es uno de los productos más consumidos por los habitantes de la ciudad de Inírida. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Según Carlos A. Lasso, investigador del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, el hambre y las necesidades en ciertas regiones del país no les dan otra opción a sus pobladores que hacer uso de la fauna silvestre.

    “En el caso de los indígenas, el consumo de carne de animales silvestres hace parte de su historia y planes de vida, viene de sus ancestros e incluso forma parte de la cosmovisión. En otras comunidades, la carne de monte es en muchos casos, la única oferta que tienen para obtener algo de proteína, es decir que su cacería es un método de subsistencia. Este es un tema álgido que aún requiere de mucha investigación y articulación”.

    Punto de partida

    La cacería y pesca son las fuentes más frecuentes de proteína en las dietas de las comunidades rurales, una actividad que, a consideración de Lasso, no es mutuamente excluyente sino complementaria.

    “La carne de monte es considerada un recurso determinante de las condiciones de seguridad alimentaria, la cual es obtenida tanto a través de la extracción directa como por medio de actividades comerciales”.

    Sin embargo, Lasso indica que la métrica de la magnitud o el cálculo de las contribuciones de la carne de monte a las condiciones del bienestar, es aún bastante incipiente en el país, al igual que cifras robustas sobre los volúmenes de especies y el efecto que arroja el uso sobre poblaciones de fauna a diferentes escalas.


    Un estudio determinó que por lo menos 140 especies de la fauna silvestre son objeto de caza para las comunidades rurales. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt). Ante los vacíos que hay en el país sobre el consumo ancestral de las especies de fauna en las zonas rurales, el Instituto Humboldt elaboró el documento “Carne de monte y seguridad alimentaria: bases técnicas para una gestión integral en Colombia”, que compila la información contenida en varios estudios y análisis sobre el tema.


    A partir de la revisión y análisis de 53 estudios sobre uso de vertebrados silvestres, publicados entre 2001 y 2011 y su mayoría con datos en la región Andina, los investigadores estimaron cuáles son las especies más consumidas en las zonas rurales colombianas.

    Según el análisis, liderado por Nancy Vargas Tovar, contratada por el Instituto Humboldt como consultora para el estudio, 140 especies de la fauna silvestre son objeto de caza por las comunidades rurales. “Sin embargo, de 58 especies no se tiene información sobre el aporte de biomasa ni número de individuos cazados”.


    Tortugas como la hicotea hacen parte de la carne de monte que es consumida por varias comunidades del país. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    El grupo de los mamíferos es el más consumido en la ruralidad colombiana (45 por ciento), seguido por las aves (23 por ciento), peces (19 por ciento), reptiles (11 por ciento), anfibios (1 por ciento) y crustáceos (1 por ciento).

    Las especies más consumidas en términos de número de individuos son: Cuniculus paca (tinajo, borugo, lapa, guagua o conejo), Dasyprocta fuliginosa (picure, guatín, ñeque, chaqueto), Tayassu pecari (manao, puerco de monte, tatabro, cafuche), Dasypus novemcinctus (armadillo, guerre jerre, cachicamo), Iguana iguana (iguana), Ramphastos tucanus (tucán, paletón), Amazona farinosa (loro), Podocnemis expansa (tortuga charapa) y Sciurus granatensis (ardilla).

    Las comunidades de la Amazonia y el Pacífico son las que más consumen estos animales silvestres (129 especies). “Esto está relacionado con la diversidad de presas que hay de manera natural en el medio ambiente y al grado de la biomasa de los animales. Por ejemplo, al haber pocas biomasas el cazador tarda en buscar la mayor variedad posible, como monos y pájaros en lugar de una danta”, dice Lasso.


    Los mamíferos son el grupo de la fauna silvestre más consumido en la ruralidad colombiana. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Le siguen la región Andina (100 especies), Orinoquia (78 especies) y Caribe (25 especies). “Hay que precisar que la región Andina incluye gran parte del piedemonte amazónico y orinoquense, además del Magdalena-Chocó. Es decir que estas especies no son solo del altiplano a grandes alturas”, anota el investigador del Humboldt.

    Siete especies concentran los mayores registros de captura para la región amazónica: Cuniculus paca (lapa), Dasyprocta fuliginosa (guara), Podocnemis expansa (tortuga charapa), Podocnemis unifilis (taricaya), Chelonoidis denticulata (motelo o morrocoy), Dasypus novemcinctus (armadillo) y Tayassu pecari (puerco de monte).

    La mayoría de las especies (75,1 por ciento) no está bajo alguna categoría de amenaza. Sin embargo, el análisis evidenció que 5,4 por ciento está en peligro crítico, 1,8 por ciento en peligro y 9,9 por ciento bajo la categoría de vulnerable.

    Tan solo cuatro estudios informaron sobre el consumo diario de carne de monte en Colombia, en especial mamíferos, aves y reptiles, el cual oscila entre los 0,08 y 0,73 kilogramos. Pero estas cifras cambian drásticamente en las poblaciones indígenas de la Amazonia, Orinoquia y Pacífico, que arrojaron valores entre los 15,4 y 78,7 gramos día por persona.


    El hambre y las necesidades no les dan otra opción a sus pobladores que hacer uso de la fauna silvestre. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Mucho camino por recorrer

    La carne de monte es un buen ejemplo de la relación existente entre biodiversidad, servicios ecosistémicos y bienestar humano. “Es un servicio de abastecimiento que se relaciona con la oferta de alimentos sanos y de alto valor proteínico, que además provee subproductos utilizados en prácticas medicinales y hace parte de las prácticas culturales y simbólicas”, dice el estudio.

    Sin embargo, el tema aún no ha sido abordado a profundidad en Colombia. Aunque organizaciones como la Fundación Tropenbos, Fundación Natura e Instituto Sinchi han trabajado en esta materia, los estudios orientados a entender la relación entre las prácticas de caza y la seguridad alimentaria son muy escasos.

    “La mayoría de estudios se restringen a presentar información sobre la captura de especies y descripciones de prácticas de uso en diferentes contextos geográficos y culturales. Este trabajo se reduce a diagnósticos de corto plazo que intentan caracterizar la caza con enfoques biológicos y está enfocado en sugerir propuestas de manejo para reducir la presión que pueda existir sobre la fauna silvestre por la cacería”, afirman los autores del estudio.


    Los estudios orientados a entender la relación entre las prácticas de caza y la seguridad alimentaria en Colombia aún son escasos. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    El desarrollo de estudios orientados a evaluar la sostenibilidad de la cacería en todas sus dimensiones y no solo a partir de la biológica, es bastante pobre. “El uso de carne de monte es una actividad que no ha sido suficientemente documentada ni analizada en el país, y no existe una línea de investigación que oriente conceptual ni metodológicamente el desarrollo de estudios”.

    Por ejemplo, algunos de los trabajos sobre el uso de fauna silvestre se han construido a partir de las experiencias propias de los investigadores y coinciden en la necesidad de reconocer el saber y conocimiento tradicional, de generar espacios de participación en igualdad de condiciones y desarrollar procesos no acelerados.

    Las acciones alrededor de temas de seguridad alimentaria y carne de monte han sido abordadas de manera parcial, sectorial y desarticulada. “El enfoque con el que se aborde un proceso de investigación debe ser sistémico, un punto de partida para entender mejor la relación entre biodiversidad y seguridad alimentaria”.


    El consumo de huevos de iguana verde es bastante alto en varios sitios de la región Caribe. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    En conclusión, la carne de monte y sus contribuciones a la alimentación de las comunidades son un valioso campo de estudio que todavía está en construcción.

    “Nos hace falta enriquecer los procesos de investigación enfocados en el entendimiento y monitoreo de las relaciones entre los animales silvestres y el bienestar humano, pero desde perspectivas amplias y de largo plazo que consideren el valor integral de la fauna como un servicio ecosistémico cultural y de aprovisionamiento. La articulación de instrumentos legales y normativos también es una prioridad para la gestión”.

    Según Lasso, uno de los principales ejercicios para comprender la estrecha relación que hay entre la carne de monte y la alimentación de las comunidades fue un taller regional realizado en 2012 por el Instituto Humboldt, la Universidad Nacional y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA) en la ciudad de Inírida.


    Las comunidades de la Amazonia y el Pacífico son las que más consumen animales silvestres. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “Por primera vez, nos sentamos a debatir con las comunidades de la Amazonia y Orinoquia colombo-venezolana sobre la búsqueda de alternativas de uso para la fauna silvestre en sus territorios, encuentro que contó con la participación de 64 personas locales y representantes de entidades”.

    Las comunidades concluyeron que es necesario generar información básica que permita conocer la historia natural de la fauna silvestre y comprender las dinámicas socioeconómicas y culturales de las comunidades. “Aseguraron que es fundamental generar información que permita aportar datos para la generación de políticas relacionadas con el manejo y conservación, seguridad alimentaria, aspectos sanitarios y fortalecer los procesos de gobernanza local. También concluyeron que es necesario reconocer la importancia del conocimiento tradicional en el desarrollo de investigaciones tanto de la historia natural de las especies como de los aspectos socioculturales asociados a la carne de monte”.

    A su vez, resaltaron la necesidad de considerar el conocimiento tradicional para identificar las causas y consecuencias del uso de carne de monte. “Necesitamos alianzas prácticas que rápidamente permitan construir unas bases de conocimiento de mejor calidad y que incorporen en la gestión el conocimiento de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos de Colombia y Venezuela”.


    El uso de carne de monte es una actividad que no ha sido suficientemente documentada ni analizada en el país. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Caza y pesca de subsistencia, prioridad este año

    Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Humboldt, anunció que este año serán revelados los principales resultados de una investigación sobre la caza y pesca de subsistencia en el norte de Sudamérica, en territorios de Colombia, Venezuela y Guyana.

    “Esta investigación, que será relevada en un libro elaborado por varios investigadores, parte de la carencia de información y datos publicados o disponibles existentes, sobre el aprovechamiento de la carne de monte y los aportes a la alimentación de las comunidades de la región”.


    Varias especies de tortugas hacen parte de la dieta de las comunidades indígenas y rurales del país. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


    Dicha publicación contará con estudios de casos puntuales y una síntesis y análisis de casos previos, para ver el aporte que realmente tienen las comunidades en cuanto a la pesca de subsistencia y la caza de fauna silvestre, “que para mí es una actividad que no es mutuamente excluyente sino que se realiza de manera complementaria de acuerdo a factores como el clima, las subiendas o migraciones de los peces, la precipitación y los recursos disponibles durante diferentes épocas del año ”, menciona Lasso.

    Los expertos ahondarán sobre el estado de la pesca y caza de subsistencia en las cuencas colombianas del Amazonas, Orinoco, Magdalena, Caribe y Pacífico en Colombia; las venezolanas del Orinoco-Golfo de Paria, Maracaibo, Cuyuní (Esequibo), Amazonas (Río Negro), Lago de Valencia y Caribe; y en la Guyana en varias regiones selváticas.


    Las comunidades consideran necesario reconocer la importancia del conocimiento tradicional en el desarrollo de investigaciones sobre la carne de monte. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    La publicación estará distribuida en 27 capítulos y una parte que concentrará las principales síntesis y recomendaciones. “Abordaremos temáticas relacionadas con la caza y pesca de subsistencia adelantada por indígenas, afrodescendientes y campesinos en los tres países, además de los acuerdos de uso y aprovechamiento de ciertas especies”, apunta Lasso.

    Tropenbos Colombia, Fundación Panthera Colombia, Fundación Omacha, Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico-CDA, Universidad Nacional, Instituto Sinchi, Sociedad Zoológica de Frankfurt y Parques Nacionales Naturales, son algunas de las entidades y organizaciones colombianas que harán parte de esta investigación.

    Venezuela estará representada por el Instituto Caribe de Antropología y Sociología y el Museo de Historia Natural de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Universidad Central de Venezuela y varios investigadores independientes.


    Este año, el Instituto Humboldt publicará una investigación sobre la caza y pesca de subsistencia en el norte de Sudamérica. Foto: Mónica Morales (Instituto Humboldt).


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